Revista AOA_36

ARQUITECTURA MODERNA LATINOAMERICANA LATIN AMERICAN MODERN ARCHITECTURE

Edificio suspendido de oficinas, Buenos Aires, 1946. Croquis exterior. Williams, Claudio: Amancio Williams: obras y textos. Primera edición. Buenos Aires: Donn, 2008, p. 61.

Edificio suspendido, plantas, posibles disposiciones de oficinas.

La ciudad universitaria fue propuesta en la cumbre del cerro San Javier y concebida como un ambiente urbano total que incluía los edificios universitarios -laboratorios, bibliotecas, institutos y aulas-, las residencias y los equipamientos deportivos y sociales. Una serie de explanadas asumían la zona de enseñanza, con una serie de grandes bloques del 105 x 195 m y siete pisos, cuya estructura estaba marcada por una grilla de 15 x 22 m y 5,5 m de altura, donde la modulación habilitaba la flexibilidad y la adaptación interna para los usos docentes. El centro comunal era una enorme superficie cubierta por una sucesión de cáscaras cónicas -cóncavas y convexas- sobre una estructura de hormigón armado con columnas de 20 m de altura, susceptible de crecimiento en cualquier sentido que aseguraba la protección climática necesaria y permitía la libre disposición de locales por debajo. La residencia universitaria alojaría a más de cuatro mil estudiantes, y asumía la forma de un superbloque de 480 m de longitud, 21 m de ancho y 30 m de altura que se construiría en tres etapas de 160 m cada una. El superbloque asumía el rol claro y preciso de representar la presencia de la universidad en el territorio, sobre el cerro, salvando una hondonada y apareciendo como una larga línea construida en el paisaje. Un rol similar asumió el Edificio de Oficinas para Buenos Aires, proyectado por Amancio Williams junto a sus colaboradores César Janello, Colette de Janello y Jorge Butler (1946). El edificio se propuso como una nueva manera de hacer ciudad en una forma congruente entre arquitectura y urbanismo. “Dar a la ciudad una obra cuya sola existencia cree en la ciudad la fuerza dinámica necesaria para empujarla hacia la verdadera solución urbanística” 3 . El edificio destinado a oficinas era una completa expresión estructural: cuatro volúmenes con estructura de acero colgaban por medio de tensores del mismo material, de una estructura portante de hormigón armado compuesta por sendos marcos conformados por cuatro columnas trabados cada 8 pisos, con un sistema superior de tres vigas gigantes esculturalmente horadadas de las que cuelgan los bloques liberando el suelo. La combinatoria de largos superbloques y torres fue ensayada tempranamente en el proyecto de urbanización en Casa Amarilla 4 , de Antonio Bonet en colaboración con Amancio Williams, Horacio Caminos, Eduardo Sacriste, Ricardo Ribas, e Hilario Zalba (1943), situado sobre una de las zonas de habitación previstas en el Plan Director para Buenos Aires, desarrollado por Le Corbusier, Kurchan y Ferrari Hardoy 5 . Aunque en

sintonía con la visión urbanística sostenida por Le Corbusier en el Plan de Buenos Aires, el proyecto planteaba otras alternativas en el diseño del superbloque. La adopción de un sistema elaborado de calles elevadas, tras el cual galerías abiertas longitudinales de 5 m de ancho se insertaban cada tres pisos -permitiendo acceder a secuencias de unidades simples y dúplex-, convertía los convencionales pasillos distributivos internos en plataformas proyectadas al exterior, facilitadas por la inventiva sección en ‘escamas’ de los bloques. En el caso del bloque principal, las calles elevadas llegaban a formar un recorrido equivalente a cinco manzanas porteñas, evidenciando así su capacidad para servir programáticamente a una escala doméstica pero manifestarse formalmente a una escala urbana, como componentes de la ciudad moderna. Los proyectos para los hospitales de Curuzú Cuatiá, Esquina y Mburucuyá, en la provincia de Corrientes, desarrollados también por Amancio Williams entre 1948 y 1953, consistieron en una operación de proyecto basada en sistema de techos para enfrentar el clima subtropical y las fuertes lluvias 6 . Un gran techo alto, constituido por bóvedas cáscaras, se sobreponía al desarrollo de los espacios propios del hospital permitiendo una gran sombra ventilada, y la organización de muchos otros espacios de carácter público, como lugares de esparcimiento, juegos para niños e incluso las áreas de servicio y estacionamiento. La unidad estructural para la realización del techo era una bóveda cáscara, inscripta en un cuadrado de 13 m de lado y con un espesor de 4 cm, era capaz de resistir cargas extraordinarias y de sostenerse a sí misma sobre una columna por la que desaguaba, incluso sin necesitar ser solidaria con el resto de la estructura 7 . Una bóveda sutil, que parecía levitar, como una infraestructura aérea necesaria para cobijar un mundo de libre disposición. “Argentina puede reivindicar, entre otras cosas, el haber producido el primer proyecto de megaestructura cuya obra llegó a empezarse” 8 , sostenía Reyner Banham al referirse al proyecto de Tucumán. Para él, la megaestructura tenía algunos contenidos claves, entre ellos la complejidad y la condición escalar. Los proyectos desarrollaron así la relación entre una estructura que asumía el valor representativo formal y era capaz de organizar el programa de manera libre, como un soporte de diferentes funciones -muchas de ellas cambiantes- como provenientes de una dinámica urbana. En ello residiría su capacidad infraestructural.

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