Revista-IES DE LLERENA 24_25

A Vuela Pluma

y salíamos a ver las otras candelas para compro- bar que los miembros del jurado que iban calle por calle eran justos a la hora de elegir la mejor candela. Y ser “justos” para nosotros era elegir nuestra candela ya que siempre era la más gran- de y donde mejor se les agasajaba a los miembros del jurado. Al menos, eso opinábamos nosotros. Finalmente, el colegio era el otro lugar impor- tante, a parte de la calle, donde pasábamos buena parte de nuestra vida. Yo recuerdo con especial cariño la escuela de Campillo, donde entré en Parvulitos de 4 años y de donde salí al acabar 6º de EGB. ¡Cuántas horas en el patio jugando a fútbol, baloncesto, simplemente a correr, a las canicas, intercambiando cromos…! Estabas de- seando que llegara el recreo para poder juntarte con esos amigos, que a lo mejor vivían lejos de tu casa, y a los que no solías ver por las tardes. De esa época guardo recuerdos de amigos a los que no volví a ver, de maestros que ya no están entre nosotros. Estamos hablando de una época en la que no había teléfonos móviles ni redes sociales por lo que si te ibas del pueblo era difícil seguir manteniendo el contacto. Pero como dije al principio, hay recuerdos que perduran en el tiempo y que simplemente al ver una fotografía o al recordar un lugar, se te vienen a la mente infinidad de momentos, de personas, que siempre relacionarás con ese lugar que en su día fue tan importante y que han ido construyen- do ese banco de recuerdos que llamamos vida.

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