Revista AOA_39

Centro Urbano Antonio Nariño, Bogotá, de los arquitectos Néstor C. Gutiérrez B., Daniel Suárez Hoyos, Rafael Esquerra García, Enrique García Merlano, Alberto Herrera V., Juan Menéndez, Jaime del Corral y Álvaro Cárdenas. Acuarela del conjunto de Helena Varela de Canal

Centro Urbano Antonio Nariño. Bloque del CUAN desde el predio de la Feria Internacional de Bogotá.

CENTRO URBANO ANTONIO NARIÑO 1

ANTONIO NARIÑO URBAN CENTER 1

El proyecto de vivienda colectiva más ambicioso emprendido en Colombia durante los años ’50 fue el Centro Urbano Antonio Nariño, CUAN. Al igual que sus contemporáneos mexicanos, venezolanos, brasileños y chilenos, tuvo un carácter experimental por ser la primera puesta en práctica, en términos de gran escala, de un conjunto habitacional conceptualmente basado en los principios surgidos al calor de los debates que se dieron al interior de los CIAM de pre y posguerra de 1945. Con un programa de 960 viviendas y equipamientos, con el esquema adoptado se ocupó tan sólo el 11% de la superficie del súper-lote de 15 ha. Los nueve bloques de 13 pisos y seis de cuatro pisos fueron dispuestos hacia los bordes del terreno, formando una suerte de corona dentro de la cual se dispuso un parque y, diseminados hacia el centro, ocho edificios correspondientes al supermercado, iglesia, colegio, guardería, teatro y otras facilidades comunitarias. La implantación del conjunto respondió a los criterios de autosuficiencia funcional y de separación de circulaciones, al disponer de estacionamientos en los bordes frente a los bloques mayores y liberar por completo el espacio central tratándolo como un parque con calles peatonales. La ruptura con un barrio semi industrial de traza ortogonal por el costado norte, una ancha avenida por el sur y un recinto ferial por el oeste, condiciones propias de un sector alejado del centro, determinó una impronta clave en la definición del conjunto como referente urbano. Al plantearse como el fragmento de una ciudad moderna en medio de un heterogéneo aunque ya consolidado entorno, no tuvo efectos transformadores sobre este. La escala de la intervención superó la capacidad administrativa del comitente, en una época de inestabilidad política e incipientes mecanismos de planificación. El ICT asumió la tarea de adjudicar las viviendas e implementar el mecanismo de propiedad horizontal, ganando con el CUAN la experiencia necesaria para emprender en los años ’70 otros proyectos de alcance similar. El mayor valor del conjunto reside en sus espacios comunes. Con 70 años de existencia, el balance que es posible hacer de la operación del CUAN es positivo. La declaratoria de “Bien de Interés Cultural” hacia 2003 permitió apoyar iniciativas de conservación. Los ajustes que se han ido dado en los mecanismos de vida comunitaria determinados por el diseño del conjunto han permitido superar períodos de crisis, tras los cuales se cerró el perímetro y se trazó un plan de manejo que ha dado al conjunto un aspecto de limpieza y cuidado de los bloques y de sus áreas comunes.

The most ambitious collective housing project undertaken in Colombia during the 1950s was the Antonio Nariño Urban Center, CUAN. Like its Mexican, Venezuelan, Brazilian and Chilean contemporaries, it had an experimental character because it was the first implementation, in terms of a large scale, of a housing complex conceptually based on the principles arising from the debates that took place in the interior of CIAM pre and postwar of 1945. With a program of 960 homes and facilities, with the adopted scheme, only 11% of the surface of the 15 ha super-lot was occupied. The nine blocks of 13 floors and six of four floors were arranged towards the edges of the plot, forming a sort of ring around a park and, scattered towards the center, eight buildings corresponding to the supermarket, church, school, nursery, theater and other community facilities. The implementation of the complex responded to the criteria of functional self-sufficiency and separation of circulations, by having parking on the edges in front of the larger blocks and completely clearing the central space treating it as a park with pedestrian streets. The rupture with a semi industrial district of orthogonal layout on the north side, a broad avenue on the south and a fairground on the west, conditions typical of a sector far from the center, determined a key mark in the definition of the complex as an urban reference. When presented as the fragment of a modern city in the midst of a heterogeneous but already consolidated context, it had no transformative effects on it. The scale of the intervention exceeded the administrative capacity of the commissioner, in a time of political instability and incipient planning mechanisms. The Territorial Credit Institute (ICT) assumed the task of allocating housing and implementing the horizontal property mechanism, gaining with the CUAN the necessary experience to undertake in the 1970s other projects of similar scope. The greatest value of the complex is its common spaces. With 70 years of existence, the balance that can be made from the operation of CUAN is positive. The declaration of “As- set of Cultural Interest” in 2003 allowed to fund conservation initiatives. The adjustments that have been made in the mechanisms of community life determined by the design of the complex have allowed to overcome periods of crisis, after which the perimeter was closed, and a management plan was drawn up that has given the compound a clean and cared for aspect to the blocks and their common areas.

1 Bogotá, D.C. Néstor C. Gutiérrez B., Daniel Suárez Hoyos, Rafael Esguerra García, Enrique García Merlano, Alberto Herrera V., Juan Menéndez, Jaime del Corral y Álvaro Cárdenas, Arqs. 1951-1958 Cliente: Ministerio de Obras Públicas. Cálculo Estructural: Doménico Parma M. Construcción: Martínez Cárdenas y Cía. Ltda.

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