Revista-IES DE LLERENA 24_25

A Vuela Pluma

LA COSTA DEL SOL. MI REFUGIO JUNTO AL MAR Hay lugares que simplemente nos enamoran, sitios que nos transmiten una sensación de paz y felicidad difícil de explicar. Para mí, ese lugar es la Costa del Sol, un paraíso bañado por el Mediterrá- neo en el sur de España. Desde la primera vez que puse los pies en sus playas, sentí que allí el tiempo se detiene y todo se vuelve más sencillo. Su clima cálido, sus paisajes impresionantes y su ambiente relajado hacen que siempre quiera volver.No importa la época del año, la Costa del Sol siempre tiene algo especial que ofrecer. En verano, sus playas cobran vida con familias y amigos disfrutando del mar, mientras que en invierno, la tranquilidad de sus costas invita a largos paseos junto a las olas. Cada rin- cón de esta región tiene su propio encanto, desde las grandes ciudades como Málaga y Marbella hasta los pequeños pueblos blancos escondidos entre las montañas y el mar. Lo que más me atrae de la Costa del Sol es, sin duda, su mar. Hay algo mágico en el sonido de las olas rompiendo suavemente en la orilla, en la brisa marina que refresca el rostro y en el reflejo dorado del sol sobre el agua. Me encanta caminar descalza por la arena, sentir cómo el agua salada acaricia mis pies y cerrar los ojos mientras el sol calienta mi piel.Cada playa tiene su propio carácter. La Malagueta, en pleno corazón de Málaga, es ideal para disfrutar de un día animado con la ciudad de fondo. En contraste, las calas escondidas de Nerja y Maro ofrecen una experiencia más íntima y natu- ral, donde el agua cristalina revela un fondo marino lleno de vida. Y no puedo olvidar los atardeceres en Torremolinos o Fuengirola, cuando el cielo se tiñe de tonos anaranjados y el sol parece sumergirse más allá de sus playas, la Costa del Sol es un lugar rico en historia y cultura. Cada pueblo esconde si- glos de tradiciones y una identidad propia que se refleja en su arquitectura, su gastronomía y su gente. Uno de mis favoritos es Frigiliana, considerado uno de los pueblos más bonitos de España. Sus calles empedradas, sus casas encaladas y sus balcones llenos de flores crean un ambiente de cuento. Caminar por sus estrechos pasajes es como viajar en el tiempo, descubriendo pequeños rincones llenos de ma- gia. Otro lugar imprescindible es Mijas, un pueblo blanco situado en la montaña con vistas espectacu- lares al mar. Allí se pueden encontrar tiendas artesanales con cerámica y productos típicos de la zona, ideales para llevarse un pedacito de la Costa del Sol a casa.No se puede hablar de la Costa del Sol sin mencionar su increíble gastronomía. Cada visita es una oportunidad para disfrutar de platos llenos de sabor y tradición.Uno de mis favoritos es el espeto de sardinas, un plato sencillo pero delicioso. No hay nada como sentarse en un chiringuito junto a la playa, con los pies en la arena, mientras se disfruta de estas sardinas asadas en una barca de madera al calor de las brasas. Si hay algo que define a la Costa del Sol, es su ambiente alegre y acogedor. La gente del sur tiene una energía especial, una calidez que se nota en cada sonrisa, en cada conversación y en cada gesto amable.Las noches en la Costa del Sol son mágicas. Desde los bares y terrazas de Málaga hasta las discotecas de Marbella, siempre hay algo que hacer. Pero también existen rincones tranquilos donde se puede disfrutar de una velada más relajada, con el sonido del mar de fondo y una copa de vino en la mano. Además, esta región es famosa por sus fiestas y ferias. La Feria de Málaga, por ejemplo, es una explosión de alegría, música y color que llena la ciudad de vida cada agosto. Y no puedo olvidar la Semana Santa, que se vive con una pasión especial, convirtiéndose en un espectáculo de devoción y tradición. La Costa del Sol es mucho más que un destino turístico; es un lugar que se siente como ho- gar, un refugio donde el tiempo parece moverse más despacio y donde cada momento se disfruta al máximo. No hay mejor sensación que la de caminar por la orilla del mar al amanecer, con el horizonte teñido de tonos dorados y el sonido de las gaviotas sobrevolando el agua. Es en esos instantes cuando me doy cuenta de lo afortunada que soy por poder disfrutar de un lugar tan hermoso.Sé que, pase lo que pase, siempre habrá una playa en la Costa del Sol esperándome. Y cada vez que regrese, me reci- birá con el mismo sol radiante, el mismo mar infinito y la misma sensación de paz que me hace sentir que ese, sin duda, es mi lugar en el mundo. Por Carmen Espinosa Maldonado (Bachillerato)

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