22/FINANZAS
el horizonte
Lunes 11 de mayo de 2026
Aerolíneas enfrentan alza de 56% en facturación de combustible
bustible, rubro que actualmente representa cerca de una cuarta parte de sus gastos operativos. De acuerdo con la agencia Re- uters, las principales aerolíneas de pasajeros en Estados Unidos gastaron $5,060 millones de dó- lares en combustible durante marzo, cifra superior en $1,830 millones de dólares respecto a los $3,230 millones registrados en febrero, informó el Departa- mento de Transporte de Esta- dos Unidos.
El incremento también supe- ró en 30% los $3,880 millones de dólares reportados en el mismo periodo del año anterior. Además del encarecimiento en costos, las compañías aéreas han comenzado a aplicar ajustes operativos para contener el im- pacto financiero. “La subida de los precios del combustible para aviones, que han pasado de entre $85 y $90 dólares a entre $150 y $200 dóla- res por barril”, señaló la agencia.
BIANCA CORTÉS El Horizonte
La guerra en Irán y las interrup- ciones en el tráfico marítimo del estrecho de Ormuz han agitado los precios internacionales del petróleo, provocando un incre- mento en el costo del combusti- ble y afectando directamente al sector aeronáutico. En este contexto, las aerolí- neas ya enfrentan un aumento de 56% en la facturación de com-
CUARTA PARTE El rubro representa una cuarta parte de sus gastos operativos
México no está en crisis. Está peor
COLUMNA
INTELIGENCIA FINANCIERA GLOBAL
POR GUILLERMO BARBA
México lleva un CUARTO de siglo estancado y casi NADIE lo quiere admitir. N o es opinión. Es un hecho duro y medible: la productividad mexica- na es más baja hoy que hace vein- ticinco años. Producimos menos su mediocridad. El problema es que el se- gundo escenario no produce titulares dra- máticos. No hay una devaluación catastró- fica, el peso no se desploma, las filas en los bancos no aparecen en televisión. Y, como no hay crisis visible, casi nadie reacciona. La estabilidad se convierte en la coartada perfecta del estancamiento.
las pausas al T-MEC y las sanciones comer- ciales selectivas dejaron de ser hipótesis y empezaron a convertirse en instrumentos sobre la mesa. Si la relación bilateral se de- teriora más, el detonador del próximo epi- sodio recesivo mexicano no va a venir de adentro. Va a venir de afuera, golpeando una economía que ya estaba enferma des- de mucho antes de que llegara el golpe. Esta es la trampa del momento. Como no hay crisis visible, no se toman las deci- siones que evitarían la crisis real. Como las cúpulas aplauden, no hay presión técnica para corregir el rumbo. Como el ahorra- dor se cree seguro, no busca alternativas. Y como el gobierno llama estabilidad a su propio estancamiento, el discurso oficial sustituye al análisis económico. Lo que México necesita no son más pla- nes. Necesita lo opuesto a lo que se está haciendo. Menos discrecionalidad fiscal, menos terrorismo regulatorio y menos in- tervención política en el Poder Judicial. Necesita certeza jurídica real, apertura co- mercial activa, garantías firmes a la pro- piedad privada, mercados libres operan- do con previsibilidad. Necesita un Estado que entienda que su papel no es dirigir la economía, sino sostener las reglas bajo las cuales la economía puede crecer. Y necesi- ta reconocer, con honestidad técnica y po- lítica, que llevamos veinticinco años yendo en la dirección contraria. Mientras eso no ocurra, el diagnóstico se mantiene. México no está en crisis. Está peor. Está atrapado en una quietud dis- frazada de estabilidad que se ha vuelto su condición permanente. Y cada año que pasa sin enfrentar esa realidad es un año más de patrimonio na- cional que se erosiona, de talento que emigra, de capital que busca refugio fue- ra, y de ciudadanos que terminan traba- jando más y produciendo menos. Esa es la verdadera crisis. La que no aparece en los titulares. La que casi nadie quiere ver.
