Revista AOA_50

ENTREVISTA INTERNACIONAL

E l destacado arquitecto paraguayo sostiene que la crisis global de nuestra sociedad puede solucionarse con imaginación. En conversación con Revista AOA abordó los imperativos que enfrenta la arquitectura como disciplina y propone que en las universidades se enseñe menos marketing y más filosofía porque, dice, se requiere enfocarse menos en el objeto ar- quitectónico y más en formar profesionales capa- ces de crear una sociedad mejor. Al mismo tiempo Solano Benítez enfatiza que la mayor urgencia, hoy, está en “reducir la cantidad de material convocado para protegernos” y en volver a recurrir a oficios y tecnologías que se han ido rechazando. Los incendios del pasado verano en Viña del Mar han hecho aumentar notablemente la falta de viviendas en Chile. En ese marco, quisimos invitarte a esta conversación porque nos interesa tu visión de una arquitectura que si bien aborda lo social, lo hace desde una perspectiva diferente… En primer lugar, es un gusto tratar de completar las op- ciones que tiene nuestra sociedad. Estamos tan acos- tumbrados a una revisión darwiniana, de que esta especie sustituye a esta otra, que nuestra observación siempre parte desde una determinada cultura. Y en los últimos trescientos años, hemos justificado nuestra presencia en el mundo en la medida que producíamos. Pero ese tiempo se está terminando porque el producir del modo en que lo hacemos ha hecho que pongamos en duda la posibili- dad misma de nuestra existencia. Por supuesto, en esto aparece la vivienda como un tema central. Somos seres biológicos y necesitamos nuestro nido. Pero lo que mejor hemos hecho como sociedad, ha dejado a más del 60% de la población del mundo en la línea de la pobreza y, de ese porcentaje, el 50% vive en la miseria. Su problemática no está siendo abordada desde ningún aspecto del estado del arte de nuestra disciplina. ¿Tu crítica apunta directo a la gestión de la arquitectura? No es que tengamos que demonizar la manera con la cual hemos pretendido hacer arquitectura, pero sí debemos ser capaces de entender que la crisis que enfrentamos no es una crisis ni de falta de conocimiento, ni de falta de recursos, es una crisis de falta de imaginación. Porque pese a lo que tenemos y conocemos, no somos capaces de imaginar procesos que puedan convertirse en instru- mentos para satisfacer las demandas de protección de una humanidad que sigue creciendo exponencialmente. Dicho eso, una de las características del proceso de industriali- zación ha sido la especificidad de cada una de las partes para alcanzar altos rendimientos. Diseñamos pensando en que todo lo que construimos debe ser realizado con la más alta tecnología, la más alta capacitación y con pro- tocolos hechos desde una híper-especificidad. Esto hace que quien no tenga esa instrucción, no pueda construir. O sea, los albañiles paraguayos que son increíblemente

R “No es que tengamos que demonizar la manera con la cual hemos pretendido hacer arquitectura, pero sí debemos ser capaces de entender que la crisis que enfrentamos no es una crisis ni de falta de conocimiento, ni de falta de recursos, es una crisis de falta de imaginación”. guapos –como decimos nosotros–, talentosos, no tienen la oportunidad de construir en Santiago de Chile o en el distrito financiero en Asunción de Paraguay. Porque nosotros diseñamos para despreciar esas habilidades, y hacemos que esa gente quede sin posibilidades de aportar y de construir un entorno diferente. Esa situación puede decirse que es latinoamericana, ¿verdad? En Sudamérica o en París existen enormes cinturones de pobreza donde todos estos portadores ultra sofisticados, capaces de hacer cosas impresionantes, no tienen posibi- lidad de desarrollar sus talentos porque son despreciados. Y la reducción de sus habilidades pasa por un proceso de eliminación o de olvido del potencial que tienen de hacer cosas. Tratando de completar… ¿qué pasaría si nosotros, los diseñadores, empezamos a cambiar nuestra manera de proyectar para que ellos sean incluidos? ¿Qué pasaría si, además, ponemos a las máquinas a hacer lo que el hombre no puede hacer? Y potenciamos las habilidades humanas para convocar la materia en pos de defender la posibilidad de la existencia como sociedad en el mundo. Siguiendo en esa línea… Ante un mundo saturado y el campo expandido de la arquitectura abierto a múltiples ámbitos de desarrollo, podríamos mencionar que uno es el tema tecno- lógico que puede impulsar hacia la industrialización, pero otro es el trabajar con la economía de recursos… Esto viene desde los años 1960, o antes, cuando hubo adiestramientos para fomentar una autoconstrucción súper regulada… ¿Ves en eso una oportunidad, hoy, frente al déficit y demanda existentes? Nosotros, más que nunca, disponemos de capacidades de transmisión que permiten llevar a las personas a los momentos cuando se sobrepasan los límites y se generan nuevos campos de actuación. Entonces, cuando uno logra hacer eso, está completando la oportunidad social. No quiere decir que esas personas no necesiten una suerte de entrenamiento, pero lo interesante es entender que esos límites están sólo para ser superados. Yo he insistido mucho en fracasar sistemáticamente, y hacer de las posibilidades del error y el fracaso un motor para superar las dificultades. He limitado el número de

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