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18/INTERNACIONAL

el horizonte

Martes 13 de enero de 2026

Presidenta de Venezuela reafirma su poder ejecutivo

REDACCIÓN El Horizonte

La presidenta inerina de Vene- zuela, Delcy Rodríguez, reite- ró este lunes que su país no está siendo gobernado por ningún otro país, sino que son las auto- ridades locales las que llevan las riendas de la situación. “He visto por ahí caricaturas en Wikipedia de quién manda en Venezuela. Bueno, aquí hay un Gobierno que manda en Ve- nezuela, aquí hay una presiden- ta encargada y hay un presiden- te rehén en EUA”, sostuvo la dig- nataria en un acto . DESTACA SU POSICIÓN La actividad tuvo lugar en la lo- calidad de Catia La Mar, estado La Guaira, directamente afecta- da por los bombardeos estadou- nidenses del pasado 3 de enero. “Fue una de las zonas más impac- tadas por la agresión ilícita e ile- gal del Gobierno de EUA contra el

Cientos de niños en Gaza vuelven a clases

dos contra el frío, con sus cua- dernos apoyados en unas cajas de madera mientras su maestra enseña. CONDICIONES ATÍPICAS La enseñanza se desarrolla en medio de disparos y explosio- nes provenientes del territorio controlado por Israel a menos de 1,000 metros, y no existen condi- ciones convencionales. Este regreso a clases ocurre tras más de dos años de interrup- ción por la guerra contra Israel.

REDACCIÓN El Horizonte

En el norte de la Franja de Gaza, alrededor de 400 niños han re- gresado a la escuela en un cen- tro improvisado conocido como la North Educational School, ins- talado en tiendas de plástico azul entre las ruinas de Beit Lahiya, cerca de la denominada “línea amarilla” controlada por Israel. Los estudiantes asisten a cla- ses sentados en el suelo dentro de las carpas, sin sillas y abriga-

PRESIDENTA RESPONDE A ‘SÁTIRA’ RESPECTO A TRUMP Donald Trump, publicó en sus redes una imagen en la que figura como "presidente de Venezuela" en el sitio Wikipedia

pueblo venezolano”, puntualizó, al tiempo que aseguró que des- de ese sitio, su gestión reafirma “la soberanía y la independencia de Venezuela”. En el mismo orden, Rodríguez aseveró que Caracas gobierna

“junto al pueblo organizado, jun- to al poder popular” y avanza “en relaciones internacionales de respeto, en el marco de la legali- dad internacional, para reivindi- car y proteger los derechos” de su “amada Venezuela”.

Nuestra lucha con el amor y con Dios

COLUMNA ESPIRITUALIDAD POR RON ROLHEISER

DIOS ES AMOR. Si esto es cierto —y lo es—, entonces ¿por qué le tenemos MIEDO A DIOS y por qué le tenemos MIEDO A LA MUERTE ? V ivimos con demasiado miedo a Dios y a la muerte. ¿De dónde proviene esto? ¿Por qué alguien debería tener miedo de encon-

sabiduría, un miedo saludable a Dios y al amor. Asimismo, hoy en día existe una literatu- ra cada vez más extensa que narra la ex- periencia de personas que estuvieron clí- nicamente muertas y luego fueron rea- nimadas y devueltas a la vida. En prácti- camente todos los casos, la persona que había estado muerta y luego fue reani- mada no quería regresar a su vida terre- nal. Prácticamente todos describen ha- ber sido recibidos por una calidez, una luz y un abrazo de amor que superaba cual- quier cosa que hubieran experimentado en esta vida. Ninguno experimentó mie- do. Dios nunca es un tirano, un matón, ar- bitrario, legalista, frío, sin calidez ni plena comprensión y compasión. Solo debemos temer traicionar esa bondad. Mi imagen de estar ante Dios después de la muerte es la de un bebé recién nacido siendo al- zado por su madre por primera vez, o la de un abuelo o abuela sonriendo a su nie- to, intentando hacer sonreír a un bebé. No debemos temer encontrarnos con Dios, ni antes ni después de la muerte. Será una experiencia de encuentro con el amor puro e incondicional. Entonces, como el Jacob bíblico, podremos final- mente dejar de luchar contra el amor y aferrarnos a él. www.ronrolheiser.com

