PATRIMONIO
Templo Andino: una categoría de tesoro de la humanidad
Por : magdalena pereira
Perpetuados a través de la constante circulación de personas y objetos a lo largo de los siglos; primero, desde los remotos tiempos del Imperio Tiwanaku (VI - XI); luego, durante la expansión Inca (XV-XVI) y, finalmente, en el período correspondiente al Imperio Español (XVI-XIX). Posteriormente, expandidos y resurcados como ramales del Qhapac Ñan (Camino del Inca) y de los caminos reales, que conectaron valles, sierra y altiplano del sur andino; los viejos caminos troperos del mundo andino siguieron siendo contenedores de vida y comunidades que construyeron su relato histórico a partir de esos espacios de circulación. Todo esto puesto de relieve en la imbricación cultural de su tradición aymara y el efecto evangelizador por parte de las órdenes religiosas que ejercieron su misión en esos lugares, desarrollándose, a la larga un “mestizaje cultural”, que unió su sensibilidad espiritual y comunicación con su entorno, junto a una profunda fe manifestada en el desarrollo del Templo Andino, como centro articulador de la vida social y espiritual. Considerando esa individualidad es que el Estado de Chile, por medio de su instancia técnica –el Consejo de Monumentos Nacionales–, ha propuesto, en su lista tentativa de sitios Patrimonio de la Humanidad, las llamadas “Iglesias del Altiplano”. Al respecto, en el sitio web del Consejo se establece brevemente el carácter de las mismas, indicando que: “El reflejo más tangible del encuentro entre el mundo hispano y el de Tarapacá son las numerosas capillas e iglesias edificadas en la época. La región fue colonizada por los españoles tempranamente”.
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