Revista-IES DE LLERENA 24_25

A Vuela Pluma

Hay muchos lugares que, por diversos motivos, tengo guardados en mi lista de viajes. No tanto por el sitio en sí, sino por el recuerdo que tengo de él. A veces, basta una conversación, una mirada, un atardecer, un beso o un baile para que un rincón cualquiera se convierta en un lugar sagrado. Uno de esos lugares es Grecia. Allí he vivido dos momentos de mi vida completamente distintos y, sin embargo, igualmente inolvidables. La primera vez fui acompañada por el que entonces era mi novio y hoy es mi marido. Fue un sueño hecho realidad, puesto que al terminar mis estudios univer- sitarios me prometí que mis primeros ahorros serían para conocer aquel lugar en el que habían nacido la democracia, la política, la filosofía, la mitología, la literatura… prácticamente todo. Tenía 26 años cuando pisé por primera vez los lugares por donde habían paseado personajes de la talla de Platón, Sócrates, Pericles, Alejandro Magno… La segunda, muchos años después, ha sido hace unos meses, en enero de este año. He vuelto como profesora, acompañando a mis alumnos de 2º de Bachillerato. Compartir con ellos este viaje ha sido un regalo. Observar sus caras emocionadas frente al Partenón, escuchar sus disertaciones filosóficas en el Acrópolis al atardecer, caminar con ellos por Delfos y cantar en el teatro de Epidauro… Todo ha sido maravilloso. Empezamos el recorrido en la caótica e impactante Atenas: la Acrópolis, el imponente Partenón, las vistas desde el Monte Licabeto, el barrio de Plaka… sintiendo la mezcla perfecta de historia y moder- nidad, y hasta tuvimos tiempo para una parada en el Ágora, donde antiguamente se cocían las ideas que dieron forma a la filosofía occidental. Luego, visitamos la mística Delfos, que fue considerada el ombligo del mundo en la Antigua Grecia. Escuchamos las leyendas del Oráculo y nos dejamos llevar por la atmósfera única de este lugar lleno de espiritualidad y misterio. Un rincón sagrado llamado Grecia Por Toni Becerra Montalbán

También llegamos hasta Micenas, con las famosas Puertas de los Leones y los restos del palacio del mítico rey Agamenón. Más de uno recordó las épicas historias de la guerra de Troya. Visitamos Epidauro, donde se encuentra uno de los teatros mejor conservados del mundo. Y aunque nos llevamos una pe- queña regañina, pudimos comprobar de primera mano la perfecta acústica de este mágico lugar. Tal vez el mayor tesoro de este viaje no haya sido un lugar, sino un instante: ese en el que una mirada se cruza con la de alguien que también está sintiendo lo mismo. Esos momentos breves, pero intensos, que se guardan para siempre. Sin duda, podré visitar Grecia muchas ve- ces más, pero este viaje en particular será siempre especial. Lo fue, sobre todo, por las personas que me acompañaron: mi alum- nado de segundo de bachillerato y mis dos compañeros , Álvaro y Aurora.

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