EH4030 TAMPS 23DIC2025

NUEVO LEÓN/7

el horizonte

Martes 23 de diciembre de 2025

El ORIGEN del árbol de NAVIDAD en México se entrelaza en historias de tradiciones EUROPEAS con COSTUMBRES RELIGIOSAS de los siglos XIX Y XX HERENCIA DE MAXIMILIANO Tradición nacida por el deseo de un emperador

COLUMNA

SIN CENSURA POR ELOY GARZA

Es poco perceptible, pero un hecho innegable, que OMAR GARCÍA HARFUCH suele marcar, casi como impronta PERSONAL , un deslinde en su relación con los gobernadores. No lo hace García Harfuch en su línea discursiva pero sí en la OPERACIÓN DE SU ESTRATEGIA DE SEGURIDAD REGIONAL. S i quieres saber cómo es visto un mandatario estatal en términos de certificados tácitos de no vincula- ción con el crimen organizado, tie- precipitarse a celebrar la victoria cuando el partido todavía no acaba. Y, en el caso de García Harfuch, apenas comienza. Lleva poco más de un año, cuando fal- tan seis para concluir su gestión. Deporti- vamente, apenas se abre el primer tiempo de este sexenio. Cuidando con el jinx . ¿Qué no te dirá nadie de la relación de García Harfuch con la seguridad en Nuevo León?

UN SÍMBOLO CONSOLIDADO Con el paso del tiempo, el árbol de Navidad logró integrarse plenamente a la identidad mexicana. En la actualidad, ya sea natural o artificial, decorado con esferas de vidrio soplado, luces multicolores o elementos artesanales locales, el árbol ha dejado de ser una costumbre extranjera para convertirse en un emblema de la Navidad mexicana. Su evolución es el reflejo de una cultura capaz de adoptar influencias externas y transformarlas en un legado propio que une a las familias cada mes de diciembre.

MAGUELSY CABALLERO El Horizonte

La presencia del árbol de Navidad en México es, hoy en día, una tra- dición fundamental; sin embargo, su origen en territorio nacional no fue un suceso fortuito, sino el re- sultado de diversas versiones his- tóricas que mezclan la herencia europea con las costumbres reli- giosas de los siglos XIX y XX. La versión más difundida está asociada con el Segundo Imperio Mexicano (1864-1867). Se dice que fueron el empera- dor Maximiliano de Habsburgo y su esposa Carlota quienes intro- dujeron la tradición. Familiariza- dos con la simbología europea de vida y esperanza que el árbol re- presenta durante el invierno, la pareja imperial instaló el primer ejemplar del árbol de Navidad en el Castillo de Chapultepec. Este gesto cautivó de inmedia- to a la alta sociedad de la época y a las familias cercanas a la corte, quienes comenzaron a replicar la práctica en sus propios hogares, iniciando así una lenta pero cons- tante expansión por la capital. No obstante, los historiadores señalan que la influencia imperial no fue la única. Otras versiones su- gieren que comunidades de inmi- grantes alemanes y estadouniden- ses asentadas en México durante el siglo XIX también desempeña- ron un papel crucial al mantener vivas sus tradiciones decembrinas en sus nuevos asentamientos. Es importante desta- ología europea de za que el árbol re- nte el invierno, la instaló el primer bol de Navidad en apultepec. utivó de inmedia- dad de la época y ercanas a la corte, zaron a replicar la propios hogares, a lenta pero cons- n por la capital. los historiadores nfluencia imperial Otras versiones su- unidades de inmi- es y estadouniden- n México durante bién desempeña- ucial al mantener ones decembrinas sentamientos.

