ARQUITECTURA MODERNA LATINOAMERICANA LATIN AMERICAN MODERN ARCHITECTURE
Edificio Flota Mercante Grancolombiana -FMG- y locales comerciales en los primeros pisos deCuéllar, Serrano, Gómez, Bogotá,1962.
BLOQUE SUSPENDIDO Y SEPARADO DE LA PLATAFORMA
El edificio de 12 pisos y dos sótanos para las oficinas principales de la Flota Mercante Grancolombiana -FMG- y locales comerciales en los primeros pisos fue diseñado y construido por la firma Cuéllar, Serrano, Gómez -CSG-, integrada por el arquitecto Camilo Cuéllar, el ingeniero-arquitecto Gabriel Serrano y el ingeniero José Gómez Pinzón, una de las firmas de mayor impacto en la profesión en la segunda mitad del siglo XX. Después de ganar el concurso privado convocado por la empresa de transporte marítimo financiada por la poderosa Federación de Cafeteros, se diseñó en 1961 y construyó entre 1962 y 1964 por CSG con participación de Hans Drews Arango. El ingeniero calculista y asesor estructural fue Jorge Pinzón. La FMG es una versión comprimida de los bloques elevados del suelo para permitir la continuidad del espacio público urbano, que fueron popularizados por Le Corbusier en numerosas propuestas urbanas. En este caso, baste recordar las Unités y los redents propuestos para el Plan Piloto para Bogotá en 1951, sostenidos sobre pilotis para permitir la circulación por debajo de los bloques. A su modesta escala, la FMG amplía el espacio para el uso colectivo realizando una ingeniosa operación tipológica: partiendo de una torre con plataforma, se separan sus dos componentes, se mantiene la torre fija sobre el paramento y se la apoya sobre un pórtico paralelo al paramento en la franja central de la torre, y se empuja la plataforma hacia el fondo del lote. Esta operación produce un gran porche cubierto con voladizos de 8 metros en cada costado del pórtico y una franja descubierta que entrega a los locales de la plataforma comercial.
Para la estructura de la torre se diseñó un sistema que minimizara la cantidad y masa de los apoyos verticales (ver esquema), definiendo una franja central de servicios y circulaciones y manteniendo libre de apoyos interiores la planta tipo de oficinas. En rigor no se trata de una torre; es más bien un bloque, pues va de medianero a medianero, a la espera de que los vecinos replicaran la operación propuesta, adosándose a los muros divisorios y alargando todo lo posible el bloque que flota sobre el espacio público también continuo. La ciudad obligó a los constructores a darle un acabado “decente” a los dos medianeros, y por eso están revestidos en piedra bogotana o muñeca . El mensaje era claro: era posible proponer una estrategia de conjunto que ordenara, como patrimonio colectivo, el espacio público que apenas se iniciaba del Centro Internacional. Lograr que el usuario de las áreas comerciales y de servicios se sintiera libre para desplazarse y seguro por la distancia respecto al tráfico motorizado mejoraría la rentabilidad de las operaciones inmobiliarias necesarias para lograrlo. No importa que la lección de la FMG tuviera un efecto muy limitado incluso en manos de los diseñadores de la propia firma. Las posibilidades de actuar coordinadamente chocaron con los intereses de los agentes de cada operación inmobiliaria. El Centro Internacional, expandido a las grandes manzanas que la rodean hoy en día, sigue siendo uno de los sectores en que el urbanismo moderno contribuyó de manera concreta a mejorar la calidad espacial del área central de Bogotá.
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