Revista-IES DE LLERENA 24_25

A vuela Pluma

SIETE DÍAS Durante años, me sentí como una pieza de un rompecabezas que no encajaba en ningún lado. De cierto modo siempre supe el porqué de este sentimiento. Siempre tuve claro que se debía a las dos realidades a las que estuve sometido desde que tengo uso de razón, dos idiomas, dos culturas, dos vi- das. Me aterraba perseguir la segunda de estas pues era incierta, desconocida para mi, algo distante y al mismo tiempo demasiado cercano a un alma la cual perdió el rumbo demasiado pronto. ¿Qué pasaría si llegaba a ese lugar que tanto soñé durante tanto tiempo y aún así no encontraba respuestas? Quizá estaba destinado a esto, a un vacío existencial que me perseguiría hasta el final de mis días. Me negaba a aceptarlo, no podía seguir así si de veras quería saber quién era realmente. Pasé años ignorando mi realidad hasta que fue el destino el que se hartó de verme cruzado de brazos sufriendo en silencio y puso en mi camino el viaje que cambiaría mi vida. Sin apenas tiempo para prepararme mentalmente estaba en un tren que circulaba a toda velocidad y se acercaba hacia mi otra mitad, se tambaleaba, crujía y hacía que la ansiedad subiese y me dejase sin respiración mientras miraba el paisaje borroso a mi alrededor y de repente, paz. Solo paz. Únicamente sentía paz. Cada rincón nuevo que conocía solo llenaba cada vez más el hueco que se encontraba en mi interior, cada día allí era un sueño del cual no quería pero sabía que tenía que despertar. Y así fue, siete días, curiosamente el número preferido de la persona por la cual mi vida se resumía en dos mitades, siete días y todo había terminado. Había terminado y aún me quedaba la incógnita más grande de todas, de poco me servía haber respondido las anteriores si la de mayor importancia seguía atormentandome. Mis ojos se convertían en mares y la tempestad se escuchaba entre las paredes de mi cabeza. “Tengo que volver”, me dije a mi mismo, “Tengo que volver y enfrentarme a la parte más dura pero crucial y terminar de una vez por todas con esto”. Y es que durante años, me sentí como una pieza de un rompecabezas que no encajaba en ningún lado y lo sigo haciendo pero ya tengo mi respuesta clara pues ahora sé quién soy, volveré y por fin la página no solo se pasará, si no que se quemará dejando un libro en blanco con un personaje principal que nada que ver tiene con su anterior versión y quizá, y solo en ese momento quizá dejaré de ser una pieza de un rompecabezas y por fin encontraré mi lugar. Por Aiden Mourón Rubia(Bachillerato)

Página 54

Made with FlippingBook - Online catalogs