dadosamente localizados por sobre la línea de la vegetación, constituyen un mirador al verdor del valle. Lugar de recreación, contemplación e información. Amontonados símbolos. Aunque aparecen sin orden, luego de un examen más riguroso develan cuadros de momentos de la vida de estos pueblos antiguos. La cacería, la guerra o la batalla, el siempre presente disco solar, la caravana, los animales. Ocasionalmente, referencias a la fauna: serpien- tes, llamas, guanacos y aves se entremezclan en las pizarras eternas con cazadores, niños, grupos de gente. El ánimo se acelera ante el descubrimiento de los glifos. Altos sobre la quebrada, próximos al visitante. Señalan la ruta, marcan el destino, dan cuenta de la presencia y son testimonio silente de los que antes vieron y poblaron este lugar. Las huellas de la ocupación están por todas partes: ruinosos corrales, graneros de piedra, tambos, acueductos, terrazas de cultivo. Genial y redonda manera de asentarse que reconoce y aprovecha al máximo los recursos regalados por el medio –la pendiente, los cursos de agua, aleros de sombra, oasis de verdor, tierra labrable, piedra, barro y paja como mate- riales disponibles– y los maneja y articula dando lugar a un ciclo de explotación capaz de sostener la vida por milenios. A ello aporta la humana necesidad de registro, identidad y espiritualidad, dejando al tiempo su arte rupestre, recintos ceremoniales y memoria. Ofragía es, entonces, algo de todo esto. Como heme- roteca periódica de la prehistoria, acumula capas y capas de información seleccionada para sus contemporáneos y, quizás sin proponérselo, para quienes los seguimos en la evolución histórica. Habitar las quebradas en el desierto es una lección para nosotros. Arquitectos diseñadores del mañana encontramos en su visita claves para nuestro presente y futuro. Hoy, quienes pueblan estos sitios lo hacen en consideración de las mismas claves que los pueblos prehispánicos. Fragilidad y escasez de recursos. Bordes críticos entre la vida y la aridez. Respeto a las reglas del medio. Inseguridad frente al desastre natural. Autosustento frente al aislamiento. Refugio y auxilio mutuo. Fraternidad y hospitalidad ante el viajero o visitante. Silenciosa admiración de las estrellas. Responsabilidad en el cuidado del lugar, su fauna y flora. Una única y personal percepción y habitación de la dimensión temporal. Valores ancestrales como lecciones de habitación. Con esta mirada, el recorrido se hace vivo y profundo. El patrimonio supera el edificio y alcanza el asentamiento y el paisaje que significa y educa. ¿Cuáles son las lecciones que nuestro moderno paisaje y forma de habitar entrega al futuro? ¿Cuál y cómo es el paisaje patrimonial que entregaremos? !
R Ocasionalmente hay referencias a la fauna: serpientes, llamas, guanacos.
L
a quebrada de Codpa, en las nacientes de la quebrada de Vitor, es un lugar excepcional. Allí se encuentra un testimonio de vida y asenta- miento humano que, atravesando el tiempo, nos muestra de forma clara la condición bus-
cada hoy por nuestro paradigma de la sustentabilidad: como habitar un territorio de forma respetuosa con sus formas y usar sus riquezas para dar sustento a la vida humana y de sus comunidades, sin por ello degradarlo o perderlo. En un delicado balance entre el medioambiente y un patrón de ocupación, explotación y desarrollo, se configura durante siglos un modo de implantación de la obra humana, de uso cuidadoso del recurso escaso (el agua como expresión prin- cipal), y también de la producción de sutiles e importantes bienes habitacionales. La sombra, solidez de las estructuras, desafío de la topografía mediante terrazas de cultivo, redes de riego y circulaciones, puntos de reunión, lugares de ofrenda, adoración y ceremonia. En diálogo cotidiano, la Pachamama condiciona las acciones humanas más sutiles como brindar, viajar, edificar o recordar. Estamos ante la integración de observaciones milenarias y su transformación en lecciones de producción, edificación y habitación. Ofragía, una pequeña localidad en el corazón del recorrido prehispánico desde el altiplano a la costa, siguiendo el curso de la vitalidad de la quebrada y sus aguas, es hoy custodia de una manifestación espectacular de arte y comunicación. Los pueblos antiguos, en su tránsito bidireccional de caravanas por el sistema de quebradas y llanuras, dejaron grabados en piedra sus recuerdos, señales y lecciones históricas. Los petroglifos de Ofragía, unos pocos kilómetros aguas abajo de Codpa siguiendo el curso de su quebrada, nos muestran el talento de sus anónimos autores. Maestros y aprendices marcaron sus huellas sobre las piedras en la ladera sur de la quebrada. justo en la confluencia con el afluente proveniente de Timar. Mirando al norte, los glifos parecen adquirir vida al correr de las horas y el cambio de la orientación solar. Cui-
El ánimo se acelera ante el descubrimiento de los glifos. Altos sobre la quebrada, próximos al visitante. Señalan la ruta, marcan el destino, dan cuenta de la presencia y son testimonio silente de los que antes vieron y poblaron este lugar.
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