18/INTERNACIONAL
el horizonte
Martes 16 de septiembre de 2025
ESTAS SON ALGUNAS DE LAS FIESTAS DE INDEPENDENCIA EN EL MUNDO
A lo largo del globo, existen muchas celebraciones de independencia, en su mayoría de imperios europeos como Gran Bretaña o España; sin embargo ninguna tiene un festejo protocolario similar a nuestro Grito de Independencia
Argentina – 9 de Julio (1816)
Estados Unidos – 4 de Julio (1776) • Cómo celebran:
India – 15 de Agosto (1947)
• Cómo celebran:
discursos políticos, desfiles militares y festivales populares con música y comida típica.
discursos patrióticos. El presidente suele dar un mensaje oficial.
• Cómo celebran: El
discurso a la nación. Hay desfiles culturales y patrióticos en todo el país.
Actos oficiales en Tucumán (donde se firmó el acta de independencia),
Fuegos artificiales masivos, desfiles, picnics, conciertos y
Primer Ministro iza la bandera en el Fuerte Rojo de Delhi y da un
Chile – 18 de Septiembre (1810) • Cómo celebran: “Fiestas Patrias”
Brasil – 7 de Septiembre (1822) • Cómo celebran:
Desfiles militares en Brasilia, con el presidente encabezando ceremonias oficiales. Se acompaña con eventos culturales y celebraciones en plazas públicas.
con desfiles militares, la
“parada militar” en Santiago, cuecas, fondas (ferias con comida, bebida y música)
y un discurso presidencial.
La bendición de un padre
COLUMNA
ESPIRITUALIDAD POR RON ROLHEISER
MI PADRE MURIÓ cuando yo tenía veintitrés años; era seminarista, inexperto y aún aprendiendo sobre la vida. ES DURO PERDER A UN PADRE a cualquier edad, y mi dolor se agravó porque apenas empezaba a apreciar lo que me había dado. S olo más tarde me di cuenta de que ya no lo necesitaba, aunque todavía lo anhelaba mucho. Lo que tenía para darme, ya me lo
bría cambiado a mi padre por uno con un paso de baile más fluido, por alguien con un poco menos de reticencia ante la exu- berancia de la vida. Y esa es, en parte, mi lucha por recibir toda su bendición. A menudo recuerdo la famosa frase de William Blake en Infant Sorrow, donde menciona "Luchando en las manos de mi padre". Para mí, eso sig- nifica luchar a veces con la reticencia de mi padre a simplemente dejarse llevar y disfrutar plenamente del regalo de la vida. Sin embargo, si bien hubo vacilación, no hubo irresponsabilidad en su danza, in- cluso si a veces eso significaba quedarme fuera. Sentí dolor en su funeral, pero tam- bién orgullo, orgullo del respeto que se le mostró, por la forma en que vivió su vida. Ese día no hubo juicio sobre su reticencia. Ahora soy mayor que él cuando mu- rió. Mis días terrenales superan a los su- yos por quince años. Más aún, vivo den- tro de su bendición, consciente e incons- cientemente, esforzándome por estar a su altura, por honrar lo que me dio. Y sobre todo eso es bueno, aunque también ten- go momentos en los que me encuentro fuera de la exuberancia de la vida, obser- vando el baile, reticente, con su mirada en mi rostro, sintiendo cierta envidia de quie- nes tienen un paso de baile más fluido: yo, siempre hijo de mi padre.
Además, su familia abarcaba más que sus propios hijos. Aprendí pronto a no re- sentir el hecho de que no siempre pudiera estar con nosotros, que tenía buenas ra- zones para estar en otros lugares: el trabajo, la comunidad, la iglesia, el hospital y las juntas escolares, la partici- pación política. Era decano de una familia más amplia que la nuestra. Por último, y no menos importante, nos bendijo a mí y a mis hermanos con el amor por el béisbol. Él dirigió un equi- po de béisbol local durante muchos años. Este era su lugar particular donde podía disfrutar del Sabbat. Sin embargo, las bendiciones nunca son puras. Mi padre era humano, y la mayor fortaleza de un hombre suele ser también su mayor debilidad. En toda esa fibra mo- ral y cordura inquebrantable, también ha- bía una reticencia que a veces le impedía disfrutar plenamente de la exuberancia de la vida. Todo hijo observa cómo bai- la su padre y, inconscientemente, lo com- para con ciertas cosas: vacilación, fluidez, abandono, exhibicionismo, irracionalidad momentánea, irresponsabilidad. Mi padre nunca tuvo mucha fluidez ni abandono al bailar, y yo he heredado eso, algo que puede dolerme profundamente. Hubo momentos, tanto de niño como de adulto, en que, en una situación dada, ha-
pusiéramos excusas. Si nosotros, su fami- lia, absorbímos algo de su presencia, fue su terquedad moral. Más allá de esto, poseía una cordura fir- me, casi patológica. Hoy bromeamos di- ciendo que la moderación era su único exceso. No había arrebatos histéricos, ni depresiones, ni vértigo, ni falta de firmeza, ni necesidad de adivinar dónde estarían su alma y su psique en un día cualquiera. Con esa firmeza, junto con el apoyo de mi madre, nos creó un hogar que siem- pre fue un refugio seguro, un lugar abu- rrido a veces, pero siempre seguro. Cuan- do pienso en el hogar donde crecí, pienso en un refugio seguro donde se podía con- templar la tormenta desde un lugar cáli- do y seguro. De nuevo, no todos tienen esa suerte. Y como éramos una familia numerosa y su amor y atención debían compartirse con varios hermanos, nunca lo conside- ré "mi" padre, sino siempre "nuestro" pa- dre. Esto me ha ayudado a comprender el primer desafío del Padrenuestro: que Dios es "nuestro" Padre, a quien compartimos con los demás, no una entidad privada.
había dado. Yo tenía su bendición. Sabía que tenía su bendición. Mi vida y el rumbo que había tomado le agradaban. Como la voz de Dios en el bautismo de su Jesús, ya me había comunicado: «Tú eres mi hijo en quien me complazco». No to- dos tienen esa suerte. Eso es todo lo que se le puede pedir a un padre. ¿Y qué nos dejó a mí y al resto de su descendencia? Demasiado para nombrarlo; sin embar- go, entre otras cosas, firmeza moral. Era una de las personas más morales que he conocido, permitiéndose mínimas con- cesiones morales. No era de los que se creían que solo somos humanos y que, por lo tanto, está bien permitirnos algu- nas excepciones. Solía decirnos la famosa frase: "¡Cualquiera puede mostrarme hu- manidad; necesito que alguien me mues- tre divinidad!". Esperaba que no fracasá- ramos, que estuviéramos a la altura de lo que la fe y la moral nos exigían, que no
RON ROLHEISER: Sacerdote católico y miembro de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada. Especializado en Teología en la Universidad de Lovaina, Bélgica. Presidente Emérito de la Escuela de Teología de los Oblatos en San Antonio, Texas. Columnista, conferencista y escritor
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