Se utilizaron andadores y escalinatas con ciertas remi- niscencias de las antiguas ciudades prehispánicas. Por otro lado, la estética moderna se refleja en la composición de cada edificio, dando unidad al conjunto. Así, el plan maestro del campus, en contraste con sus orígenes míticos, corres- ponde a los principios del urbanismo moderno, como son la súper-cuadra, la separación de los sistemas de circulación y la zonificación de actividades. El proyecto lo lideraron los arquitectos Enrique del Moral y Mario Pani –plan maestro y Torre de Rectoría–, participando Augusto H. Álvarez –edificio de las Facultades de Letras–, José Villagrán –Escuela de Arquitectura–, Félix Candela –pabellón de Rayos Cósmicos–, Juan O´Gorman –Biblioteca Central–, Pedro Ramírez Vázquez –Facultad de Medicina– y Teodoro González de León –en el plan maestro–, entre otros muchos. La Ciudad Universitaria debía asumir la contradicción de querer ser moderna y, al mismo tiempo, representar una identidad nacional. Ornamentación y masividad, que si bien eran rechazados por el estilo internacional como rasgos pro- pios de la arquitectura precedente que pretendía trascender, encontraban hondo arraigo en la tradición cultural nacional. Fue la pujanza de esta tradición la que impuso en la Ciudad Universitaria la participación de las artes plásticas, la presencia del color, de los juegos de texturas y de volúmenes, así como la masividad, infligiéndole a la ortodoxia funcionalista el vuelo más contundente. 11 De este modo, artistas mexicanos como David Alfaro Si- queiros, Diego Rivera o Carlos Mérida, preocupados por el contexto físico e histórico transgredieron el espíritu funcio- nalista al recurrir a murales representativos, metafóricos y simbólicos. Los murales como en los tiempos antiguos de los códices, sirvieron de representaciones gráficas de un mensaje cultural. Aunque fuertemente criticados y hasta ridiculizados particularmente por el historiador italiano Bruno Zevi, quien se refirió a ellos como el “grotesco messicano” , estos murales dentro de la arquitectura del Ciudad Universitaria tuvieron una importancia social y estética, y una misión que cumplir. Ruptura En la Plaza de las Tres Culturas –la prehispánica, la colonial y la moderna–, un día de octubre de 1968, se rompió el hilo que
Mexican artists such as David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera, and Carlos Mérida, concerned with the physical and historical context, transgressed the functionalist spirit by resorting to representative, metaphorical and symbolic murals. The murals, as in the ancient times of the codices, served as graphic representations of a cultural message. Artistas mexicanos como David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera o Carlos Mérida, preocupados por el contexto físico e histórico transgredieron el espíritu funcionalista al recurrir a murales representativos, metafóricos y simbólicos. Los murales como en los tiempos antiguos de los códices, sirvieron de representaciones gráficas de un mensaje cultural.
11 Vargas Salguero, Ramón. El imperio de la razón, La arquitectura mexicana del siglo XX, México 1994, p. 78
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AOA / n°48
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