PATRIMONIO
Timar y Ticnamar con frutos y cantos
Por : klaus benkel
San Juan Bautista y la Virgen Asunta presiden la vida en la quebrada de Garza. La Pachamama también la bendijo con un riachuelo que transforma el sector en un vergel.
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espués de una rápida visita al complejo turístico de Vila-Vila en las cercanías de Codpa (1.850 m.s.n.m), cuyas cabañas de piedra y adobe están siendo construidas según las recomendaciones y enseñanzas
Q U Iglesia San Juan Bautista de Timar e Iglesia de la Virgen Asunta de Ticnamar, 2014. R Altar de la Iglesia San Juan Bautista de Timar, 2024.
de la Fundación Altiplano, enfilamos valle abajo para llegar a la localidad de Ofragía, donde nos maravillamos con una muestra espectacular de petroglifos. Ellos dan testimonio de que estos lugares remotos han sido habitados por miles de años, y veían pasar las caravanas de comercio entre los pueblos asentados en la costa y los del altiplano. Acá abandonamos el valle de Vitor para adentrarnos en una quebrada secundaria que trae agua solo en la época de lluvias, por lo que no hay indicios de una explotación agrícola permanente. Tras algunos kilómetros, el camino deja el fondo de la quebrada y se eleva hasta alcanzar la meseta del que constituye el Desierto de Atacama. Después de un recorrido que nos toma un buen rato –pero de apenas poco más de veinte kilómetros– llegamos al poblado de Timar (2.373 m.s.n.m) situado, al igual que las localidades visitadas con anterioridad, en el fondo de la profunda quebrada de Garza, al que baja un riachuelo que permite regar el valle, convirtiendo el sector en un vergel. Timar se organiza como una especie de poblado lineal a lo largo de su única calle, y remata en una plazoleta delante de la pequeña iglesia dedicada a San Juan Bautista. Acá, y
gracias a la coordinación previa de la Fundación Altiplano, nos reciben los representantes de la comunidad que se toman el tiempo para abrirnos la iglesia, contarnos parte de la historia del lugar, e incluso entonar algunos cánticos religiosos con nosotros. Nuestra colaboración en esta materia fue más bien nula, quedando el peso de la tarea en las voces de tres señoras que se las arreglaron para hacer distintas armonías. Saliendo de Timar comenzamos un trayecto de poco menos de cincuenta kilómetros y una subida de 800 metros para alcanzar la iglesia de la Virgen Asunta de Ticnamar Viejo (3.230 m.s.n.m), situada a unos 600 metros de la plaza del actual Ticnamar. El antiguo poblado de Ticnamar estuvo localizado junto al lecho del río del mismo nombre y fue arrasado por una creci- da el año 1959, por lo que se decidió trasladarlo a un sector más alto, manteniéndose solo la iglesia y el cementerio en su emplazamiento original. Esa historia le da una característica especial a este templo, ya que se encuentra completamente aislado en el paisaje e inserto en un bosquecillo de gigantes- cos eucaliptus, por lo que es muy fácil olvidarse del entorno e imaginarse que se está en algún lugar del valle central de Chile. Junto a esta iglesia del siglo XVII/XVIII nos esperaba un rico y variado picnic junto con unos selectos vinos, lo que nos dio ánimos y fuerza para lo que nos esperaba. Pero esa es otra historia. !
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AOA / n°51
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