Revista AOA_46

↤ ↦ Toma “Un nuevo amanecer”, Cerrillos, 2022.

atender a las necesidades de vivienda social. Las comunidades de pobres urbanos también enfrentan dificultades para encontrar suelos donde instalar su futuro campamento. Son presa frecuente de estafas por parte de quie- nes ofrecen lotes en falsas urbanizaciones; en otros casos no logran concretar la toma ante el rechazo de una población local que no desea tenerlos cerca. Muchos deben conformarse con ocupar pantanos, quebradas, laderas, riberas u otras localizaciones poco ventajosas desde una perspectiva urbana o ambiental. La evolución posterior de estos asentamien- tos es, en gran medida, incierta. En algunos casos la comunidad logra que se la radique en el lugar, en otros casos eso no es posible. Algunos campamentos se extienden y densi- fican con la llegada de más familias, otros se fraccionan a raíz de desencuentros entre autori- dades, directivas o vecinos. Muchos habitantes se trasladan de un campamento a otro antes de decidir su instalación definitiva. Mientras las posibilidades de desarrollo futuro cambien según las limitaciones, posibilidades y oportu- nidades que se les presentan, el campamento no puede ofrecer una permanencia definitiva. Sin embargo, la condición transitoria de los campamentos no debería privar a sus habitan- tes individual y colectivamente de cierta protec- ción en materia de seguridad de permanencia en el campamento. En lugar de considerarlos ya sea legales o ilegales, algunos países emplean conceptos más blandos como “derecho a uso de la tierra“, “ocupación por plazos acotados”, “alquiler del suelo” u “ocupación comunitaria”, para otorgar algún grado de seguridad de per- manencia a las comunidades sin comprometer definitivamente el destino del suelo. La precariedad material es el sello más vi- sible del campamento para quienes lo obser- van desde fuera. Sin embargo, ella no es solo consecuencia inevitable de la escasez extrema de recursos de su población o de la urgencia con que se trazó la disposición física de sus edificios. Por una parte, no es el tema que más preocupe a las comunidades. Éstas están más focalizadas en resolver situaciones – como por ejemplo la consolidación de la toma o el empoderamiento social, que de construir alojamientos durables y bien terminados. La vivienda informal primero se habita y luego se habilita, mientras en el sector formal recién se habita cuando está plenamente habilitada. La precariedad del campamento no lo hace descartable, sino mejorable, y la materialidad ligera permite reacomodar sus edificios cuando la disposición inicial debe corregirse, por ejem- plo, para introducir vías y servicios. De manera similar a lo que sucede con la permanencia, la condición precaria y transitoria del campamento tampoco debería excluir a sus habitantes de un nivel de habitabilidad básica, ni obligarlos a sobrevivir sin él hasta lograr una legalización de su situación. Es posible recurrir a alternativas tecnológicas intermedias, provi- sorias y de bajo costo como los pilones de agua comunitarios, redes e instalaciones eléctricas de emergencia, letrinas vecinales y equipamien-

The “A New Dawn” Toma, Cerrillos, 2022

Some shantytowns expand and densify with the arrival of more families, others break up because of disagreements between authorities, directors, or neighbors. Many inhabitants move from one camp to another before deciding to settle permanently. As long as the possibilities for future development change according to the limitations, possibilities, and opportunities presented to them, a shantytown cannot offer a definitive permanence. However, the transitory status of shanty- towns should not deprive their inhabitants individually and collectively of some protection in terms of security of permanence in the shan- tytown. Instead of considering them as either legal or illegal, some countries use softer con- cepts such as "land use rights", "limited-term occupation", "land rental" or "community occu- pation" to provide some degree of security of tenure to the communities without definitively compromising the land´s use. The material precariousness is the most visible seal of the shantytown for those who observe it from the outside. However, it is not only an inevitable consequence of the extreme resource scarcity of its population or of the urgency with which the physical layout of its

buildings was designed. On the one hand, it is not the issue that most concerns the com- munities. They are more focused on resolving situations - such as consolidating the toma or social empowerment, for example - than on building durable, well-finished housing. Informal housing is first inhabited and then enabled, while in the formal sector it is only inhabited when it is fully enabled. The precariousness of the shantytown does not make it disposable, but rather improvable, and the light materi- als make it possible to rearrange its buildings when the initial layout needs to be corrected, for example, to introduce roads and services. Similar to what happens with permanence, the precarious and transitory condition of the shantytown should not exclude its inhabitants from a basic habitability level, nor should it force them to survive without it until their situa- tion is legalized. It is possible to resort to inter- mediate, provisional, and low-cost technological alternatives such as community water tanks, emergency electrical networks and installations, neighborhood latrines, and prefabricated equip- ment to alleviate the precariousness while a definitive physical-environmental regularization is not yet possible or desirable.

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Reportaje / Feature Article

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