Revista AOA_16

Sala de Música 1972 / Music Room 1972.

1. EXTENSIÓN: Obras

Por Patricio Cáraves Silva

la Ciudad Abierta de Amereida, que también es su obra. Y, por ahora, sólo diremos que es el espacio abierto para dar hospitalidad. Queremos destacar el modo plural que utiliza Alberto Cruz para exponer sus trabajos y afirmaciones. Es la forma de lo colectivo que ha sabido crear y que ha llamado “la ronda”. Así, su invención primera ha sido conformar lo que él denomina “el nosotros”, desde el primer día de la constitución del Instituto de Arquitectura de la Universidad Católica de Valparaíso hasta el día de hoy, atravesando casi seis décadas ininterrumpidamente. Sala de Música, 1972 Ubicada en un meandro de la vega en la Ciudad Abierta de Ritoque, hoy es llamada Jardín de la Extensión, buscando refugio contra el ruido de la costa del Pacífico. Recinto edificado en un solo acto, en la premura, para cobijar en un interior la celebración de reunir en un quórum completo, que oye la música ejecutándose – música de vanguardia – como acto de gratuidad. La arquitectura conforma una luz central por medio de una caja de luz – linterna–, protagonista del espacio. Es un interior despejado, enteramente de madera. A este espacio holgado, sin divisiones, se puede acceder por alguna de sus tres puertas. Cada una de ellas es un gabinete de penumbra, para así retener y demorar el paso de la luz violenta del exterior a la luz temperada del interior. Recinto cerrado con muros – de membranas verticales, móviles– para temperarla acústicamente. Recinto a afinar según los requerimientos de cada vez. En este interior, cuando no está ejecutándose música, se da lugar a la mesa de todos, mesa fraterna del banquete. Mesa blanca, continua, de celebración, en común unidad, una vez por semana. Allí se recibe a los huéspedes previamente concertados, donde se les da la palabra con la que se ubican y miden.

Es de puño y letra de Alberto Cruz Covarrubias la afirmación siguiente: “La arquitectura es la extensión orientada que da cabida”. Si partimos de esta afirmación, declarada en la exposición a propósito de los veinte años de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Valparaíso, realizada en el Museo de Bellas Artes de Santiago en 1972, vemos que se desencadena un trabajo arquitectónico que se despliega abarcando. La invención de aunar vida, trabajo y estudio, convergencia que las potencia. Podemos ciertamente recorrer el trabajo arquitectónico de Cruz Covarrubias guiados y, aún más, iluminados por la afirmación antes enunciada. También es pertinente traer una advertencia dicha por el arquitecto: “Un modo de pensar la extensión orientada que da cabida con la poesía. ¿Por qué así? Porque la palabra es inaugural; lleva, da a luz, dice una “pietas” (Virgilio) o extensión. Así, la piedad es también la extensión abierta para hacer nuestro mundo, excede toda desilusión o esperanza y forma nuestro arbitrio”. Pero aún nos falta tener presente otra afirmación: “Afirmamos que la Arquitectura es un Arte. Conviene enseguida subrayar dos características de la Arquitectura considerada como Arte y sus consecuencias inmediatas. Una, es que ella da cabida y albergue a cualesquier oficio y artes humanos incluyendo al arquitecto. Otra, es que, simultáneamente con dar cabida, hace resplandecer en su obra la luz de ese coraje creador, propio de la condición humana”. El conjunto de afirmaciones libremente expuestas en textos, conferencias, clases, exposiciones, que constituyen su fundamento arquitectónico, se puede palpar y ver en las obras construidas. En esta ocasión pensamos que basta con traer a presencia sólo tres, levantadas en los terrenos de

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