Alberto Texidó: Por este proceso participativo que genera diseño y que de alguna manera pronostica usos, es muy pro- bable que empiecen a ocurrir cosas inesperadas, no deseadas. Por ejemplo, que aparezcan skaters o graffiti. Entonces, ¿hay alguna variable donde la elección del material esté pensada en una lógica circular? ¿Este proyecto es desmantelable en el futuro sin grandes complicaciones? Rodrigo Werner: Sí, claro, de partida el tema de la roca se nos ocurrió porque se acababa de construir la Ruta Uno de Chile que une Iquique, Tocopilla y Antofagasta. En la instalación de faenas había rumas de piedras tiradas desde hacía un par de años y nosotros las reciclamos y las trajimos al parque. Esta piedra tiene una superficie muy rugosa y tiene tonalidades. Entonces, como es tan irregular los graffiti no quedan bien. La roca es un material que estaba disponible y presenta muchas condiciones para la zona norte; también logramos traer per- sonas que trabajaban enchapando; la constructora Socoher encontró antiguos mamposteros. Ya no se estaba usando la piedra, así que se reactivó un material que estaba en desuso. Con el constructor, Juan Celpa, hicimos una investigación de pavimentos de roca. Por ejemplo, en las imágenes se puede ver: esta roca es rústica, pero esa otra está pulida o flameada. Hay un pavimento de roca natural con hormigón pulido. Hay otro pavimento que es hormigón lavado con roca embebida. Este es una joya y fue una artesanía hacerlo porque hay que instalar una malla, después amarrar la malla a las piedras, luego hormigonar y finalmente lavarlo. Fue increíble. Hicimos un muestrario de lo que se puede hacer con roca, y que podría replicarse perfectamente en otros lugares en el norte.
Q Detalle de pavimento. X Detalle de paisajismo.
nos pidió un acceso al parque. Ellos tienen una huerta urbana y una zona para hacer reciclaje; entonces se encargan de la basura que genera el parque y la van recopilando. La que se puede reciclar, la tratan en el propio colegio. Sebastián Rozas: En el proceso previo de participación ciu- dadana, ¿pudieron distinguir alguna sensación identitaria de los habitantes en relación con su paisaje? Rodrigo Werner: Hicimos un concurso para poner nombre a las rocas del parque, porque está el antecedente de la Piedra del Camello. Entonces está la Roca del Elefante, la del Pirata, la del Barco Invertido; de esta forma, ahora no querían elimi- narlas porque ya tenían nombre. Eso ayudó mucho a la idea de identidad, fue una anécdota importante.
Sebastián Rozas: En el diseño mismo del parque, ¿empezaron presentando alguna intención o partieron desde cero?
Rodrigo Werner: Hicimos tres o cuatro talleres con vecinos y los colegios. Empezamos escuchando. Nunca partimos con un proyecto listo porque hemos tenido malas experiencias. Tenemos una herramienta llamada sociomapa en la cual, a partir de un plano, alguna foto u otro elemento los participan- tes, con algunas reglas del juego, empiezan a rayar, hablan del lugar e indican cuáles son sus historias y aspiraciones. Aquí, por ejemplo, se dio el tema de los toboganes. Decían, bueno, si vamos a subir por escalera, ¿por qué no bajamos por toboganes? Entonces se incluyeron toboganes asocia- dos a zonas con arena para que llegaran los niños. Después incluimos anfiteatros, que era una necesidad del colegio y en donde además celebrarían la fiesta de la “quema del mono”, típica de la región. Así se fueron componiendo los distintos programas. Se debe entender que acá hay pocos espacios públicos, entonces había mucha aspiración por el proyecto. En un punto querían incluir una piscina pública, entonces hubo que poner límites, pero en el fondo fuimos trabajando estos lugares con las necesidades locales.
74 ←
AOA / n°51
Made with FlippingBook - Online catalogs