Del otro lado del mundo, el causante. Desde la isla Sumbawa, en la actual Indonesia, se alzaba sobre los 2,850 metros sobre el nivel del mar el volcán Tambora. Un añ o antes, en abril de 1815, el volcán tuvo una feroz erupción, la mayor en 2,000 años según vulcanólogos modernos. Una erupción que aunque inadvertida por el hemisferio occidental, terminaría cambiando la vida cotidiana y cobrando alrededor de 100,000 vidas.
En una época donde la razón y la ciencia se esforzaba por explicar el mundo, miles de personas se arremolinaron en las iglesias rezando al considerar que el clima y sus efectos eran más bien consecuencia de un dios furioso. Y no era para menos, la temperatura se redujo hasta 15 grados, las cosechas fueron las más pobres en décadas, haciendo que el pan doblara su precio y según cuentan algunos testigos, el cielo tenía un tono rojo apocalí ptico.
El arte fue testigo de estos eventos, los britá nicos Mary Shelley y J. William Turner dejaron testimonio de este año sin verano. Shelly en medio del frío y la obscuridad de los campos suizos se inspiró para escribir la afamada obra de Frankenstein mientras que Turner dejó sintomáticas pinturas como: La Terraza de Mortlake, La Erupción del Vesubio o el Canal de Winchester.
1816 fue un año como pocos, para el investigador de la Universidad de Illinois, Gillen D'Arcy Wood, el efecto del volcán Tambora afectó no solo el clima si no las relaciones sociales y econó micas del hemisferio norte, un ejemplo y aprendizaje de lo que un repentino cambio en el clima puede tener en la vida cotidiana. 12
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