ESCENA/31
el horizonte
Fin de semana del 15 al 17 de agosto de 2025
Irán de la UANL a Reino Unido
Ganadores de Bécalos English Challenge obtienen una estancia de un mes en una reconocida escuela de idiomas en Inglaterra
Rector, Santos Guzmán López, invitó a los alumnos a no con- formarse y sumar más apren- dizaje a su vida. “Siempre encontramos aliados para hacer más vi- sible a nuestra Universidad, para exponer a nuestros jó- venes a esa globalidad que el mundo actual nos exige. Si- gan apostando por la UANL y busquen transformar a la so-
ciedad a través de su conoci- miento”, dijo. Por parte de Bécalos, la directora de Desarrollo de Programas, Maggie Suárez Elías, agradeció el vínculo con la UANL y motivó a que los alumnos sean agentes de cambio. “Quiero agradecer la con- fianza que la UANL y la Fun- dación han depositado".
recibieron una beca de inglés por parte de la Fundación UANL y Bécalos para viajar al Reino Unido y mejorar su dominio del idioma. Durante la ceremonia de despedida hacia su estancia internacional de un mes, el
REDACCIÓN El Horizonte
Gracias a su nivel competitivo en el aprendizaje, 12 estudiantes de la Universidad Autónoma de Nuevo León
s.
Siguiendo al Papa El Papa León XIV: El Evangelio no nos enseña a negar el mal, sino a reconocerlo como una ocasión dolorosa para renacer. En el fondo, esta es la esperanza: saber que, aunque podamos fallar, Dios nunca nos falla. Aunque podamos traicionar, Él nunca deja de amarnos. POR ANAM CARA
haber nacido!” (Mc 14,21). Son palabras duras, ciertamente, pero hay que entenderlas bien: no se trata de una maldición, es más bien un grito de dolor. En griego ese “ay de aquel” suena como un lamento, como un “ay”, una exclamación de compasión sincera y profunda. Nosotros es- tamos acostumbrados a juzgar. Dios, en cambio, acepta sufrir. Cuan- do ve el mal, no se venga, sino que se en- tristece. Y aquel “más le valdría a ese hom- bre no haber nacido” no es una conde- na impuesta a priori, sino una verdad que cada uno de nosotros puede reconocer: si renegamos del amor que nos ha engen- drado, si traicionandonos volvemos infieles a nosotros mismos, entonces realmente perdemos el sentido de nuestra venida al mundo y nos autoexcluimos de las al- vación. Precisamente ahí, en el punto más oscu- ro, la luz comienza a brillar. Porque si reconocemos nuestro límite, si nos deja- mos tocar por el dolor de Cristo, entonces podemos finalmente nacer de nuevo. La fe no nos evita la posibilidad del pe- cado, sino que nos ofrece siempre una vía para salir: la de la misericordia. Jesús no se escandaliza frente a nuestra fragilidad. Sabe bien que ninguna amistad es inmune al riesgo de traición. Pero sigue fiándose. Sigue sentándose en la mesa con los su- yos. También nosotros podemos pregun- tarnos hoy, con sinceridad: “¿Seré yo?”. No para sentirnos acusados, sino para abrir un espacio a la verdad en nuestro corazón. La salvación comienza aquí: en la con- ciencia de que podremos ser nosotros los que rompamos la confianza en Dios, pero podemos ser también nosotros los que la recojamos, la custodiemos y la renovemos.
Del 8 al 14 de agosto del 2025 (VIS)
AUDIENCIA GENERAL. Q
yo?” – es quizá una de las preguntas más sinceras que podemos hacernos a no- sotros mismos. No es la pregunta del ino- cente, sino la del discípulo que descubre su fragilidad. No es el grito del culpable, sino el susurro de quien, aunque querien- do amar, sabe que puede herir. Es en esta consciencia donde inicia el camino de la salvación. Jesús no denuncia para humillar. Dice la verdad porque quiere salvar. Y para ser salvados hay que sentir: sentir que se está involucrado, sentir que se es amado a pesar de todo, sentir que el mal es real pero no tiene la última palabra. Solo quien ha conocido la verdad de un amor profundo puede aceptar también la- herida de una traición. La reacción de los discípulos no es rabia, sino tristeza. No se indignan, se entristecen. Y precisamente esta tristeza, si se acoge con sinceridad, se convierte en un lugar de conversión. El Evangelio no nos enseña a negar el mal, sino a reconocerlo como una oca- sión dolorosa para renacer. Jesús, después, añade una frase que nos inquieta y nos hace pensar: “El Hijo del hombre se va, como está escrito; pero, ¡ay de aquel hom- bre por quien el Hijo del hombre será en- tregado!; ¡más le valdría a ese hombre no
ueridos hermanos y hermanas: Hoy nos detenemos en el momen- to en el que durante la cena pas-
cual Jesús revela que uno de los Doce está a punto de traicionarlo: En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo conmigo (Mc 14,18). Son palabras contundentes. Jesús no las pronuncia para condenar, sino para mostrar que el amor, cuando es verdadero, no puede prescindir de la verdad. La habi- tación del piso superior, se llena de repente de un dolor silencioso, hecho de pregun- tas, de sospechas, de vulnerabilidad. Es un dolor que conocemos bien tam- bién nosotros, cuando en las relaciones más queridas se insinúa la sombra de la traición. Sin embargo, el modo en el que Jesús habla de lo que está a punto de su- ceder es sorprendente. No levanta la voz, no señala con el dedo, no pronuncia el nombre de Judas. Habla de tal modo que cada uno pueda cues- tionarse a sí mismo. Y es precisamente eso lo que sucede: Ellos comenzaron a en- tristecerse y a preguntarle uno tras otro: ‘¿Seré yo?’ (Mc 14,19). Queridos amigos, esta pregunta– “¿Seré
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