promedio se duerme en una falsa sensa- ción de seguridad. Y ese ahorrador es la víctima silenciosa de todo este esquema. La tasa de Cetes a 28 días cerró esta se- mana cerca del 6.5 por ciento. Probable- mente caerá más en las próximas subastas. Millones de mexicanos creen estar hacien- do lo correcto al refugiar su capital en ins- trumentos gubernamentales de corto pla- zo. Confían en una premisa que ya no se sostiene: que mientras el dólar no suba, su dinero está seguro. Esa premisa fue cier- ta bajo un régimen cambiario fijo. Hoy,
por hora trabajada que en el año 2000. Veinticinco años de trabajo nacional y el re- sultado neto, en términos de eficiencia pro- ductiva, es negativo. Los datos son públi- cos, oficiales, bien conocidos, y la semana pasada fueron vueltos a poner en la palestra pública por Santiago Levy, expresidente del Banco Interamericano de Desarrollo, durante la reunión nacional de consejeros de BBVA. Eso, en cualquier país serio, sería una emer- gencia nacional. Aquí pasa desapercibido. Los números acompañan el diagnóstico. Entre el año 2000 y 2018, México creció en promedio 1.9% anual. Entre 2018 y 2025, ese promedio cayó a 1.1 por ciento. En el primer trimestre de este año, la economía decreció 0.8% respecto al trimestre ante- rior. El crecimiento promedio se redujo a la mitad bajo la administración de la Cuar- ta Transformación, y cayó mientras la deu- da pública aumentaba más rápido que en cualquier sexenio anterior. Esa es la frase que importa. Crecemos menos y debemos más. El multiplicador que antes generaba la expansión del crédito público hoy ya no genera nada. Cada peso de deuda nueva produce menos riqueza que el peso an- terior. Es la definición técnica de un país que se está comiendo su futuro para sos- tener su presente. El gobierno tiene un nombre para esto: lo llama estabilidad. Yo lo llamo lo que es: es- tancamiento. Y no es lo mismo. La estabilidad implica una economía que se mantiene firme mientras genera con- diciones para crecer. El estancamiento es lo contrario. Es una economía que no se mueve, que no avanza, que pierde produc- tividad año tras año mientras el discurso oficial vende quietud como virtud. La di- ferencia entre ambas no es semántica. Es la diferencia entre un país que se prepara para prosperar y uno que se acostumbra a
Mientras tanto, las cúpulas empresaria- les aplauden. Se anuncian nuevos planes
con un tipo de cambio flexible desde 1994 y con un dólar que tiene como objetivo de polí- tica comercial mante- nerse débil para favo- recer las exportacio- nes estadounidenses, el indicador del tipo de cambio ya no captu- ra lo que solía captu- rar. El ahorrador en Ce- tes no está protegido. Está perdiendo poder adquisitivo todos los días, mes por mes, año por año, mientras la in-
para dinamizar la inver- sión: autorización inme- diata para ramos prio- ritarios, ventanilla única de comercio exterior, re- ducción de trámites de Cofepris, decretos para fortalecer la certeza ju- rídica, permisos ener- géticos simplificados. Las grandes confedera- ciones del sector priva- do celebran cada anun- cio como si fuera la so- lución. No lo es. Y no lo es por una razón senci- lla: ningún plan econó-
• • • Está atrapado en una quietud disfrazada de estabilidad que se ha vuelto su condición permanente • • •
flación erosiona en silencio lo que tanto le costó acumular. Es un líder a medias. Tuvo la disciplina de ahorrar, pero no la educa- ción financiera para proteger ese ahorro. Y termina, sin darse cuenta, comiéndose su propio patrimonio. A todo esto se suma ahora un factor ex- terno que casi nadie está conectando con sus consecuencias económicas reales: el choque geopolítico con Washington. La administración estadounidense persigue a operadores y cómplices de organizaciones criminales mexicanas y exige cooperación judicial. La respuesta del gobierno mexi- cano oscila entre el nacionalismo retórico y la dilación. Mientras tanto, los aranceles,
mico va a mover la aguja sin certeza jurí- dica real, sin garantías a la propiedad pri- vada, sin un Poder Judicial independien- te capaz de resolver controversias entre el ciudadano y el Estado. Mientras esos tres pilares estén ausentes, el resto es marke- ting institucional. Es ahí donde el papel de las cúpulas em- presariales se vuelve, francamente, par- te del problema. Han optado por el cami- no diplomático de aplaudir todo y criticar nada. Es comprensible desde la lógica de las relaciones públicas, pero es desastroso desde la lógica del país. Cuando los gre- mios que representan al capital producti- vo renuncian a su función crítica, el gobier- no pierde el único contrapeso técnico que le exige rigor. Lo que queda es un coro de elogios mutuos mientras la productividad cae, la inversión se contrae y el ahorrador
GUILLERMO BARBA: Periodista y Economista de la Nueva Escuela Austriaca de Economía. Es autor del blog Inteligencia Financiera Global. Analista especializado en Mercados de Oro y Plata y comentarista de TV en Proyecto 40.
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