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Resistencia antimicrobiana Amenaza global e impacto en la salud pública.
uso intensivo en ganadería y agricultura, creando una presión selectiva perfecta para que surjan y se expandan “superbacterias”. Al mismo tiempo, la innovación farmacéu - tica avanza más lento que la capacidad de las bacterias para desarrollar mecanismos de resistencia, y la vigilancia aún es débil en muchos países de ingresos bajos y medios. Sin embargo, la RAM no es un destino in - evitable. La experiencia internacional muestra que las políticas de uso racional de antibióticos, los programas de control de in - fecciones, la vacunación y el enfoque “Una Salud” pueden frenar la tendencia. El reto es político y social: pasar de los discursos a la implementación real de planes naciona- les con presupuesto, datos confiables y ren - dición de cuentas. En cuanto al rol social, la responsabilidad recae en no exigir antibióticos para cada cuadro viral, no automedicación, comple- tar los tratamientos indicados y apoyar las campañas de vacunación. Cada dosis innec- esaria es un voto a favor de las bacterias resistentes. Si no se actúa con decisión, la resistencia antimicrobiana nos empujará a una era posantibiótica en la que una neumonía o una infección urinaria común puedan volver a ser sentencias de muerte. La ventana para evitarlo sigue abierta, pero se está estrechando rápidamente Para mayor información: World Health Organization (WHO): Informe GLASS 2025 Murray CJL et al. Global burden of bacterial AMR, Lancet, 2022. World Health Organization (WHO) Antimi - crobial resistance, fact sheet, 2023. Panamerican Health Organziation (PAHO). Antimicrobial resistance in the Americas, 2023. WHO, FAO, WOAH, UNEP. Global Ac - tion Plan on AMR, 2nd ed., 2024.
La resistencia antimicrobiana (RAM) dejó de ser un problema técnico de infectólogos para convertirse en una amenaza real para la salud pública global. Infecciones que an- tes se resolvían con un antibiótico de prim - era línea, hoy, requieren fármacos de “últi - mo recurso” o, sencillamente, ya no tienen opciones efectivas. Estudios recientes estiman que, en 2019, la RAM se asoció a unos 4,95 millones de muertes en el mundo de las cuales alrede- dor de 1,27 millones fueron directamente atribuibles a bacterias resistentes. En 2021, las cifras se mantuvieron en torno a 4,7 mil - lones de muertes asociadas y más de un millón atribuibles, confirmando que no se trata de una alarma pasajera, sino de una curva que no cede. El Informe GLASS 2025 de la Organización Mundial de la Salud revela que la RAM continúa expandiéndose y representa una amenaza real para los sistemas de salud a nivel mundial. Según este informe, una de cada seis infecciones bacterianas confirma - das en laboratorio fue resistente al menos a un antibiótico común, y entre 2018 y 2023 se observó un aumento de resistencia en más del 40 % de los pares patógeno-an - tibiótico monitoreados e incremento de en - tre 5 % y 15 % en muchos países en apenas cinco años. Las bacterias gramnegativas, especialmente Escherichia coli, Klebsiella pneumoniae y Acinetobacter spp., mues- tran los niveles más altos de resistencia, incluyendo a los carbapenémicos y las flu - oroquinolonas, fármacos considerados de último recurso. El informe destaca además avances en la co- bertura global de vigilancia, con más de 100 países participantes en el sistema GLASS, aunque casi la mitad aún no reporta datos o lo hace con información limitada por la falta de infraestructura diagnóstica y de lab -
oratorio. Las regiones de Asia Sudoriental y del Mediterráneo Oriental presentan las tasas más altas de resistencia, mientras que Europa y el Pacífico Occidental mantienen niveles más controlados. El análisis del uso de antibióticos muestra que solo el 52,7 % del consumo global corresponde al grupo “Access”, por debajo de la meta del 70 % fi - jada por la OMS, lo que indica un uso exce - sivo de fármacos de alto riesgo para generar resistencia. Las consecuencias sanitarias son profundas. La RAM amenaza procedimientos cotidi - anos de la medicina moderna: cirugías, quimioterapia, trasplantes o cuidados in- tensivos dependen de que los antibióticos funcionen. Sin ellos, se alargan las estancias hospitalarias, aumentan los costos, se co- lapsan las UCI y se disparan las muertes por infecciones que antes considerábamos “simples”. El problema, además, es sistémico. El uso in- adecuado de antibióticos en la comunidad —automedicación, tratamientos incomple- tos, prescripción innecesaria— se suma al Epidemiólogo y Control de Infecciones. Coordinador Investigaciones Clínicas CIN- BIOCLI - Hospital José María Cabral y Báez. República Dominicana
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