A vuela Pluma
LLERENA, LUGAR DE BRUJAS: UN ESPACIO PARA RECORDAR LO QUE NO DEBE Por Isabel Esteva García C uando hablamos de “lugares”, pensamos en pueblos, plazas, caminos. Pero también hay lugares invisibles: los que habitan la memoria. Llerena es uno de ellos. Cuando pensamos en Llerena, nos vienen a la cabeza la plaza, la iglesia, las calles blancas. Pero hay otra historia que también pasó aquí, aunque no tenga placa ni monumento. Y es que durante los siglos XVI y XVII, esta ciudad fue el centro de la Inquisición en Extremadura. Desde aquí se decidía quién era “peligroso”, quién debía callarse, quién podía vivir tranquilo... y quién no. Muchas personas acabaron castigadas por “brujas” . El archivo del tribunal de Llerena guarda los restos de esas historias: Isabel de Trasierra, Leonor de Azuaga... Una de ellas, Catalina Pérez de Reina, la acusaron en 1570 por decir unas palabras para ayudar a otra mujer a quedarse embarazada. La lla- maron “hechicera”. La azotaron en público. Su historia está escrita, pero nunca se cuenta. Es decir, mujeres que vivieron muy cerca de donde hoy vivimos nosotros. Ellas pisaron nuestras calles, recogieron agua de las mismas fuentes, miraron los mismos cielos. Y fueron castigadas por saber. Lle-
rena fue, durante siglos, un lugar de poder. Pero tam- bién fue un lugar de miedo. De silencios impuestos. De castigos ejemplares. En sus plazas y calles se celebraban autos de fe, se azotaba en público, se leía en voz alta lo que no debía hacerse. Fue un espacio de vigilancia. De control. Por eso, hoy que caminamos por estas ca- lles con libertad, conviene recordar qué significaron. Convertirlas también en un lugar de memoria. No para vivir en el pasado, sino para no repetir sus errores. Por- que cada vez que una mujer es silenciada, ridiculizada o excluida por decir lo que piensa, este lugar vuelve. Cada vez que se desprecia el saber popular, este lugar regresa. Cada vez que se lla- ma “bruja” a una mujer por atreverse a ser libre, este lu- gar se reactiva. Y por eso, hoy, Llerena puede ser otra cosa. Un lugar donde decir sus nombres. Donde imagi- nar otras historias. Donde el silencio no sea castigo, sino respeto.
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