a modernidad empieza en los años 20, tras la devastadora revolución mexicana y se trunca con los sangrientos episodios de 1968. Curio- samente, el intervalo entre ambos sacrificios humanos coincide con los periodos con que se medía la historia prehispánica. A lo largo de estos cincuenta años de mitad de siglo XX, dos grandes corrientes arquitectónicas recorrieron México en movimiento pendular, que correspondían a los deseos de internacionalización, por un lado, y a la búsqueda de unas raíces que definieran la identidad nacional por el otro, oscilando desde el racionalismo moderno hasta el movimiento hacia lo vernáculo. El movimiento moderno fue más allá de par- ticularidades nacionales, irrumpiendo en los treinta primeros años y unificando en un único lenguaje –convertido en estilo– las arquitecturas de los años 40 y 50. Figuras como Juan O’Gor- man, Mario Pani o Augusto Álvarez, por sólo citar algunos, eran apóstoles del funcionalismo internacional. No faltaba conexión entre ellos ni con arquitectos europeos ni estadounidenses, siendo propagadores de la nueva fe, desde sus revistas y sus cátedras. A su vez, se reivindicó el estilo neocolonial en spaces are examples of this". 1 L M Los años modernos The Modern Years
A lo largo de estos cincuenta años de mitad de siglo XX, dos grandes corrientes arquitectónicas recorrieron México en movimiento pendular, que correspondían a los deseos de internacionalización, por un lado, y a la búsqueda de unas raíces que definieran la identidad nacional por el otro, oscilando desde el racionalismo moderno hasta el movimiento hacia lo vernáculo.
odernity begins in the 1920s, after the devastating Mexican revolution, and is cut short by the bloody episodes of 1968. Curiously, the interval between both hu- man sacrifices coincides with the peri- ods with which pre-Hispanic history was measured. Throughout these fifty years of the mid-twentieth century, two great architectural currents ran through Mexico in a pendular movement, corresponding to the desire for internationalization on the one hand, and the search for roots that would define the national identity on the other, oscillating from Modern rationalism to the movement towards the vernacular. The Modern Movement went beyond national particularities, erupting in the ear- ly thirties and unifying the architectures of the forties and fifties into a single language -which became a style. Figures such as Juan O'Gorman, Mario Pani, and Augusto Álvarez, to name but a few, were apostles of international functionalism. There was no lack of connection between them and European or American architects, and they were propagators of the new faith from
their magazines and chairs. In turn, the neo-colonial style was vindicated in the 1920s as an expression of Mexican identity, and art deco was accepted shortly thereafter since it naturally integrated pre-Hispanic ornamentation. Years later, Luis Barragán rescued vernacular architecture, maintaining the basic values of modern archi- tecture -unitary construction, absence of ornamentation, and overt structure- from contextual and artisanal perspectives. He was followed by a trail of disciples who evolved, in some cases, towards an indigenous vernacularism that was closed to any innovation, and the search for a national identity remained in adobe walls, brick arches, and walls painted in popular colors. As Fernando González Gortázar said in his encyclopedic history of 20th-century Mexican architecture, "All the great universal currents of the 20th century have had their followers here, and these were not simple transcriptions but interpre- tations from a different sensibility, adapting themselves to the climatic, technological and economic conditions of the Mexican reality. The use of color and the treatment of open
los años 20 como expresión propia de la identidad mexicana, aceptando el art déco poco después, ya que integraba la or- namentación prehispánica con naturalidad. Años más tarde, Luis Barragán rescató la arquitectura vernácula, manteniendo los valores básicos de la arquitectura moderna –construcción unitaria, ausencia de ornamentación y estructura manifiesta– desde perspectivas contextuales y artesanales. Tras él, siguió una estela de discípulos que evolucionó, en algunos casos, hacia un vernaculismo de corte indigenista que se cerró a toda innovación, y la búsqueda de una identidad nacional se quedó en las paredes de adobe, los arcos de tabique aparente y los muros pintados de colores populares. Como decía Fernando González Gortázar en su enciclopé- dica historia de la arquitectura mexicana del siglo XX, “todas las grandes corrientes universales del siglo XX han tenido aquí sus seguidores, y no se trató de simples transcripciones, sino de interpretaciones desde una sensibilidad distinta ade- cuándose, además, a las condiciones climáticas, tecnológicas y económicas de la realidad mexicana. El uso del color, y el tratamiento de los espacios abiertos son ejemplos de ello”. 1
Throughout these fifty years of the mid-twentieth century, two great architectural currents ran through Mexico in a pendular movement, corresponding to the desire for internationalization on the one hand, and the search for roots that would define the national identity on the other, oscillating from Modern rationalism to the movement towards the vernacular.
1 González Gortázar, Fernando. La arquitectura mexicana del siglo XX, México 1994, p. 14
1 González Gortázar, Fernando. Mexican Architecture of the 20th Century, Mexico 1994, p. 14
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