Revista AOA_40

ARQUITECTURA MODERNA LATINOAMERICANA LATIN AMERICAN MODERN ARCHITECTURE

Campo Alegre.

Museo de Bellas Artes. Museum of Fine Arts.

de la ciudad era un atractivo negocio. Un caso de interés fue el barrio Bella Vista, de 1936, también proyectado por González Méndez, que instala racionalidad constructiva y tipológica y lenguaje moderno (Posani, 1969, p. 344). Esta primera incursión de la modernidad se manifestó compleja y heterogénea: si bien los programas conducían hacia procesos acelerados de modernización, las herramientas tecnológicas y los conceptos modernos se entremezclaban con la fuerte presencia del eclecticismo académico, así como también de la nueva geometrización del clasicismo derivada de la Exposición de Artes Decorativas de París de 1925. Además, y de modo muy presente en la arquitectura doméstica, el neohispano, como un estilo que en otras coordenadas se constituyó en manifiesto nacional ante las corrientes "internacionalistas, ateas y materialistas" expresadas en las vanguardias europeas. Así, Venezuela fue afectada también por esta corriente portadora de voluntades nacionalistas, pero vaciada del carácter de manifiesto ético-político que se había expresado en muchos países del continente. De este modo, los arquitectos que actuaron en este primer tiempo mostraron este proceso de transición del ecléctico al moderno. La mayoría de los pioneros transitaron este tiempo 'impuro' de la modernidad: Manuel Mujica Millán (1897-1963), arquitecto español titulado en la Escuela Técnica Superior de Barcelona en 1925, se trasladó a Venezuela iniciando un conjunto de proyectos como la remodelación del Hotel Majestic (1927), del Panteón Nacional (1930) y la Catedral de Mérida (1945). Todas estas intervenciones acentuaron el estilo colonial hispánico preexistente. Sin embargo, la arquitectura doméstica fue tratada de modo distinto: en la urbanización Campo Alegre, también obra suya, construyó un volumen significativo de viviendas familiares así como en la nueva urbanización de La Florida. Las obras de Manuel Mujica cubrieron el amplio espectro estilístico de la arquitectura regionalista vasca, el hispánico colonial, hasta el más radical estilo moderno. Dijo en 1930: "Venezuela no posee su estilo peculiar, sino que cuenta con materias primas excelentes para la construcción y decoración arquitectural". Esta declaración libraba de cualquier norma o imposición y abría la posibilidad de aplicar cualquier estilo de acuerdo con la significación y relevancia del encargo, en el cual predominó el hispánico colonial para la arquitectura institucional de iglesias, casas de hacienda y de gobierno, así como el

más radical y moderno "estilo yate" para la arquitectura doméstica. Un caso diferente fue el arquitecto Carlos Raúl Villanueva (1900-1975), quien se graduó en la École Nationale Supérieure des Beaux-Arts de París en 1928 y se trasladó a Caracas al año siguiente. Incorporado de inmediato al Ministerio de Obras Públicas, Villanueva desarrolló un conjunto de proyectos institucionales como el Hotel Jardín (1929), la Plaza de Toros de Maracay (1933), el Museo de Bellas Artes y el Museo de Ciencias de Caracas (1934-35) y, junto con Luis Malaussena, el Pabellón venezolano para la Exposición Universal de París de 1937. Estos edificios se expresaron entre el estilo colonial hispánico, californiano, mudéjar y un riguroso clasicismo académico, dependiendo del carácter de la obra, según prescribía la Academia. Sin embargo, otro tipo de obras, también institucionales -como el Hospital Psiquiátrico de Lídice (1931-32) y la Escuela Gran Colombia (1939)- fueron radicalmente modernas, mostrando no sólo su capacidad de abordar con soltura cualquier estilo, sino la de interpretar los nuevos programas de la modernidad: la salud, la educación y la vivienda. Para Carlos Raúl Villanueva este será el verdadero ámbito de la creatividad y el lugar de la arquitectura moderna. Aquí es donde se produjo la afortunada síntesis entre programa moderno y arquitectura moderna. La mencionada transición en la arquitectura de Venezuela quedó registrada de modo especial en edificios institucionales, que parecieran dar a la nueva ciudad un carácter monumental, que sin embargo perderá rápidamente. En efecto, obras como el Ministerio de Fomento, de 1934; el Sanatorio Antituberculoso, de 1939; el Hospital Militar de Maracay, iniciado en 1930; el Teatro Boyacá, de 1940, hasta el Observatorio Cagigal, de 1954, realizados por el arquitecto Carlos Guinand Sandoz (1889-1963) con estudios superiores en el Technische Hochschule de Munich, revelarán la sobriedad académica del clasicismo y el Art Decó. Con estos mismos lenguajes se destacan el Teatro Principal en Caracas (1928), el Palacio de la Gobernación de Caracas (1933) y el Banco Central de Venezuela (1942), del arquitecto Gustavo Wallis Legórburu (1897-1979). No obstante, el mismo arquitecto desarrolló edificios de oficinas notablemente modernos, como el Veroes (1940) y el General Páez (1949), ambos en una Caracas que comenzó a vivir la ciudad terciaria con edificios en altura, fachadas regulares y esquinas redondeadas.

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