“Lo visible no es -podríamos decir- unidimensional, sino multidimensional. Éstas son, una: que ve lo que nos envuelve y nos deja dentro, que ve lo que está ante. Otra: evoca lo ausente. Sea que evoque en estados suyos anteriores o venideros; sea que evoque otras cosas o formas cercanas o lejanas, aún las más distantes”. The visible is not –we could say– one-dimensional, but multidimensional. These are; one: that sees what surrounds us and leaves us inside, that sees what is before; another: Evokes the absent. Whether it is to evoke in one’s past or future states; whether it evokes other things near and far, even the most distant”.
La orientación es habitualmente una referencia respecto del transcurso del sol; por eso los planos de arquitectura señalan la relación de la obra respecto de éste como una información relevante para la compresión del proyecto. La extensión “orientada” refiere en este caso a una complejidad mayor, cual es que a las dimensiones habituales de construcción de largo, ancho y alto se introduce el concepto de lejanía, que se concretiza en la forma arquitectónica como construcción de una relación entre dos límites: el de la forma misma y su cerramiento y el encuentro de ésta (la forma) con la lejanía que no es cerramiento. Ambos límites son, por cierto, en el ámbito de lo visible. “Lo visible no es – podríamos decir – unidimensional, sino multidimensional. Éstas son, una: que ve lo que nos envuelve y nos deja dentro, que ve lo que está ante. Otra: evoca lo ausente. Sea que evoque en estados suyos anteriores o venideros; sea que evoque otras cosas o formas cercanas o lejanas, aún las más distantes” . (3) La extensión orientada “que da cabida”, por último, escapa a la concepción habitual de los ’ismos’ propios de la modernidad. La arquitectura es concebida habitualmente como acción que responde a determinados problemas con determinadas soluciones. Dar cabida, al contrario, es la manifestación en el espacio de un modo de habitar en permanencia, que acoge los actos de la vida proyectándolos en una trascendencia. Esta realidad se formula primeramente en el proyecto para la Capilla de los Pajaritos en 1952: “Para hacer esta Iglesia hubo que vadear una gran zona. La gran zona era este interrogarse: ¿Cómo debe ser la forma dentro de la cual se ora?”.
“En la Iglesia unos se arrodillan, otros doblan una rodilla, otros apenas se inclinan, los últimos soportan de pie las campanillas de la consagración. La Iglesia no es un estadio mirando a los atletas. Me sentía desnudo ante esta pregunta. Estaba extrañado de sentirme tan desnudo. Porque la ciudad se construye todos los días para el vivir de todos los días con los regalos que los grandes arquitectos nos han hecho”. Y agrega: “Cuando volví, comprobé las iglesias actuales habituales de Chile. Son unos interiores vacíos rodeados, circundados de un complicado juego de motivos arquitectónicos, pilares, bóveda, molduras, luces, ventanales, casetones, cuadros, adornos, miles de otros detalles. Juego que puede ser simplificado, estilizado, modernizado como se dice corrientemente. Y que estos interiores nada tienen que ver con lo que pretenden. Mejor es estar en ellos con ojos cerrados. Mirar las naves es casi igual a salir en el entreacto al foyer del teatro. Sus arquitectos no sabían, no saben cómo armar la arena del mar de la oración. No saben de la situación espacial. No saben de las circunstancias externas del hecho interno. ¿Hay menos hecho interno en los que sólo doblan una rodilla? Pensaba en los arquitectos góticos de Notre-Dame y me sentía más desnudo” . (4) Este ensayo busca abordar, desde la perspectiva que otorga el presente, cómo la definición de la arquitectura como “extensión orientada que da cabida” inaugura para ésta y la modernidad en América un nuevo modo de concebirse. Cada autor analiza uno de estos conceptos para expandirlos en su obra edificada, escrita y plástica.
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