Revista AOA_49

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Latin America seemed to have lost its way, after the 60's splen- dor in the arts and culture, and when it finally seemed that destiny was in its favor with great names in literature, music, visual arts, and architecture; and with greater connection with geography, native peoples and mestizo culture, just then -iro- nies of destiny-, dictatorships proliferated. Especially in the Southern Cone. The success of Mario Vargas Llosa's phrase in his famous 1969 novel Conversation in the Cathedral, in which he asks when Peru got screwed, was no coincidence. It was a valid question for all countries in the region, as proposed by writer Jeremías Gamboa when, for Vargas Llosa's 81st birthday, the newspaper El Comercio invited different characters to suggest an answer. For Gamboa, Latin America was screwed up at the moment it was born: "Its conception was based on an asymmetrical and brutal fact, which founded a nation wounded and at enmity with one of its two halves, the indigenous". Did we have a defective origin, especially in the Southern Cone? América Latina parecía haber perdido el rumbo, luego de unos años ‘60 de esplendor en las artes y cultura, y cuando finalmente parecía que el destino jugaba a favor con grandes nombres en la literatura, la música, las artes visuales y la arquitectura; y con mayor conexión con la geografía, los pueblos originarios y la cultura mestiza, justo entonces - ironías del destino-, las dictaduras proliferaron. *

América Latina parecía haber perdido el rumbo, luego de unos años ‘60 de esplendor en las artes y cultura, y cuando finalmente parecía que el destino jugaba a favor con grandes nombres en la literatura, la música, las artes visuales y la arquitectura; y con mayor conexión con la geografía, los pueblos originarios y la cultura mestiza, justo entonces - ironías del destino-, las dictaduras proliferaron. En especial en el Cono Sur. No era casual el éxito de la frase de Mario Vargas Llosa en su célebre novela, Conversación en la Catedral, de 1969, en la que pregunta cuándo se jodió el Perú. Era un cuestionamiento válido para todos los países de la región, tal como lo propuso el escritor Jeremías Gamboa cuando, para los 81 años de Vargas Llosa, el diario El Comercio invitó a diferentes personajes a sugerir una respuesta. Para Gamboa, América Latina se jodió al momento de nacer: “Su concepción tuvo como base un hecho asimétrico y brutal, que fundó una nación herida y enemistada con una de sus dos mitades, la indígena”. ¿Teníamos una falla de origen? ¿especialmente en el Cono Sur? Mientras Vargas Llosa escribía su novela, el arquitecto co- lombiano Rogelio Salmona levantaba sus Torres del Parque, sembrando una nueva esperanza. Poco después, en 1976, el MoMA de Nueva York canonizaba la trayectoria del mexicano Luis Barragán. La arquitectura, que llevaba décadas sin resolver el desafío de cómo ser latinoamericanos modernos, iniciaba, al fin, un tiempo nuevo. Pero el Cono Sur, ese que parecía más cercano al diálogo con la modernidad, era el que se había hundido en las dictaduras más definitivas. Tal vez tenían razón quienes abogaban por la necesidad de volver atrás para recobrar el contacto con las culturas precolom- binas y los legados ibéricos: ¿no eran esas nuestras raíces, por más que, justo en el Cono Sur, hubiésemos querido soslayarlas? Tal vez las dictaduras eran la señal de un modelo equivocado para esta parte de Sudamérica, desarraigado. El sociólogo Pedro Morandé lanzó en 1984 su ensayo Cultura y modernización en América Latina (Instituto de Sociología UC), en el que reivindicó el sustrato cultural mestizo y barroco, en el que se habían fusionado los elementos indígenas e hispanos a lo largo de los siglos XVI y XVII. Después habría comenzado la deriva, debido el afrancesamiento de una España debilitada en el siglo XVIII, lo que nos trajo una cultura ajena, una ilustración socialmente libertaria, pero que carecía de la búsqueda de trascendencia de las cosmogonías precolombinas e ibéricas. ¿Nos desorientamos, entonces, con el injerto ilustrado? Era la tesis de Octavio Paz, América Latina había perdido el compás, en el siglo XVIII, cuando pasamos del barroco al neo- clásico sin mediar un proceso cultural propio. En un libro reciente – El viejo malestar del Nuevo Mundo (Ariel, 2023), Mauricio García Villegas lo expresa con mucha claridad: “Para el español del Barroco, la realidad está en las imágenes que pasan por su mente. En lugar de ver para creer, don Quijote cree para ver; no busca la verdad, la corrobora”. Se trataba de una actitud ante el mundo que había calado hondo en la región, permitiendo la fusión creativa entre lo precolombino y lo ibérico – el Barroco americano-, en una postura antagónica a la ilustrada, por ser contraria a “lo que imaginaba el espíritu científico que florecía en el norte de Europa”, agrega el mismo autor. Por supuesto, hubo una “ilustración católica”, buscando conciliar fe y razón, tradición y modernidad, pero las tensiones entre esas dos cosmovisiones no desaparecieron. España y América Latina quedaron atravesadas, fuera de compás. No tuvimos, como diría el arquitecto Cristián Fernández Cox, “una modernidad apropiada”. * *

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While Vargas Llosa was writing his novel, Colombian architect Rogelio Salmona was raising his Torres del Parque, sowing a new hope. Shortly thereafter, in 1976, New York's MoMA canonized the career of Mexican Luis Barragán. Architecture, which for decades had not solved the challenge of how to be modern Latin Americans, was at last entering a new era. However, the Southern Cone, the one that seemed closer to dialogue with modernity, was the one that had sunk into the most definitive dictatorships. Perhaps those who advocated the need to go back in time to recover contact with pre-Columbian cultures and Iberian legacies were right: were they not our roots, even though, in the Southern Cone, we might have wanted to avoid them? Perhaps the dictatorships were the sign of a wrong model for this part of South America, torn from its roots. Sociologist Pedro Morandé launched in his essay Culture and Modernization in Latin America in 1984 (Instituto de Sociología UC), in which he vindicated the mestizo and baroque cultural substratum, in which indigenous and Hispanic elements had merged throughout the sixteenth and seventeenth centuries. Afterward, the drift would have begun, due to the Frenchification of a weakened Spain in the 18th century, which brought us a foreign culture, and a socially libertarian enlightenment, but lacking the search for transcendence of the pre-Columbian and Iberian cosmogonies. Are we disoriented, thus, with the enlightened graft?

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AOA / n°49

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