En cuartos de final el rival fue Arabia Saudita, con quien la historia no fue muy diferente. México cumplió ganando 2-0, pero otra vez sin convencer. El último paso previo a la final lo dio ante Honduras. En un juego muy físico y donde los hondureños supieron plantarle cara, un cañonazo de Raúl Jiménez mandaba al conjunto mexicano a la final. Honor a quién honor merece, la Selección Mexicana encontró su mejor fútbol cuando más lo necesitaba. En un partido que comenzaba con el pie izquierdo para México, con un gol de Chris Richards en apenas el minuto 4 de la primera mitad, los estadounidenses ponían a los mexicanos contra las cuerdas. Sin embargo, la resiliencia del conjunto tricolor supo anteponerse a la desventaja en el marcador, un golazo de Raúl Jiménez (27’), precedido por una grandiosa asistencia de Marcel Ruiz, y un testarazo de Edson Alvaréz (77’), firmaban la remontada y le daban el título a México.
Si bien el debate entre los resultados y las formas, es igual de viejo que el deporte mismo, hay 2 dos cosas seguras. México no habrá jugado un futbol muy “vistozo”, pero en 6 juegos solo recibió 3 goles y anotó 10, además de quedarse con el ya mencionado título. Por otro lado, es cierto que aún queda mucho por mejorar de cara al Mundial 2026 (del que México será coanfritrión), el cual es el objetivo principal del proyecto de Javier Aguirre y en el que esperemos la Selección Mexicana pueda hacer un papel histórico.
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