El barrio alto se movió desde la ciudad decimonónica de Vicuña Mackenna hasta la moderna “ciudad jardín” de Providencia, y la Plaza Italia se transformó en la frontera a cruzar para acceder a la modernidad aguas arriba y al dolor y la crisis aguas abajo.
La remodelación del parque Bustamante y la Frontera Social Los usos “no deseados” aumentaron a medida que Santiago se industrializaba y llegaban los migrantes desde las regiones. La crisis de los años 30 tuvo un impacto significativo en este proceso, desbordando la ciudad de miseria, especialmente en los bordes de La Chimba, Zanjón de la Aguada y Chuchunco. Nuevamente, la para entonces denominada Plaza Italia, ex Plaza La Serena, quedó fuera de esta dinámica, en parte, porque no existían usos preexistentes, pero también, porque en 1930, comenzó lo que sería la mayor obra de reconversión industrial de la historia: la demolición de la estación Pirque, levantada tan solo hace 40 años y la transformación de los patios de rieles en el Parque Bustamante. Visto en retrospectiva es impresionante lo que hace el Estado en un país pobre y severamente afectado por la crisis económica y del salitre. Pero este hecho, sumado a la ley de comunas autónomas y la aparición de los alcaldes “loteadores” que describe el historiador Armando de Ramón, hicieron que el oriente, protegido por los tajamares, hermoseado por el Parque Bustamante, y con pocos usos no deseados, se transformara en el territorio perfecto para llevarse los barrios altos del sector de República y Concha y Toro, hacia las chacras de las monjas. Las operaciones inmobiliarias de enorme tamaño también avanzaron por Ñuñoa, con grandes inmobiliarios que, además, oficiaban de políticos, logrando construir con recursos públicos tranvías para conectar sus campos. Ricardo Lyon, alcalde-loteador fue el más destacado, ya que valorizó sus predios transformándose en un éxito de ventas. El barrio alto se movió desde la ciudad decimonónica de Vicuña Mackenna hasta la moderna “ciudad jardín” de Providencia, y la Plaza Italia se transformó en la frontera a cruzar para acceder a la modernidad aguas arriba y al dolor y la crisis aguas abajo. Curiosamente, en 1928, el lugar ya había cambiado nuevamente de nombre. El Presidente Ibáñez del Campo decidió rebautizarlo para honrar a un militar como él, el general Manuel Baquedano, héroe popular muy querido y admirado por el pueblo debido a su rol como comandante de las tropas en la Guerra del Pacífico, de la cual Chile obtuvo recursos importantes para poder paliar la crisis que se vivía. En los años 30 la estatua de General Baquedano lucía espléndida sobre su caballo, y la plaza se amplió y modernizó, muy inspirada en las rotondas de París, quedando como punto focal de encuentro entre grandes avenidas como la extensión de la Alameda hacia el oriente, y Vicuña Mackenna, que ocupó las tierras liberadas por el ferrocarril a Pirque. El epicentro del estallido En octubre de 2019, el estallido social que remeció a Chile tomó este punto como centro de las manifestaciones como ya había ocurrido hace décadas. Según se sostiene en la publicación “La ciudad y sus arquitectos”, este rol de recibir congregaciones se consolidó, recién, en la dictadura de Pinochet cuando el paseo Bulnes, que era el escenario anterior de las manifestaciones, quedó custodiado por fuerzas militares para proteger la Llama de la Libertad que el dictador puso al costado del memorial de O´Higgins, tapando la perspectiva del eje Bulnes imaginada por Brunner en los 30 junto a los arquitectos del Barrio Cívico. Según se indica, este hecho desplazó las manifestaciones hacia Baquedano que, a estas alturas, ya tenía poco de la plaza parisina
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AOA / n°44
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