Formación continua y políticas de empleo

FORMACIÓN CONTINUA Y POLÍTICAS DE EMPLEO

garantía de conciliación con la vida laboral, las cargas familiares y tantos otros factores, se hace imposible de sobrellevar y, consecuen- mente, de poder equiparar el campo de juego y promover mejores oportunidades para todos en igualdad de condiciones. Así, el impacto de mejorar las políticas educativas en la vida adulta está necesariamente condicionado por la calidad en la cobertura de proteccion social para aquellas personas con más dificultades, parando también atención a las desigualdades de género, edad, orientación sexual, discapaci- dad, así como a las dificultades que acarrea la condición migrante. Aun así, la protección y garantía del acceso y disfrute a la formación para el empleo en edad adulta no es suficiente para la mejora de las competencias y oportunidades de la población española ante los cambios del modelo produc- tivo, sino que, como hemos visto, la misma ca- pacidad y potencialidad del tipo de formación que actualmente se ofrece en España está en entredicho. En muchas de las entrevistas reali- zadas a personas expertas aparece la idea de que la formación para el empleo, hasta ahora, se ha impartido sin adecuarse del todo a las necesidades reales de las empresas, ya que impera una dinámica de inercia en los cursos formativos existentes y en los agentes/em- presas que los imparten que no permite una revisión de su aplicación u optimización. Haría falta, en primer lugar, una permanente evaluación de la eficacia de la formación ofer - tada que además tuviera aparejada parte de la financiación a los resultados de esta. Para que la formación sea efectivamente útil para las personas, es necesario mantener un análisis prospectivo sobre la que necesitan las empre- sas y una mayor conexión entre el tejido pro- ductivo y el contenido formativo. Por ejemplo, la ausencia de suficientes orientadores tanto en el sistema educativo como en los servicios de empleo públicos afecta a la adecuación de la formación a las capacidades, formación previa, intereses y posibilidades del empleo de las personas trabajadoras.

En este sentido, la demanda de incrementar las capacidades de orientación del sistema es una constante entre personas expertas que recuerdan cómo éste es un factor definitorio del éxito de las PAE en otros países de nuestro entorno. La experiencia de políticas y proyec- tos de viabilidad y efectividad contrastada en otros países europeos puede servir de ejemplo y modelo para el diseño de planes formativos adecuados que garanticen el valor de uso de la formación ofertada en España; y es que, en resumidas cuentas, los incentivos a participar en la formación a lo largo de toda la vida son inexistentes si esa formación no está orientada para conducir eficazmente a mejores empleos. En definitiva, y para concluir, vemos que la formación es una herramienta indispensable para, por un lado, adaptarse a las necesidades que demandan los cambios del sistema y, por otro, ayudar a romper las brechas que impi- den que todos y todas tengamos acceso a un trabajo digno en igualdad de oportunidades. Es por ello por lo que es necesario trabajar para garantizar una formación continua de calidad, equitativa, sin riesgos para la persona trabajadora, eficaz y en constante revisión y adaptación a las necesidades de la oferta y, de esta manera, poder asegurar la seguridad y el bienestar de todas las personas.

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