EH4191 TAM 07AGO2026

el horizonte

Fin de semana del 7 al 9 de agosto de 2026

Siguiendo al Papa El Papa León XIV: Papa San Pablo VI, afirmó: Dios en el primer puesto; la oración, nuestra primera obli gación; la liturgia, la primera fuente de la vida divina que se nos comunica, la primera escuela de nues- tra vida espiritual. Del 31 de Julio al 6 de Agosto del 2026 (VIS). POR ANAM CARA

Cristo, con Cris- to y en Cristo, en la unidad del Es- píritu Santo, es decir, gracias a la oración de Cristo, con su Cuerpo, al Pa- dre (SC, 84). Por eso,

San Pablo VI deseaba ar-

Hermanos y hermanas: E oración litúrgica. Como sugiere el Apóstol Pa- blo, es el Espíritu Santo el que nos enseña a rezar. Desde el día de Pentecostés, el Espíritu habita en la Iglesia, inspirando cada una de sus actividades y, en particular, la oración. La vida de la primera comuni- dad, nacida en Jerusalén después de la Pascua de Jesús es una vida en el Espíritu entregado por el Se- ñor resucitado. n esta catequesis retoma- mos la reflexión sobre la dimensión eclesial de la Desde entonces, dice el Con- cilio, la Iglesia nunca ha dejado de reunirse para celebrar el mis- terio pascual: leyendo cuanto a él se refiere en toda la Escritura (Lc., 24,27), celebrando la Eucaristía, en la cual se hacen de nuevo pre- sentes la victoria y el triunfo de su muerte, y dando gracias al mismo

dientemente que la Liturgia de las Horas, es decir, la oración pública coti- diana de la Iglesia, inse- parable de la Eucaristía, im- pregnara profundamente, reavi- vara, guiara y expresara toda la oración cristiana y alimentara e- ficazmente la vida espiritual del pueblo de Dios. Para que tal deseo se haga realidad, la Liturgia de las Horas debe acogerse y vivirse cada vez más en la vida ordinaria de los bautizados y de las comunidades. Cada semana y cada día, la Eu- caristía y la Liturgia de las Horas son el aliento de la vida de la Igle- sia que hace circular al Espíritu Santo a través de su Cuerpo. En esta oración, Cristo une así la co- munidad entera de los hombres y la asocia al canto de este divino himno de alabanza (SC, 83). Vinculada a la Eucaristía, cuya

Concilium tomó en serio esta ex- igencia. Y esto alegraba profun- damente al Papa San Pablo VI, que, promulgando este primer do- cumento aprobado por el Con- cilio Vaticano II, afirmó: Dios en el primer puesto; la oración, nues- tra primera obligación; la liturgia, la primera fuente de la vida divina que se nos comunica, la primera escuela de nuestra vida espiritual (Discurso, Basílica de San Pedro, 4 de diciembre de 1963). En la Constitución, de hecho, el término “la oración” designa toda la liturgia. Esta perspectiva es de- cisiva, porque orientó la reforma litúrgica dándole como eje por- tante la participación activa de los fieles. La liturgia se presenta ante todo como el lugar del encuen- tro, de la iniciativa de Dios que se hace cercano a la humanidad en su Hijo, el Verbo hecho carne, un- gido por el Espíritu Santo (SC, 5), al que podemos responder por

tiempo a Dios por el don inefable (2 Cor., 9,15) en Cristo Jesús, para alabar su glo- ria (Ef., 1,12), por la fuerza del Es- píritu Santo (SC, 6). En nuestro tiempo, en los con- textos dominados por una menta- lidad centrada en la eficiencia y en el consumismo, la oración puede parecer algo inútil e irrisorio. En un mundo donde la ciencia y la técnica pretenden dar todas las respuestas, rezar puede parecer una forma de evasión. Además, incluso en muchas fa- milias cristianas ya no se trans- mite la oración, mientras que nu- merosas personas corren el ries- go de confundirla con una técnica más, de naturaleza psicológica y orientada al bienestar personal. La oración, en cambio, en cuanto di- mensión fundamental de nuestra humanidad, merece volver a ser descubierta en su verdad. La Constitución Sacrosanctum

luz prolonga, la Liturgia de las Horas santifica el tiempo de nues- tra vida cotidiana: por la maña- na, empezamos el día con alegría y gratitud; a mediodía, pedimos la fuerza de la fidelidad en medio de la fatiga; por la tarde, una vez terminado el trabajo, las Vísperas acompañan en momento del at- ardecer; por la noche, nos dormi- mos encomendándonos a la paz de Dios. Cada hora es un acto de espe- ranza: durante nuestra peregri- nación terrenal velamos con toda la Iglesia esperando el regreso glo- rioso del Señor."

LA FRASE DEL DÍA

Hazlo lo mejor que puedas. Nadie puede hacer más que eso”, JOHN WOODEN ENTRENADOR DE BALONCESTO

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