Magnetízate - #21 Diciembre - Interna

La comunicación clara es otro eje fundamental. No es necesario justificar cada decisión, pero sí expresar con honestidad tus disponibilidades y preferencias. Por ejemplo, si una reunión extensa te resulta abrumadora, puedes optar por asistir solo un par de horas. Si ciertos temas (como tu vida personal, tu situación amorosa, tu trabajo o tu situación económica) te generan incomodidad, puedes marcar de antemano que prefieres no hablar de ellos. Establecer estos límites no tiene por qué generar conflicto; de hecho, suele reducirlo cuando se hace con respeto y firmeza.

También es válido reconfigurar la idea de obligación familiar. Muchas personas sienten que deben estar presentes en todos los eventos, aunque eso signifique agotamiento emocional. Reconocer que no puedes —ni necesitas— cumplir con todo libera espacio para elegir desde el deseo y no desde la presión. En ocasiones, incluso puede ser útil crear nuevas tradiciones que respondan mejor a tus valores y ritmos actuales, ya sea una cena íntima con amistades cercanas, una actividad al aire libre o una celebración más sencilla.

Otro aspecto importante es planear momentos de descanso. La sobrecarga sensorial y emocional es común en estas fechas, por lo que apartar tiempo para estar a solas, dar un paseo, meditar o simplemente desconectarte puede marcar una diferencia significativa. El autocuidado no termina cuando llegas a una reunión: también puedes aplicarlo durante, tomando pausas breves para respirar o retirándote si lo necesitas.

Finalmente, recuerda que poner límites no significa abandonar a tu familia, sino participar desde un lugar más consciente y sano. La Navidad no tiene por qué vivirse desde la tensión o la obligación. Darte permiso de proteger tu energía, de elegir en qué espacios estar y de comunicar tus necesidades abre la posibilidad de vivir una celebración más auténtica, sustentada en el respeto mutuo.

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