Revista AOA_50

poder llegar al conocimiento que cada alumno aprende; no el que le instruyen, sino el que el alumno es capaz de revelar. Entonces, el foco ya no está en la construcción de la pericia en torno al objeto arquitectónico, sino que está en la formación de un arquitecto como un individuo interesante para construir una sociedad mejor. Es hora de dejar de enseñar marketing y enseñar filosofía. Las sociedades son buenas en la medida en que las personas que las integran lo sean. Mencionaste más de una vez esta obsesión de abrazar el fracaso. ¿Cuáles podrían ser tus fracasos y cuáles los grandes logros? Grandes logros no los he tenido todavía; pero puedo hacer un detalle de cómo y por qué he fracasado. Sin lugar a dudas fracasé en la medida en que las expectativas que yo mismo generaba sobre mí no eran alcanzables. He desoído aquello que era la pretensión inicial de lo que debería ser para empezar a ser aquello que se puede ser, más allá de aquello que se debe ser. Entonces, tal vez mi único atributo sea el persistir y ver hasta dónde podemos llegar a extender este tipo de ideas y cuánta gente se suma… ¿Y hacia dónde piensas que va la arquitectura? En algún curso reflexionaba sobre las posibilidades de la materia convocada, no ya por química ni por física, sino por biología, a partir del descubrimiento del genoma humano. Y otra posibilidad es a partir de la robótica y de la capacidad infinita de reproducir determinados actos. Me interesaba, en aquella época, investigar acerca del sandfish robot, una especie de pequeño robot con nariz de sandfish, que es un pez que se hunde y nada por debajo de la arena. Imaginando que podría moverse como un dron, pero bajo suelo, le pediría al robot cosas que yo no puedo hacer y eso completaría mi visión acerca de las cosas que se pueden hacer o no. En cuanto a la materia pienso que en los próximos años vamos a asistir a una transformación absoluta, porque ya estamos más cerca de tener una granja de ladrillos que una fábrica de ladrillos. Porque para consolidar un bloque de tierra, es probable que ya no se necesite química o fuego… Seguramente vamos a agarrar un poco de tierra, le vamos a tirar un bacillus pasteurii (*) y vamos a transformar esa tierra en calcita, en ocho horas. Y si eso ocurre, vamos a tener granjas de producción de bacilos para hacer ese tipo de cosas. Entonces ningún camino está cerrado. Lo que sí existe es la necesidad de reducir la canti- dad de material convocado para protegernos; es lo que corresponde a un planeta que tiene recursos limitados y un aumento de población exponencial. Entonces, no existe un material bueno y un material malo. Pero sí exis- te la posibilidad de comprometer la menor cantidad de recursos y que en esa medida reduzcamos los niveles de producción de anhídrido carbónico o cualquiera de los gases que estamos haciendo. Tenemos que ser capaces de reinventarnos y sostener una observación libre sobre la realidad y atrevernos a imaginar un destino diferente que el que han trazado nuestras anteriores generaciones. !

Q “Pienso que de lo que se trata hoy, ya no es de enseñar sino de facilitar el aprendizaje”.

quería hacer una obra que estuviese próxima a todo esto a pesar de estar hecha con el material más económico, el que se considera desecho, y con la tecnología y el protocolo más universal posible. ¿Cuál sería el protocolo más universal posible? Atender a que se construya a partir de no tener ninguna habilidad para hacerlo. Porque hasta para poner un ladrillo hay que tener conocimiento de nivel, plomada, etcétera; pero para poner un panel en el suelo ya está, no hay ma- yor discusión. Bueno, ¿a qué viene todo este discurso? A que uno puede estar en una ciudad italiana cuando un terremoto la sacude y, si tiene la suerte de sobrevivir, sale y se encuentra con que toda ella se derrumbó. Uno puede mirar y decir: ‘me quedé sin nada’ ¿Cómo te vas a quedar sin nada? La misma materia está ahí de otra forma. Entonces necesitamos nuevas formas de visualizar y de entender… En la Fundación Cartier, es súper pertinente plantear esto porque es un altavoz donde hablar del uso potencial de la mínima cantidad de recursos para satisfacer la máxima demanda. París es una zona sísmica donde ese muro de ocho metros de altura y cuatro centímetros de ancho, para poder sostenerse, requirió cálculos, seguridades… y mostrar que estaba ahí. No es que yo tuve un permiso especial de Dios para que no se caiga, sino que, en específico significa haberme expuesto, haber fallado la suficiente cantidad de veces como para poder emprender esos desafíos y que el muro se quede en pie. Referente a lo que acabas de decir. ¿Cuál es tu impresión de la enseñanza de la arquitectura en Latinoamérica? ¿Es- tamos enseñando esto que dices, que se debe aprovechar lo que está a la mano para proyectar y construir y resolver los problemas sociales? Pienso que de lo que se trata hoy, ya no es de enseñar sino de facilitar el aprendizaje. Y lo más importante es

Nota * Se trata de la Sporosarcina pasteurii, una bacteria capaz de precipitar calcita, base del cemento.

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