ARQUITECTURA MODERNA LATINOAMERICANA LATIN AMERICAN MODERN ARCHITECTURE
Av. Santiago de Chile, Bogotá, con tranvía al centro; a la izquierda, las torres de la iglesia de La Porciúncula contra los cerros orientales.
Proyecto de ensanche de la Calle Real.
Durante la década de los ’50 el crecimiento de las urbes se torna incontrolable y mayormente no-planificado. Tanto urbanizadores formales como los “piratas” ocupan primero para legalizar después. Las antiguas haciendas de la periferia rural de las ciudades tradicionales son ocupadas por un mosaico desordenado de nuevos barrios. Los primeros esfuerzos de planificación urbana datan de los años ’20. En 1927 se creó en Bogotá la primera Oficina de Urbanismo, dependiente de la alcaldía municipal. Algo semejante ocurrió con Medellín en la década posterior. También se formaron instituciones especializadas en la construcción de vivienda social. En 1932 se creó el Banco Central Hipotecario (BCH), que construyó emblemáticos barrios modernos como El Polo y las Torres del Parque. En 1937 se estableció el Instituto de Crédito Territorial (ICT), al que se debe la construcción de conjuntos urbanos modernos como Muzú, Quiroga, Los Alcázares, Timiza o Ciudad Kennedy, por nombrar los más conocidos. La ciudad formal vio surgir nuevos barrios y conjuntos urbanos que en algunos casos constituyeron verdaderos fragmentos demostrativos de cómo podría llegar a ser una ciudad moderna. Como bien intuyeron quienes formularon la teoría de la Ciudad Funcional en los primeros cuatro CIAM (1928-33), la planificación de la movilidad se volvió central. En Bogotá se erigieron algunas vías para desahogar la planta urbana y permitir su expansión. Vías como la Carrera Décima, las avenidas Caracas, de Las Américas, El Dorado, de Chile, etc., fueron rutas de acceso a los nuevos barrios y conjuntos urbanos. Aunque para comienzos del siglo XX nada hacía prever el explosivo crecimiento urbano que tendría Bogotá -y las principales ciudades del país- solo unos años más tarde se formularon algunos proyectos de expansión de la corona de la ciudad.
El Plan Bogotá Futuro (1923) fue un plan de relleno del espacio urbano comprendido entre la ciudad histórica y el suburbio de Chapinero y de ensanche del espacio urbano de esta nueva conurbación hacia el sur, el norte y el oeste. Las 5.300 hectáreas del ensanche eran más de siete veces las 700 que tenía la ciudad en ese momento. Los autores del plan utilizaron la manzana española como unidad de crecimiento, lo que produjo una cuadrícula a la que sobrepusieron un sistema de diagonales. En 1933 el gobierno de Bogotá invitó a Karl Brunner a elaborar un plan para la ciudad. Propuso entonces una calculada operación de ensanchamiento de ciertas calles de la cuadrícula existente, para adaptarlas al nuevo tránsito mecanizado. Uno de sus proyectos más conocidos es el Estudio de Ensanche de la Calle Real. Y respecto a extensión vial destaca su Avenida Caracas, a la que clasificó en su Manual como “avenida monumental” al igual que la Avenida Pedro de Valdivia de Santiago. Brunner propuso también extensiones del trazado, cuya preocupación central era suturar el tejido preexistente que se había roto e introducir singularidad mediante trazados urbanos orgánicos, como se ve en barrios suyos como El Campín, Palermo o Bosque Izquierdo, que tanto distan formalmente de las intervenciones por las que se le conoce en Chile. El Plan Soto-Bateman (1944), el Plan de la Sociedad Colombiana de Arquitectos (SCA-1945) y el Plan Vial de Proa (1946) median entre las propuestas de Brunner y la aparición en escena de Le Corbusier en 1947, quien instaló a Bogotá en el debate internacional sobre la ciudad moderna y la convirtió en campo de experimentación sobre tres problemas que por aquellos años se debatían intensamente en los CIAM: el centro histórico, las formas urbanas de crecimiento y el centro cívico.
During the decade of the ‘50s, growth of the cities became uncontrollable and largely unplanned. Both formal and “pirate” developers took the land first to legalize later. The old haciendas of the rural periphery of traditional cities were occupied by a disorderly mosaic of new neighborhoods. The first urban planning efforts date back to the 1920s. In 1927 the first Urbanism Office was created in Bogotá, dependent on the municipal administration. A similar situation happened in Medellín in the following decade. Specialized institutions were also formed for the construction of social housing. In 1932 the Central Mortgage Bank (BCH) was created, which built emblematic modern neighborhoods such as El Polo and Torres del Parque. In 1937, the Territorial Credit Institute (ICT) was established, responsible for the construction of modern urban complexes such as Muzú, Quiroga, Los Alcázares, Timiza or Ciudad Kennedy, to name the best known. The formal city saw the emergence of new neighborhoods and urban areas that in some cases constituted true demonstration fragments of the modern city. As those who formulated the Functional City theory in the first four CIAMs (1928-33) predicted, mobility planning became central. In Bogota, several roads were built to free the urban plan and allow its expansion. Routes like Carrera 10, and avenues Caracas, of the Americas, El Dorado, of Chile, etc., were routes of access to the new neighborhoods and urban compounds. Although at the beginning of the 20th century nothing could predict the explosive urban growth that Bogotá would go through – along with the main cities of the country - only a few years later some projects were formulated for the expansion of the city’s outer ring.
The Bogotá Futuro Plan (1923) was a plan to fill the urban space between the historic city and the suburb of Chapinero and to expand the urban space of this new conurbation to the south, north and west. The 5,300 ha of the expansion were more than seven times the original 700 the city had at the time. The creators of the plan used the Spanish block as a unit of growth, which produced a grid on which they superimposed a system of diagonals. In 1933 the government of Bogotá invited Karl Brunner to draw up a plan for the city. He proposed an operation of careful widening of certain streets of the existing grid, to adapt them to the new motorized traffic. One of his most well-known projects is the Study for the Widening of Calle Real. And with regard to road extension, Avenida Caracas stands out, which he classified in his Manual as a “monumental avenue”, like Avenida Pedro de Valdivia in Santiago. Brunner also proposed extensions of the layout, in which the main concern was to suture the pre-existing fabric that had been broken and introduce singularity through an organic urban layout, as seen in neighborhoods such as El Campín, Palermo or Bosque Izquierdo, which are both formally distant from the interventions for which he is known in Chile. The Soto-Bateman plan (1944), the Plan of the Colombian Society of Architects (SCA- 1945) and the Vial de Proa plan (1946) mediated between Brunner’s proposals and the appearance of Le Corbusier in 1947, who installed Bogotá in the international debate on the modern city and turned it into a field of experimentation on three problems that were intensely debated during those years in the CIAM: the historic center, urban growth forms and the civic center.
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