nes que evaluar el trato personal que le dispensa García Harfuch a cada goberna- dor. Eso, al margen de la filiación partidis- ta de estos mandatarios locales. En Nuevo León, la coordinación del se- cretario de Seguridad y Protección Ciuda- dana con el gobernador Samuel García y con el titular de seguridad estatal, Gerardo Escamilla Vargas, es buena. Hay confian- za, como no la hay con otras figuras polí- ticas como Rubén Rocha Moya, ese cadá- ver político. Hablo, pues, de coordinación, de despliegue en operaciones directas de campo, detenciones de alto impacto, ca- teos, etcétera, con las fiscalías locales. A esto habría que añadir el plus de Fuerza Civil, y que García Harfuch tam- bién designó para nuestro estado a un comisionado federal muy cercano a él: su tocayo Omar Escobar Figueroa, un espe- cialista en el ramo, con la misión de im- plementar el Operativo Enjambre —que ya rindió frutos desarticulando redes cri- minales y con la detención de generado- res de violencia y funcionarios públicos en Edomex—, respaldado por aproxima- damente 50 agentes de élite. Esta es la parte que no produce ruido en la gestión de Omar García Harfuch. Pero ¿hay otra que sí lo provoque? ¿Algo que no se esté haciendo tan bien en la protec- ción de los mexicanos, en que nuestros hi- jos no sean reclutados por el crimen or- ganizado, o víctimas de fuego cruzado en Sinaloa, Guanajuato o Guerrero? No me atrevo a expresarlo en esos tér- minos extremos. Sin embargo, sí denoto un signo no tan conveniente en la publici- dad de los innegables méritos que recaen en la figura de García Harfuch. En futbol se le conoce como jinx , una es- pecie de superstición que, en el fondo, no se trata más que puro sentido común. La fanaticada sabe que, aunque los presa- gios sean buenos para su equipo, no deben

¿A qué me refiero concretamente con el jinx ? A que Omar, a sus 43 años, debe po- ner distancia de los elogios de medios in- ternacionales. El pasado día 12 de diciem- bre, el semanario londinense The Econo- mist lo bautizó como “el Batman mexica- no con grandes ambiciones políticas”, en un reportaje largo. Y días después, el 19 del mes en curso, The New York Times lo puso por las nubes dada su estrecha re- lación y credibilidad que le tributa el go- bierno norteamericano, así como los gol- pes que ha asestado al tráfico de fentani- lo. Peor que politizar es mediatizar. Lo más sugerente es que destapan a García Harfuch como el sucesor de la presidenta Claudia Sheinbaum. The Economist no se anda con medias tintas: dice que García Harfuch “circu- la como posible candidato a la presiden- cia en 2030 y se le ve como un tecnócrata con gran proyección nacional”. The New York Times todavía pone el listón más alto: “García Harfuch es el rostro de la campaña más agresiva de México contra los cárteles en más de una década”. Sin embargo, Michoacán arde en lla- mas. Sinaloa es un polvorín. Tabasco es una barredora. Guerrero es una hogue- ra. Falta fortalecer las instituciones civi- les —y, por lo visto, también las milita- res— de seguridad y darles continuidad a la coordinación y a la capacidad de in- teligencia a pesar de que han bajado los homicidios 37 por ciento. No es superstición. Es razonamiento lógico; es sentido común. Cuidado con el jinx . O, dicho de otro modo, no ade- lantemos vísperas. No caigamos en el riesgo estéril de sobredimensionar las expectativas.

car que la adopción del árbol no fue inmediata. Durante décadas, este símbolo convivió —y a veces compitió— con tradiciones profun- damente arraigadas desde la época colo- nial, como la instala- ción del Nacimiento e desta- ción del mediata. as, este ió —y a — con ofun- gadas colo- stala- iento

(pesebre), im- pulsada por la herencia cató- lica que llegó a México.

ELOY GARZA: es analista político y tecnológico. Abogado por la UANL, maestro en Letras por la UNAM y máster en Tecnologías de la Información por la Universidad Oberta de Cataluña. Autor de 7 libros sobre trans- formación urbana y política nacional. Escribe diariamente una columna para 12 medios de comunicación inclu- yendo El Horizonte. Editorialista televisivo de Info 7 y conductor del programa de televisión “Charla con Eloy Garza” en Azteca Noreste.

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