En memoria / In Memory
Carlos Alberto Cruz Claro (1939-2022)
Descendiente de una ilustre familia de arquitec- tos, supo continuar el legado de excelencia que dejaron su abuelo Alberto Cruz Montt y su padre, Carlos Alberto Cruz Eyzaguirre, quienes diseñaron obras emblemáticas para nuestra historia arqui- tectónica. Antes de titularse en la Universidad Católica de Chile poryectó la casa Grez Matte en el cerro San Luis, una obra importante de la modernidad, al igual que la casa para la familia Falabella-García en Vitacura en 1969. Entre sus obras más relevantes, muchas para las que se asoció a otras importantes oficinas de arqui- tectura, destacan la Torre Entel de 1974, la torre Centro Santa María entre 1977 y 1980 y el edificio de oficinas en paseo Huérfanos esquina Enrique Mac Iver. Mención aparte merece su propia casa proyectada en los faldeos de la ladera sur del cerro San Cristóbal. Una casa de dos pisos sobre la base de volúmenes simples y puros, articulados por dos patios y una relación espacial y funcional con un cuidado paisajismo, fruto de décadas de planificación y mantención. Un arquitecto, erudito y un reconocido colec- cionista de arte que plasmó una arquitectura a partir de su territorio, idiosincrasia y cultura, y que marcó una manera de entender el habitar en nuestro país. Una de las frases que más reflejó y definió su quehacer fue "vivir un espacio transitan- do a través de él para que éste no sea un espacio muerto, o un recinto sin salida". Tuvo cuatro hijos, dos diseñadoras, Teresa Cruz Elton y Eloisa Cruz Elton y dos arquitectos, Carlos Ignacio Cruz Elton y Alberto Cruz Elton, la cuarta generación de la familia y que, probablemente, continuará su obra y su legado.
Rodrigo Larraín Gálvez (1950-2022)
Gustavo Munizaga Vigil (1937-2022)
Con solo 71 años nos ha dejado un hombre excep- cional, persona notable y profesional talentoso. Rodrigo Larraín egresó del Colegio Saint George a los 18 años, e inició sus estudios de arquitectura en la Universidad Católica de Valparaíso, los que finalizó en la Universidad de Chile. Al poco tiem- po de egresar, contrajo matrimonio y se instaló en Madrid, España, donde ejerció su profesión durante nueve años, y donde nacieron sus dos hijos, Rodrigo y María Fernanda. En Madrid, realizó estudios de interiorismo y restauración, y se asoció con su primo y gran amigo Gerardo Larraín Kimber, socio fundador de P&G Larraín. Juntos se dedicaron a comprar propiedades céntricas en la capital española, para restaurarlas –“hacer la magia”– como decía Ro- drigo Larraín, y luego venderlas. En 1982 volvió a Chile, y ejerció libremente la profesión hasta que, en 1988, fundó, junto a Luis Alberto Darraidou, la oficina Darraidou & Larraín en la que trabajó por 10 años. En 2001, decidió unir fuerzas con su hijo Rodri- go, con quien formó el Estudio Larraín. Con una amistad que iba más allá de su relación padre e hijo, se les reconoció como una oficina sin egos ni competencias, dedicados a hacer una arquitectura de bajo perfil, respetuosa con su entorno y de cuidada identidad. Su pasión por el interiorismo heredado de sus trabajos previos, le permitió darle a los proyectos del estudio una visión integral en complemento con la arquitectura. Es así como, luego de 20 años, esta oficina es reconocida con proyectos como el Hotel Ismael, El Hotel del desierto, El Hotel de la isla, las sedes de Inacap Valdivia y de Santiago Centro, El Hotel Hilton Garden Inn en Iquique, el Enjoy Pucon, La casa Chaguales y Chanchera, entre otros. Entre sus facetas más desconocidas estaban su pasión por viajar, pintar, escribir y coleccionar. Con un estilo único y talento extremo, pintaba abstrac- tamente los techos y planos de ciudades y edificios; logró adquirir a través de sus viajes, un sin número de piezas precolombinas, piedras y fósiles. Y en su último año de vida logró escribir su gran proyecto final titulado “La escalera de la conciencia”. Es innegable y destacable el legado tanto humano como profesional que nos deja Rodrigo, a quien dedi- camos este homenaje y extrañamos profundamente.
Conocí a Gustavo el año 1975, cuando fui asig- nado como ayudante al equipo docente del ya prestigiado taller que él impartía en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile, a poco tiempo de su regreso de Harvard, y precedido por el reconocimiento del Colegio Saint George, proyectado en conjunto con José Antonio Gómez, Manuel Atria y Francisco Lira. Inolvidables de ese periodo son las reuniones y debates sobre el urbanismo es su casa y talleres en Santa Ana, con amigos como Pilar Urrejola, Beto Eliash, Manuel Moreno, José Riesco, Marianne Balze, entre muchos otros. Como profesor titular, desde los ochenta, fue formador de muchas generaciones de arquitectos y promotor de intercambios entre estudiantes de la Chile y la Católica. El taller Munizaga-Rosas, realizado el primer semestre de 1977 fue una experiencia docente que marcó a toda una gene- ración sobre problemas de arquitectura y ciudad en temas de vivienda. Posteriormente prosiguió colaborando en la Universidad de Chile y participando en el Consejo Senior del Observatorio de Ciudades UC liderado por Roberto Moris, quizás su más destacado dis- cípulo, y llevó adelante importantes actividades docentes y de investigación en la Facultad de Arquitectura, Arte y Diseño de la Universidad Diego Portales, que hicieron que sus últimos años fueran plenos. Mi último encuentro con él fue en la Iglesia de El Bosque, en abril de 2021, donde a la salida de la misa pudimos conversar largo rato sobre su salud y actividades. Consciente de haber llegado a una edad avanzada con deterioro y reconociendo no haber tenido un carácter fácil, más bien vehemen- te, manifestó su permanente esfuerzo por seguir las enseñanzas y la fe en Cristo. Lo cierto es que, somos muchos los herederos de sus conocimientos y entusiasmo por el urba- nismo y su partida, constituye un imperativo para seguir comprometidos con la construcción de una ciudad, no solo más justa y con mejor calidad, sino que con mejores ciudadanos y ciudadanas. Intentaremos seguir la tarea. Hasta pronto, Gustavo.
pablo altikes pinilla
josé rosas vera
rodrigo larraín illánez
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AOA / n°43
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