mexicanos. La separación de programas y el juego de llenos y vacíos apoyados por el uso de la materialidad está muy bien explicado en la publicación de Pérez-Méndez y Aptilon. Aprovechando la pendiente natural, la casa Cortés se levanta sobre siete pilares metálicos “H” lo que permite que dos automóviles se estacionen a nivel calle y debajo del programa del living. Esta idea es reforzada por un muro de piedra lateral que sujeta el terreno. En los esquemas originales se aprecia un estudio de fachadas del segundo piso y de cómo los recintos públicos se abrían a las vistas. El resultado final no es tan distinto: los pilares redondos se sustituyeron por “H” y la fachada de acceso quedó hermética abriéndose con un gran paño vidriado lateral con vista al sur hacia el barrio El Golf. Un análisis a lo descrito en varios textos mencionados, y dada la es- tadía de Acevedo en Estados Unidos, permite establecer tanto una influencia, como también una manera de pensar en paralelo de los arquitectos de la época. Al cotejar los croquis iniciales de la casa Cortés con otros como los de las casas Broughron de Craig Ellwood de 1940-50 en Los Ángeles, California; la que Francisco Artigas diseñó y que no se construyó para El Pedregal (luego hizo otra versión en 1957); la casa Tlalpan 1956-1958 de Joaquín Palacios, publicada en el libro Los dibujos del taller de Augusto H. Álvarez; la casa Gómez de 1951-52 de Francisco Artigas; y un croquis sobre servilleta de Augusto H. Álvarez para una propuesta para las casas del Pedregal, todos dan cuenta de un mismo pensamiento ya que, en cada uno de estos croquis y perspectivas, el estacionamiento queda debajo de un volumen que se apoya sobre pilares y un muro de piedra. El caso más evidente, y que Acevedo conoció un año antes de su regreso a Chile por su amistad con Ellwood, fue la casa Broughron. Aun cuando la casa fue proyectada por los tres arqui- tectos, tanto los planos municipales del proyecto presen- tado, como la resolución final de la casa, fueron firmados solamente por Jorge Costabal.
materiality. Taking advantage of the natural slope, the Cortés house is built on seven metallic "H" pillars that allow two cars to park at street level and under the living room program. This idea is reinforced by a lateral stone wall that supports the land. In the original plans, a study of the second-floor facades and how the public areas were opened to the view can be seen. The final result is not so different: the round pillars are replaced by "H" and the access façade is hermetically sealed, opening the side with a large glass panel with a view to the south towards the El Golf neighborhood. An analysis of what has been described in various texts mentioned, and given Acevedo's stay in the United States, allows us to establish both an influence and a parallel way of thinking of the architects of that era. By comparing the initial sketches of the Cortés house with others like those of the Broughron houses by Craig Ellwood from 1940-50 in Los Angeles California; the one by Francisco Artigas not built for The Pedregal making another version in 1957; the Tlalpan house 1956-1958 by Joaquín Palacios, published in the book The Drawings from Augustus H. Álvarez's Workshop; Francisco Artigas' Gómez house from 1951-52; and a sketch on a napkin by Augusto H. Álvarez on a proposal for The Pedregal houses, all of them give evidence of the same thought because, in all the sketches and perspectives, the parking lot is under the volume that rests on pillars and a stone wall. The most obvious case, and one that Acevedo met a year before his return to Chile through his friendship with Ellwood, was the Broughron House. Even though the house was designed by the three ar- chitects, both the municipal plans of the project presented, as well as the final resolution of the house, were signed only by Jorge Costabal.
↥ Croquis de partido general casa Eleodoro Cortés Herrera. A general starting point sketch of Eleodoro Cortés Herrera´s house.
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Movimiento Moderno / Modern Movement
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