Balance de la primera edición de 'La escuela, lo primero'

La organización escolar es, en realidad, la primera semilla de una sociedad, una entidad que va más alla de su función institucional y que se sabe unida por una misión común y un proyecto compartido. Aprender, colaborar y aspirar a construir comunidad han sido la primera vacuna para una escuela en tiempos de pandemia; lo fueron en un inicio desconcertante en el que el profesorado garantizó el seguimiento educativo y lo han sido en un curso marcado por la distancia, la alternancia y una acelerada digitalización. Docentes, familias y redes de escuelas han funcionado como comunidades con un claro foco en sus contactos y redes informales de transferencia de conocimiento, a través de las que escalaron las medidas tanto locales como autonómicas para atender a la situación de emergencia. En palabras de los docentes participantes en La Escuela, lo Primero, desde el primer momento de cierre, en marzo del 2020, la agenda personal, el contacto y el aprendizaje entre compañeros han sido los elementos más efectivos y los más inmediatos para garantizar la continuidad de la educación. La pandemia ha subrayado que las escuelas solo son capaces de educar con plenitud si están integradas como instituciones coordinadas junto a muchas otras en su entorno, pero reuniendo al mismo tiempo a todos sus agentes: desde los más cercanos, como las familias, los estudiantes y los docentes, hasta los allegados escolares (los abuelos, el personal de administración y servicios, las ONG, los monitores extraescolares, los trabajadores sociales, etc.), cada vez necesitados de mayor reconocimiento por su labor educativa. La construcción de comunidades educativas evidencia el compromiso del profesorado, así como el de las instituciones a su alrededor. Si las políticas educativas necesitan de políticas sociales, sanitarias y culturales con medidas y agentes concretos que acompañen a docentes y estudiantes en su crecimiento, los sistemas educativos no pueden potenciar el desarrollo pleno de sus estudiantes sin la participación y la colaboración comprometida de otros numerosos agentes constructores de la comunidad.

LAS COMUNIDADES EDUCATIVAS SON…

• Porosas. Están formadas por personas que hablan, comparten y, aunque no coincidan en todo, permiten crecer y salir de la zona de confort. Educan en todo momento y lugar, y rompen el esquema de aulas y horarios, presencial o digital, en una nube que abraza a los estudiantes y transforma a las escuelas en algo más que clases, pasillos y asignaturas.

• Flexibles. Flexibilizan el uso de los espacios, la organización de los tiempos y las metodologías aplicadas en el aula. Favorecen entornos y tiempos interactivos.

[Escriba aquí]

Made with FlippingBook - Online Brochure Maker