Revista AOA_51

“Nos habíamos empezado a desencantar, sobre todo por- que la normativa era estricta. Veíamos que no podíamos invitar a estos arquitectos extranjeros a diseñar proyectos si había demasiadas restricciones en Marbella”, recuerda Philippe. “Entonces, empezamos a pensar en otro lugar y eventual- mente llegamos a ver un terreno en Los Vilos. Era súper lindo, pero chico, no nos cabía una etapa entera. Entonces, nos comunicamos con el dueño del loteo, de apellido Collao, que nos fue a mostrar otro lugar, que tampoco nos gustó. Y de repente, dijimos: ‘¿y ese lugar de allá?’ “Los terrenos que nos mostraba estaban arriba, en el cerro, y yo miraba abajo, al lado del mar. Pero él respondió: eso no está a la venta, es para mi familia”, agrega Eduardo Godoy. “Le insistí hasta que aceptó. Bajé y, a la vuelta, dije: ‘son esos terrenos y no otros’. Así, con esa convicción mía, finalmente accedió”. “Además, él conoció Ochoalcubo en Marbella y le encantaba el proyecto”, añade Philippe. El terremoto del 27 febrero de 2010 y el de Japón el 11 de marzo de 2011 definieron la segunda etapa de esta aventura arquitectónica. Philippe recuerda que su padre “hizo una cone- xión espiritual” entre los dos países sísmicos y decidió que los invitados internacionales fueran sólo arquitectos japoneses. “El vínculo Chile-Japón, por decirlo así, es una relación fuerte, sólida. Y fue genial, porque Toyo Ito aceptó ayudarnos en una especie de curaduría para seleccionar a ocho arquitectos. Y así partió el proyecto”, evoca Eduardo Godoy.

R Catálogo de Ochoquebradas en Los Vilos, con las 16 casas.

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Arquitecto invitado

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