Sospecho que esto les ocurre a muchos de nosotros. Pero ¿no es el temor de Dios el principio de la sabiduría? ¿No deberíamos presen- tarnos ante Dios con temor? Sí, mas solo con un cierto tipo de temor. El miedo tiene muchas caras, algunas saludables, otras no. Tememos al tirano del patio de recreo; tememos contraer una enfermedad grave; tememos el do- lor físico; tememos perder a alguien por la muerte; tememos nuestra propia muerte y tememos ser juzgados por nuestras fal- tas. Esa es una de las caras del miedo. Sin embargo, hay otra: el miedo a ser in- fiel, el miedo a traicionar a alguien a quien amamos, el miedo a ser insensible y gro- sero y a no quitarnos los zapatos ante la zarza ardiente. Ese es el tipo de mie- do que es el principio de la sabiduría. Ese es un miedo saludable ante Dios y ante el amor. San Pablo, al hablar de la gracia, lo ex- presa esencialmente así: no debemos in- tentar ser buenos para que Dios nos ame; más bien, ¡debemos querer ser buenos porque Dios nos ama! Por ejemplo, en un matrimonio, debemos querer ser fieles no principalmente para que nuestra pa- reja no deje de amarnos; más bien, debe- mos querer ser fieles porque nuestra pa- reja nos ama. Ese es el temor santo: el te- mor a traicionar el amor, el principio de la

es esa fuerza? ¿Un ángel? ¿Dios? Sí, am- bas cosas; mas, en última instancia, está luchando sin saberlo con el amor y, por eso, casi al final de la lucha, cuando ha sido herido gravemente, finalmente se da cuenta de con qué está luchando. Enton- ces se aferra a ello y suplica su bendición. Esa es nuestra profunda lucha con Dios, con el amor. Sin embargo, la mala teología a veces sí influye debido a nuestra mala interpreta- ción del consejo bíblico: “El temor de Dios es el principio de la sabiduría” (Prover- bios 9:10). La teología y la catequesis de mi juven- tud —gran parte de ellas muy sanas— contenían, sin embargo, y de forma bas- tante marcada, un motivo de miedo mal- sano. Había que temer a Dios. Dios ano- taba nuestros pecados, los contaba y llevaba un registro estricto de ellos en un libro. Un día tendríamos que enfrentarnos a Dios, en un encuentro que nos quemaría el alma, y responder por esas faltas. Ade- más, también existía el miedo a ir al infier- no después de la muerte. Por mucha sin- ceridad que tengamos, podríamos mo- rir en estado de pecado mortal y ser con- denados al infierno por toda la eternidad. La teología y la catequesis en las que fui bautizado y educado, a pesar de todas sus otras virtudes, me inculcaron un mie- do malsano a Dios.

trarse cara a cara con el amor? Este miedo no es simplemente pro- ducto de una mala religión que nos pue- de dar una concepción distorsionada de Dios. Una mala religión puede contribuir a generar un miedo malsano hacia Dios; sin embargo, hay factores más importan- tes en juego. En primer lugar, a menos que hayamos sido extremadamente afortunados en la forma en que hemos sido amados, todos luchamos con un profundo miedo a ser, de alguna manera, indignos de amor, in- merecedores e incapaces de presentar- nos moral y psicológicamente desnudos ante el amor puro. Por lo tanto, es com- prensible que sintamos cierto temor ante un Dios que es amor puro y que, como era de esperar, temamos enfrentarnos a ese Dios al morir. Digo esto con compa- sión. Para la mayoría de nosotros, esta es simplemente nuestra condición humana, y la mala religión no se encuentra en las raíces más profundas de esto. ¿Qué se en- cuentra en esas raíces profundas? Nuestra lucha congénita con el amor. En esencia, nuestra lucha es la lucha del Ja- cob bíblico, que pasa una noche luchando con una fuerza divina desconocida. ¿Cuál

RON ROLHEISER: Sacerdote católico y miembro de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada. Especializado en Teología en la Universidad de Lovaina, Bélgica. Presidente Emérito de la Escuela de Teología de los Oblatos en San Antonio, Texas. Columnista, conferencista y escritor

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