Revista AOA_37

RESIDENCIA PRIVADA CRETAS Cretas Private residence España, proyecto 2014, comenzaría su construcción en mayo Después de atravesar bosques de pinos, desde un camino de acceso se escinde una loma que se abre al paisaje lejano, donde la casa se sitúa orientada al sur. Esta construye un nuevo paisaje, una pequeña acrópolis de cuatro volúmenes. La disposición de los volúmenes abstractos revela un lugar que propone un nuevo modo de habitar el paisaje de la Matarraña, entre el Mediterráneo y el parque natural Los Puertos de Beceite. Un zócalo define la nueva cota de relación entre los cuatro pabellones con un programa distinto. Desde el camino y ya atravesados los pinos, aparece el pabellón de acceso, una sombra y un estanque son el umbral fresco y sombrío. Desde aquí aparecen el resto de pabellones recortados sobre el paisaje y el horizonte. En el lado sur se sitúa el volumen de la piscina; al oeste, el cenador, cubierto con una fuente y una chimenea abiertos al exterior; al este, las estancias que se pueden cerrar; sobre el zócalo una gran sala y, debajo, las tres habitaciones con sus baños. After crossing pine forests, an access road cuts the hillside to open a distant landscape, where the house is located facing south. The house builds a new landscape, a small acropolis of four volumes. The layout of the abstract volumes reveals a place that proposes a new way of inhabiting the landscape of the Matarraña, between the Mediterranean and the Los Puertos de Beceite natural park. A base level defines the new relationship between the four pavilions with a different program. From the road and having crossed the pines, the access pavilion, a shadow and a pond appear as a cool and dark threshold. From here, the rest of the pavilions appear set against the landscape and the horizon. On the south side, the volume of the pool; to the west, the arbor, covered with a fountain and a chimney open to the outside; to the east, the rooms that can be closed; above the base a large room and, under it, three rooms with their bathrooms.

Y ahí el resultado, que les valió el premio Mies Van Der Rohe 2015. ¿En perspectiva, qué significó el premio? - No teníamos ninguna aspiración a ganar nada, pero fue una alegría tremenda porque cuando ganamos el concurso de Tzscezin éramos bastante inexpertos y sufrimos muchísimo durante un montón de años. Durante los dos primeros años solo nos dedicamos a este edificio, estábamos aterrados porque era un proyecto muy grande, firmamos contratos y cláusulas que no imaginábamos que existieran… No lo pasamos nada bien, la verdad. Ahora lo recuerdo con nostalgia, pero no volvería a repetir lo que pasamos. Una suerte que tuvimos con esta obra no fue que esté bien o mal, sino lo rápido que la gente se identificó con ella. Pienso que ganamos el premio Mies porque el jurado observó cómo la gente se identificaba con el edificio sin verlo como un ovni en medio de la ciudad. Ver cómo se usa, que todo funciona, que se ‘gasta’, es lo mejor, es lo que a uno lo llena de orgullo. ¿Cómo se organiza el trabajo en la oficina? - Cuando hicimos la filarmónica firmamos un contrato literalmente leonino con el ayuntamiento local. Decidimos no hacer otra cosa hasta terminarla, y además no sabíamos cómo hacerla... Pero el estudio ha cambiado muchísimo y hoy somos 17 personas, aunque sigue siendo aterrador porque casi siempre hacemos por primera vez casi todo y casi nunca sabemos ciertamente qué hay que hacer. Es muy bonito porque afortunadamente tenemos trabajos en sitios muy distintos, lo que obliga a tomarte todo muy en serio. No sabes qué vas a encontrar, cuál es la solución ni la respuesta o qué se espera de ti, porque

es distinto ser arquitecto en Chile, en Italia o en España. Todavía nos pasa plantearnos cada vez la pregunta básica: qué hay que hacer aquí… Pero es algo común en las nuevas generaciones, al menos en Europa, donde hemos entendido que ya no haces el trabajo solo. Sabes que cada vez que te sientas en una mesa ante algo nuevo necesitas de todos los que están. Y el resultado no es por tus noches de insomnio ni las horas de obsesión, sino por la capacidad de cohesionar a un equipo. - A propósito de las nuevas generaciones, ¿qué opinas de cómo se está enseñando a los futuros arquitectos? ¿Se están entregando las herramientas para cuestionarse de la manera en que lo hacen ustedes? No soy profesor, no tengo la experiencia directa, pero sí puedo contar que no fui un arquitecto vocacional y que lo que siempre me llamó la atención de la carrera fue su carácter humanista. Te permite abrir la mirada a muchas cosas al mismo tiempo, y si yo fuese estudiante lo que me gustaría es que la enseñanza mantuviera ese espíritu, me abriese la manera de ver. Lo que sabemos los arquitectos es cómo dar forma a un espacio a través de las formas, de la luz, y eso significa a veces enfrentarte a la ciudad y pensar cómo puede encajar dentro de un problema determinado. Pero los arquitectos no somos sociólogos ni siquiatras, no damos forma a la sociedad, ni siquiera a la ciudad, no transformamos la manera de vivir de las personas. La gente siempre va por delante y lo que tú intentas es mejorar esa manera de vivir en un espacio pequeño, en una plaza, en una esquina.

98

Made with FlippingBook - Online magazine maker