FORMACIÓN CONTINUA Y POLÍTICAS DE EMPLEO
Los trabajos cambian para todos, pero son las personas adultas con bajos niveles de capaci- tación las que tienen un mayor riesgo de verse afectadas. Al encontrarse normalmente en po- siciones de bajo nivel con pocas opciones de promoción, muchas de estas personas pueden tener pocos incentivos a formarse más. Por esta razón, es necesario dirigir estas medi- das a aquellas personas que más las puedan necesitar, para aumentar así su empleabilidad e inclusión social. De hecho, en España solo el 13% de las personas adultas con baja cualifi - cación participa en actividades de formación, por debajo de la media de la OCDE (18%) y a una gran distancia de países como Dinamarca, Suecia y EE. UU., donde éstos superan el 25%, como se puede observar en la figura 47
4.2. Formación para el empleo y políticas activas
Las políticas activas de empleo buscan au- mentar las oportunidades de empleo mediante una combinación eficaz y eficiente entre la oferta y la demanda, además de mejorar la empleabilidad de las personas trabajadoras. El objetivo último es dar acceso a más personas al mercado laboral y a trabajos de calidad. Para ello se centran en: el fortalecimiento de la pre- paración para el trabajo y la formación; poten - ciar la motivación y los incentivos para buscar empleo; y la ayuda a encontrar un empleo adecuado. Por lo tanto, las políticas activas se enfocan a grupos concretos y sus necesidades específicas para acceder al mercado laboral: las personas más jóvenes, más mayores, o más vulnerables y alejadas del mercado labo - ral (personas con discapacidades, inmigrantes o jóvenes en situación NEET, que no están ocupados ni estudian). Es importante tener en cuenta que en España el porcentaje de personas trabajadoras que se enfrentan a un riesgo significativo de automa - tización es mayor que el promedio de la Unión Europea (52% versus 46% respectivamente). Con unos menores niveles de competencias básicas es imprescindible mejorar las acciones de formación y las políticas activas de ocu- pación para garantizar un mejor acceso a las oportunidades de formación en la vida adulta a aquellas personas que más las necesitan. En este sentido, nos encontramos en España con un importante problema de adecuación entre la demanda de competencias solicita- das por las empresas y la oferta de forma- ción. Esto nos obliga a repensar las políticas de formación que se están llevando a cabo, intentando adecuarlas a las necesidades de las ocupaciones presentes y futuras. El monitoreo y la evaluación continuos del impacto de las políticas y los programas son necesarios para fortalecer la efectividad y la eficiencia de las políticas en su respuesta a las necesidades de los diferentes grupos.
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