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de un niño. Esfuércese por mantener una comunicación honesta acerca de cuáles son sus necesidades y de cómo se siente. Las lesiones pueden estresar matrimonios y relaciones significativas. Parte del estrés viene de preocupaciones financieras. Simplemente la fatiga por trabajar tan duro para que la vida siga funcionando es estresante. Las relaciones sufren cuando las personas esconden de otros mucho de lo que sienten y piensan.

Algunas parejas pueden tratar de proteger a sus seres queridos lesionados no hablando ni compartiendo cosas importantes. Pueden creer que están haciendo la vida de su ser querido más fácil, mientras éste se siente relegado. Probablemente surjan resentimientos.

Hable con su cónyuge o pareja sobre lo que le preocupa.

Si es difícil hablar honestamente sobre circunstancias y sentimientos concretos resultantes de lesiones, considere invitar a un amigo de confianza, un miembro del clero o un consejero para facilitar estas conversaciones. Los menores de edad en el hogar necesitarán atención especial. Son vulnerables y pueden ser muy afectados por el hecho de que alguien que se supone los debe cuidar ahora está herido y no puede hacerlo. Pueden estar asustados por los cambios físicos que ven o experimentan y verse forzados a crecer demasiado rápido asumiendo mayores responsabilidades. A veces son pasados por alto porque una gran parte de los recursos y energía de la familia

están enfocados en la persona lesionada. Observe cuidadosamente para identificar si un menor empieza a retraerse, a ser visiblemente más ruidoso o callado, a obtener malas calificaciones, o si deja de pasar tiempo con sus amigos. Los adolescentes pueden expresar su frustración de manera negativa huyendo, consumiendo alcohol y otras drogas para tratar de calmarse, o involucrándose en otros comportamientos perturbadores.

Los menores de edad pueden necesitar ayuda especial para afrontar los cambios en la familia.

Estas señales de alarma indican una necesidad de que los motive a compartir sus miedos y frustraciones. Puede ser necesario recurrir a terapia. Hablar con alguien ajeno a la familia les brinda un escape saludable y constructivo. Muchos encuentran útil pedir a otro familiar o adulto llevar a sus hijos a salidas especiales o simplemente invitarlos a pasar tiempo en un ambiente familiar menos estresante.

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