Revista AOA_25

La solución técnica para crear una nueva fachada bajo la existente consistió en construir una gran viga perimetral de hormigón armado visto a la que se transmite el peso superior. También de forma temporal, toda la fachada se apoyó sobre una corona metálica circular, dado su escaso espesor. Una vez restaurada tal fachada, pasó a ser una especie de doble piel exenta de contacto directo con la nueva edificación, estableciéndose una pasarela metálica circular, atirantada mediante muelles y tensores, con una triple función: de atirantamiento propiamente dicho, de pasillo de evacuación contra incendios y de servicios, instalaciones y aprovisionamiento de insumos. El cuarto nivel se destinó a pista de footing. Although the old Plaza de Toros , abandoned in 1989, did not have considerable architectural value with its neo-Moorish style, it was clear that after more than a century occupying an outstanding location and therefore clearly etched in the citizens’ memory, its symbolic value made its preservation appropriate. Hence the architectural response from the very first drafts was meant to preserve it as a second external skin for the new building. However, preservation required great technical complexity: first, due to its evident physical deterioration, and secondly, to its peculiar placement, 4 m above the surrounding streets. Yet the technical effort was worth it in order to present a strong and uncommon cylindrical shape. The technical solution necessary to create a new facade under the existing one consisted of building an exposed concrete perimeter beam supporting the loads from above. Given its thinness the entire facade was also temporarily supported on a metal ring. Once this facade was restored, it became a free standing double-skin of sorts for the new building, a circular metal footbridge braced with springs and tensioners, with a triple function: bracing structure, fire evacuation and service corridor, duct tray support for installations. The fourth level was destined as a jogging track.

A pesar de que la antigua Plaza de Toros, en desuso desde 1989, no poseía un elevado valor arquitectónico desde su estilo neo- mudéjar, quedaba claro que tras más de un siglo enclavada en tan imponente ubicación se encontraba claramente grabada en la retina ciudadana, y su valor simbólico hacía conveniente su preservación. De ahí que la respuesta arquitectónica, ya desde los primeros trazos, se orientara hacia su mantenimiento, como una segunda piel exterior de la nueva edificación. Sin embargo, tal preservación comportaba una gran complejidad técnica: en primer lugar, por su deterioro físico evidente; y en segundo, por su extraño nivel, a 4 m de altura sobre las calles perimetrales. Pero el esfuerzo técnico valía la pena, a fin de presentar una forma cilíndrica contundente y atípica.

65

Made with FlippingBook Digital Publishing Software