A Vuela Pluma
ESTACIÓN 113 Pesadillas de un Adolescente Vol.1 De mayor, quiero ser astronauta. Créeme, no quieres.
Tardé mucho en conseguir un puesto que me permitiera siquiera monitorear el trabajo que hacían mis supe- riores, y cuando lo tuve, deseé no haberlo hecho. Las noches en la estación 113 es lo más parecido al infierno que verás en tu vida. Esos pasillos fríos, tan silenciosos que gritaban. Sin nadie más que tú, en la estación 113. Mientras rellenaba mi vaso de plástico con café, para aguantar esos pesados y, sobre todo solitarios, turnos nocturnos, escuché un ruido proveniente de la sala de control. La máquina encargada de monitorear cualquier movimiento anomalístico proveniente de fuera, de nuestro planeta, era la responsable de él. Una antena enor- me atravesaba la cúpula del lugar, apuntando directamente a la desconocida masa oscura, a la que llamamos universo. Los sensores de sonido detectaron un ruido, y lo emitieron por los altavoces. Un tono, que aunque no viera a su emisor, sabía que no era humano. Palabras sin sentido, ni siquiera las entendía. Duró en torno a unos 5 minutos. Lo único que entendí, es que repetía lo mismo una y otra vez. La señal acabó. Intenté volver a encon- trarla. Con los auriculares especializados para aquella antena, la movía de lado a lado, en silencio. Apuntando a las estrellas, sin saber lo que podía escuchar con esos cascos. Todo era completamente, desconocido. Apuntaba a la oscuridad, con la tensión de que la señal se emitiera de nuevo, rompiendo el silencio de la estación 113, pero nunca más pasó. Con el cuerpo tembloroso, comencé a escribir el informe. Hora de emisión: 2:43 AM. Con eso fui a avisar a mis superiores, que estaban en otra base cercana a la mía, pero, justo cuando me disponía a cruzar la salida, unos hombres oscuramente trajeados me invadieron. Eran tres, no pude evitar relacionarlos con las estrellas alineadas con las pirámides de Egipto. Tres estrellas azules, tres gigantes: Mintaka, Altinak y Alnilam. ¿Serán las pirámides creación de seres desconocidos? ¿De la vida desconocida? ¿Algunos de nosotros se puede identificar como vida desconocida? ¿No saber qué propósito tienes en tu vida? ¿No saber quién eres? Esos fueron mis últimos pensamientos, el del medio alzó una pistola cuya bala me atravesó la frente. Entonces ahora me pregunto, ¿para qué hacen preguntas de las cuáles no quieren saber las respuestas? O quizás… ¿Solo ellos las quieren conocer? Ahora, después de que robaran mi vida, me dedico a emitir extraños ruidos por los sensores de sonido de la estación 113, engañando al encargado de ese trabajo, haciéndole creer que vienen del espacio, de otro planeta, de lo desconocido. De mayor quiero ser astronauta. Créeme, no quieres. Por Eric Ruiz Monzón (Bachillerato)
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