Por otro lado, la parte paisajística. Tú sabes lo difícil que es hacer paisajismo sobre un techo, los famosos techos verdes. Entonces, lo que logramos sacar de material del terreno que estaba molido, el cual incluía arena, lo usamos como sustrato. En vez de materia orgánica, que allá es imposible conseguir. Usamos sustratos de este tipo y eso es parte de conceptos que hoy son claves. Este proyecto ya los incorporaba.
R V Vista de las escaleras y sombreaderos. Vista de mirador sobre las rocas. X Vista aérea.
Alberto Texidó: ¿Hubo algún momento especialmente difícil?
Rodrigo Werner: Un tremendo problema para los parques fue la época en que se dejaron de mantener y tuvieron que vérselas por sí mismos. Esa fue la mejor prueba a ver si funcionaban o no, que soportaran desde el estallido social hasta la pandemia: dos golpes muy fuertes para el espacio público. Las ciudades terminaron muy deterioradas, y este parque, si bien estaba concluyendo la etapa de obra, resistió bastante bien. Y eso habla de la resiliencia. Con plantas de bajo consumo hídrico, con un buen sustrato, y la piedra –el material de nula man- tención– que justamente no envejeció sino que, al contrario, se tornó más atractivo. El material vegetal también resistió. Alberto Texidó: Los elementos de sombra fueron creados, ¿cierto? Imagino que también tienen todo un desafío de la resistencia del metal ante el aire marino y las sales del suelo. ¿Los palillajes son de madera? Rodrigo Werner: En el norte hay dos realidades muy distintas: la planicie costera, que tiene una humedad constante por sobre el 70%, y el desierto interior, donde la humedad relativa del aire es un 10%. No hay madera que aguante, porque tiene una estabilidad al 12%. Entonces, aprovechamos la humedad
relativa e hicimos palillaje con madera laminada y acero gal- vanizado. Lo más interesante es que recuperamos el sistema trillage, que se usaba en la época del salitre: armaban unas especies de rombos superpuestos. Esa misma idea se fue trabajando al superponer estos sombreaderos, y las sombras se fueron alternando con la superficie rocosa. Las sombras están relacionadas a las áreas de estar y los recorridos se dejan más abiertos para poder tener una relación con la geografía. La obra incluye varios puntos visuales, sobre todo los miradores que están arriba, en la parte alta de las rocas. Sebastián Rozas: Cuando se mira la foto aérea, el parque se camufla, casi no se ve, pero tiene bastante arquitectura. Hay desarrollo de terrazas, jardineras. Rodrigo Werner: Hay algo súper importante. Desde Copiapó al norte nosotros hemos detectado que, con el tiempo, todo tiende al mismo tono; a esto le llamamos la pátina del desierto, color óxido y aceitosa. Un aspecto espacial relevante, con algunos meses de uso, corresponde a que se aprovechan esas pequeñas planicies que detectamos en el terreno y ahí se arman sombras y zonas de descanso. El colegio se toma la foto de curso aquí en el parque y eso es increíble. Imaginen el orgullo de esta gente que no tenía ningún espacio público de desahogo, y pasa a ocuparlo de manera intensa. Sebastián Rozas: Siguiendo en la misma línea, cuando se ven fotos aisladas del parque da la impresión que estuviera en un entorno natural, pero está en un ambiente urbano y súper cons- truido. Sería interesante saber cómo se pensó la mediación entre este parque y la oferta de la naturaleza con la que está trabajando.
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Reportaje
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