The origin In the mid-nineteenth century, the location that is occupied today by Baquedano was destined to become convents in an unexplored periphery that, little by little, was filled with marginality and misery. The nuns began to move due to political decisions that were not without controversy: the first occurred in 1841 to widen Moneda Street to the south, due to a court ruling, which affected the Augustinian Nuns´ congregation. The rest of the operations took place to the south of the capital where, by order of President Manuel Bulnes, agricultural fields were purchased to create a true military district with Parque de Marte, the Military School, arsenals, and other facilities. The Slaughterhouse also stood out, whose influence was enormous, to congregate a more abandoned, polluted, and severely dangerous southern border, which consolidated its destiny as a popular zone with the channeling of the Zanjón de la Aguada, Santiago´s most important and smelly open sewer. With that border defined, the most modern and economically relevant developments had to look for other horizons. Another important milestone was the construction of the cemeteries, a leper colony, and a series of undesirable uses on the city´s northern edge that like the Slaughterhouse, would determine all land uses in this area, popularly known as La Chimba, which for decades was disconnected by the river outlets that overflowed the precarious bridges built to carry the dead, the sick and their families to death plots. With the north and south defined by these large urban operations of regrettable sanitary burden, the city had to develop its noblest and most functional neighborhoods towards the eastern and western edges of Plaza de Armas. This role was reaffirmed with the construction of a horse- drawn tram that reinforced the importance of Alameda de las Delicias del Libertador, with more movement and connectivity, and that faced the east, where the convents and agricultural fields were located, but without touching it, leaving it as a territory of expectations, similar to the one that existed to the west. But the fate of Baquedano was definitely marked by the consolidation of the western front with the construction of the Central Railway Station in 1857, and the appearance of the dangerous Chuchunco neighborhood associated with its flows and activities that, like any railway district, clustered hotels, stores, slaughterhouses, brothels, and all the vices and pleasures that a metropolis can offer to a traveler. With these northern, southern and western fronts marked by these mega works and transformations, the future Plaza Baquedano took shape to become a socioeconomic frontier and the postcard of modernity.
El origen A mediados del siglo XIX, el lugar que ocupa hoy Baquedano estaba destinado a conventos en una periferia inexplorada que, poco a poco, se fue llenando de marginalidad y miseria. Las monjas comenzaron a moverse debido a decisiones políticas no exentas de polémica: la primera ocurrió en 1841 para ampliar la calle Moneda hacia el sur, por una sentencia de la justicia, lo que afectó a la congregación de las Monjas Agustinas. El resto de las operaciones se desarrollaron al sur de la capital donde, por orden del presidente Manuel Bulnes, se compraron chacras para habilitar un verdadero distrito castrense con el parque de Marte, la Escuela Militar, arsenales y otra serie de instalaciones. También destacó el Matadero, cuya influencia fue enorme, para congregar un límite sur más abandonado, contaminado y severamente peligroso, que consolidó su destino como zona popular con la canalización del Zanjón de la Aguada, la cloaca abierta más importante y pestilente de Santiago. Con ese borde marcado, el desarrollo más moderno y económicamente relevante tuvo que buscar otros horizontes. Otro hito importante fue la construcción de los cementerios, leprosarios y una serie de usos no deseados en el límite norte de la ciudad lo que, al igual que el Matadero, condicionarían todos los usos del suelo de este territorio, conocido popularmente como La Chimba, el cual estuvo por décadas desconectado por las salidas del río que desbordaban los precarios puentes construidos para llevar los muertos, enfermos y sus familiares a los potreros de la muerte. Con el norte y el sur marcados por estas grandes operaciones urbanas de lamentable carga sanitaria, la ciudad debió desarrollar sus barrios más nobles y funcionales hacia los bordes oriente y poniente de la Plaza de Armas. Este rol se reafirmó con la construcción de un tranvía de sangre que refuerza la importancia de la Alameda de las Delicias del Libertador, con más movimiento y conectividad, y que se asomaba hacia el oriente, donde estaban los conventos y las chacras, pero sin llegar a tocarlo, lo dejó como un territorio de expectativas, similar al que existía por el poniente. Pero la suerte de Baquedano quedó definidamente marcada por la consolidación del frente poniente con la construcción de la Estación Central de Ferrocarriles en 1857, y la aparición del peligroso barrio de Chuchunco asociado a sus flujos y actividades que, como todo distrito ferroviario, agrupó hoteles, comercios, mataderos, lenocinios y todos los vicios y placeres que puede ofrecer una metrópolis a un viajero. Con estos frentes norte, sur y poniente marcados por estas mega obras y transformaciones, la futura Plaza Baquedano tomó ritmo para transformarse en una frontera socioeconómica y en la postal de la modernidad.
En 1892 la idea de la plaza La Serena comenzó a tomar forma. Con el río domesticado, avanzaron los tranvías hacia el oriente, se construyeron paseos en los tajamares y una línea de tren que iba hacia Pirque y Puente Alto. In 1892, the idea of Plaza La Serena began to take shape. With the river tamed, horse-drawn trams advanced eastward, boardwalks were built on the riverbanks and a train line ran to Pirque and Puente Alto.
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AOA / n°44
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