CASAS DE LOS MAESTROS Houses of the Masters Dessau, Alemania
El proyecto de restauración del conjunto comenzó en 1992 con la renovación de las casas que estaban en su estado original. Con una interpretación singular, Bruno Fioretti Marquez asumió la reconstrucción de la casa del director y la de Moholy Nagy, destruidas por completo.
The restoration project of the group began in 1992 with the renovation of the houses that were in their original condition. With a remarkable interpretation, Bruno Fioretti Marquez took over the reconstruction of the director’s house and the one of Moholy Nagy, which had been completely destroyed.
Así como en Europa el trabajo arquitectónico está definido por normas energéticas, en Chile lo está por los terremotos, lo que condiciona una arquitectura fuertemente marcada por la estructura. Por eso llama la atención el centro ferroviario de Pollegio, cuya estructura podría estar en Chile o en cualquier país sísmico más que en Suiza. ¿Por qué en este caso decidieron usar hormigón armado y le definieron esa marcada expresión al edificio? - En Suiza la naturaleza es fuertísima y los suizos viven como los hobbit, entre montañas, en las rocas, en acantilados profundos, entre los valles. Y además hacen obras de ingeniería espectaculares, túneles, represas, centrales hidroeléctricas, obras construidas a 3.000 metros de altura en hormigón visto y con espacios gigantescos, impactantes. Hay una tradición muy fuerte de la obra pragmática de ingeniería, de grandes dimensiones y casi siempre en hormigón. Nuestro edificio es la torre de control del túnel más largo del mundo, de 60 kilómetros, construido para concentrar el tráfico de camiones y sacar ese flujo de las autopistas de Los Alpes. Es una obra gigantesca con una inversión espectacular, imagínense, un túnel cavado en la montaña. La torre de control reúne todos los servicios de apoyo y logística, y además tiene el rol de anunciar el túnel y la presencia de esta obra de ingeniería. Lo hicimos así a propósito, y por eso uno de los nombres de este proyecto era ‘periscopio’ y el otro ‘centinela’. No es un edificio en la ciudad, está en un valle con un contexto imponente. Si el edificio se quiere hacer oír, debe presentarse en la naturaleza como diciendo ‘acá estoy’. No podía ser en madera ni en ladrillo, debía ser en un material pétreo. La otra línea de definición -con la que convencimos al jurado- es que se trata de una estación de control típica de ferrocarril, con un torso y con un voladizo para asomarse y ver las vías. Finalmente la propuesta los lleva a una condición estructural mayor, pero es a partir de la propuesta. - Es que la arquitectura no es un servicio para dar satisfacción al programa, eso siempre se lo digo a los estudiantes. Los arquitectos somos viñateros, no estamos para calmar la sed -que es el programa-, hacemos vino. La arquitectura es otra actividad de los hombres que debe pensar más allá de las necesidades estrictamente funcionales y hacer belleza en las cosas que usamos para vivir. Y una torre, así sea para un ferrocarril, tiene la
misma obligación. Si resulta o no esa belleza lo dirá la comunidad, pero nuestro deber es siempre intentarlo.
Cómo ha sido el trabajo de las Casas de los Maestros, donde se trata de reconstruir nada menos que una obra diseñada por Gropius para la Bauhaus de Dessau. Una responsabilidad con muchos ojos puestos en el encargo, y de la que viniste a hablar en el seminario de Docomomo. - Docomomo es una interrogación de cómo hacemos para preservar el valor de este tipo de arquitectura en particular. Los bombardeos de 1945 destruyeron dos de las Casas de los Maestros, de una salvó el sótano y de la otra una mitad. Aquí no estamos ante un objeto existente que ha sufrido el paso del tiempo o hay que preservar, sino que se trata de hacer un ensamble entre reconstruir y reinterpretar. Si uno considera este grupo de casas como un conjunto al que le faltan dos piezas, el efecto común ya no existe más. Aquí no hay que preservar lo que se salvó sino completar lo que se perdió, y ante la falta de estas dos piezas surge el desafío: conservar el documento histórico y al mismo tiempo completar el ensamble, conceptos contradictorios. Pero definitivamente no se podía hacer historicismo. Una decisión compleja… - En realidad es muy simple y la manera de resolver el problema fue clara. Al presentar el proyecto ante la comisión de la municipalidad de Dessau, pusimos como ejemplo un jarrón de una dinastía china reconstruido. A este jarrón le faltan algunos pedazos y las piezas con que se completó son distintas, pero es un conjunto de piezas que colaboran para un efecto común. Las piezas nuevas no están pintadas ni se intenta asemejarlas a cómo era el jarrón hace dos mil años. Con las casas es lo mismo: faltan dos y hay que reconstruir las piezas faltantes, pero sin pretender que no se perdieron. Quien las visite debe saberlo y notarlo, no podemos olvidar que las hemos perdido. Pero el proyecto no debe volver al pasado, debe permitir la experiencia estética del conjunto sin negar la historia; debe quedar como registro de lo que se destruyó y también declarar su atemporalidad, para que quien mire dentro de 100 años vea el jarrón -el conjunto- y entienda lo que le pasó.
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