Ciudad Universitaria de Caracas, Aula Magna, Carlos Raúl Villanueva.
irregulares de concreto "almost brutal" , como decía Hitchcock 13 ; luego, atravesando un recinto virtual compuesto de fragmentos de volúmenes, muros calados y obras artísticas, ingresaba a la sala cubierta de las "nubes" de Calder: otra vez el cielo, abierto hacia una nueva dimensión. La paradoja es que se entró hacia afuera. En junio de 1952, el arquitecto comunicó a las autoridades del Departamento de Proyectos del Instituto de la Ciudad Universitaria que estaba en conversaciones con artistas extranjeros. En efecto, había establecido contacto con Giedion, Léger y Bloch y ya disponía de un numeroso grupo de artistas dispuesto a colaborar con esa empresa integradora. También figuraban Vassarely, Pevsner, Arp, Lobo, Lam, Bloch y Laurens, junto a los venezolanos Manaure, González Bogen, Vigas, Narvaéz, Navarro, Castro y Oramas, todos grandes nombres. En un escrito que no guarda relación con esta experiencia, Lucio Costa destacaba acertadamente las condiciones para una posible integración artística: "…lo importante es que la propia arquitectura sea concebida y ejecutada con conciencia plástica, es decir, que el arquitecto sea, él mismo, un artista. Porque solo entonces el pintor o el escultor tendrá condiciones de integrarse en el conjunto de la composición arquitectónica como uno de sus elementos constitutivos…" 14 Desde la inauguración de la Plaza Cubierta y el Aula Magna, el 2 de marzo de 1954, el conjunto fue ponderado por la crítica como una obra "excepcional". El Aula Magna se inauguró para la celebración de la X Conferencia Interamericana, donde la mayoría de los países suscribieron la declaración contra el comunismo que oficializó la Guerra Fría en el continente. A su vez, el profesor Giedion presentaba la obra como una feliz realización de sus ideales, y comparaba el resultado de Villanueva con la "tardía cooperación" de Jacques Lipchitz en el Ministerio de Educación de Río, y en el Harkness Commons de Gropius ("a difficulty that arises from one simple reason: they did not work toghether from the beginning") . 15
de Caracas y que en 1950 sumaban 25.885 (Acedo Mendoza 1967, p. 112). No obstante esta dura realidad de marginalidad, la ciudad mostraba una voluntad progresista que integraba los esfuerzos del Estado y la sociedad civil. Junto con los superbloques, el Estado construyó escuelas, centros de salud y de recreación em todo el país, uno de cuyos notables ejemplos fue la red hotelera Conahotu (Corporación Nacional de Hoteles y Turismo, creada en 1956, que convocó a los más destacados arquitectos modernos venezolanos para la construcción de centros turísticos: El Llano Alto de Barinas (Carpio y Suárez); Bella Vista de Margarita (Vegas y Galia), el Prado Río de Mérida (Sanabria y Volante); El Moruco de Santo Domingo (Fruto Vivas); el Tamá de San Cristóbal (Julio Volante); el Cumboto de Cumaná (Don Hatch); el Guaicamacuto de La Guaira (Malaussena, Beckoff, Heufer y Jebens); el Trujillo de Trujillo (Casas Armengol); el Aguas Calientes de Táchira (Ferris, Vegas y Ferrero), entre otros.
LA INTEGRACIÓN DE LAS ARTES
En la Ciudad Universitaria de Caracas, Carlos Raúl Villanueva puso a prueba los enunciados de Siegfried Giedion y José Luis Sert sobre "La Nueva Monumentalidad", uno de cuyos puntos consistió en la "integración de las artes". Fue de las más exitosas y notables experiencias de complemento entre ambas disciplinas 12 . Para el desarrollo del proyecto, Villanueva no conformó un equipo de arquitectos; a diferencia de la UNAM de México, más bien conservó la práctica académica del atelier y asumió personalmente el diseño de la totalidad del conjunto y el paisajismo. El carácter simbólico de un ambiente rodeado por obras de arte murales y exentas modernas tuvo su punto de mayor expresión en el interior del Aula Magna, con las "nubes" de Calder, desestimando aspectos formales de su volumetria. El tránsito desde la calle hasta una butaca de la sala era inquietante. Desde el exterior el paseante advertía masas
12 "En países en los que la arquitectura moderna se había impuesto pronto y en los que se les habían encomendado edificios comunales que exigían algo más que la solución de meros problemas funcionales, fue dado observar que a dichos edificios les faltaba algo. Este algo era la imaginación arquitectónica […] que habría podido satisfacer el anhelo de monumentalidad. A ello se agregó algo decisivo: el arquitecto, el escultor y el pintor habían perdido contacto entre sí. Ya no sabían trabajar en colaboración […]". Giedion, Siegfried: "Sobre una nueva monumentalidad", en Arquitectura y Comunidad. Nueva Visión, Buenos Aires 1957. 13 Hitchcock, Henry-Russell: Latin American Architecture Since 1945, p. 48 The Museum of Modern Art, New York, 1955. 14 Costa, Lucio: "Art, manifestation normale de vie", Lausanne 1968. 15 Giedion, Siegfried: Walter Gropius, p. 59. Dover Publications, Nueva York 1992.
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