Libro Los Calatos_Alfredo Marcos

El libro Los Calatos retrata, con humor y ternura, la vida de una familia que sobrevive entre la pobreza y la imaginación, convirtiéndose en un espejo del Perú invisible. Alfredo Marcos crea personajes entrañables que, aun desnudos de posesiones, revelan la riqueza de su ironía, dignidad y resistencia. Con trazos sencillos, mezcla caricatura y realidad para mostrar cómo la miseria puede transformarse en risa y sabiduría popular. El prólogo de Guillermo Thorndike resalta la universalidad de estos seres, que trascienden lo local para convertirse en símbolo colectivo. Los Calatos es, en definitiva, una crónica ilustrada de la esperanza, donde hasta los más pobres se afirman felices en su propio “país de las maravillas”.

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Mi agradecimiento a Carla Marcos Arteaga, sin cuyo esfuerzo y dedicación no hubiera sido posible este libro.

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“Había una vez, en un país de historias fantásticas unos ciudadanos como tantos, olvidados a su suerte, desalojados de las posibilidades, abandonados en medio de un mar de indiferencia. Unos peruanos que se prendieron de la risa para vivir en una familia calata... que miraba desde la desilusión, nostálgicos, alegres, habladores. Filósofos sin los calzoncillos puestos de la prudencia, los Calatos parecen condenados a su lata y a una esquina, pero no, tienen la amargura de la frustración y la serenidad de los que han andado entre los matices de la vida. Desde su pasividad lanzan frases al tiempo, ese que se lleva todo. Es posible que alguien los escuche, quizá, ellos mismos.”

Alfredo Marcos

Los Calatos en el país de las maravillas.

La otra historia no debía ser revelada. No por el momento. Pobre todavía, vergonzante, tenía viva la esperanza de ser otra vez el antiguo, puntual, cumplidor de sus deberes como supervisor de fábrica y como ciudadano, dueño de tarjetas de crédito y dos cuentas de ahorro; uno de esos raros conservadores progresistas con hábitos de clase media y camiseta popular debajo del cuello honrado y de pocas corbatas. Allá por 1980 empezaban a reducir planillas y a cerrar empresas textiles, en lo que este infortunado peruano había trabajado desde su juventud. Primero perdió parte de su sueldo. Aún lo protegía el patrón. Entonces se le ocurrió unirse a una protesta de obreros y simplemente lo echaron. No estaba del todo en la calle. Tenía un escarabajo, uno de esos heroicos VW originales de Alemania, en el que se inició como taxista. Mientras se le abrillantaban los fundillos, su señora cocinaba meriendas obreras y atendía a sus hijos, pequeñitos y vivaces, una pequeña tribu dedicada a la supervivencia a pesar del continuado desastre nacional y de la ruina progresiva de sus pertenencias, del pobre carromato descachalandrado sin remedio, de las llantas sin cocada, de los cables eléctricos cruzados, de las mañanas frías con el motor sin arrancar, de los cachuelos impagos, de las ollas viejas y cada vez más vacías y abolladas, de los cortes de luz y los alquileres impagos, y, el último desastre, aquella maldita enfermedad que se llevó sus últimos bienes, pequeños tesoros guardados en una cómoda familiar, después de lo cual no quedó otro escape que irse a vivir

en unos cerros, a la vista de Lima, en un pueblo joven al que llamaban Maravillas, como la vieja portada de los Barrios Altos, sólo que era un lugar escarpado y árido, con casuchas dispersas, sombrajos de cartón, palos y plástico invernal. Se hubiese visto a esta familia y habría sorprendido a quienes la conocieron después, ni siquiera en andrajos, de larga pelambre y un perro fiel (mientras un hueso o una hembra no lo arrastrara en dirección opuesta). Sorpresa doble, porque antes vestían harapos, calzones agujereados y un saco que había sido de un traje a rayas, y después se les veía calatos, con las vergüenzas transformadas en adornos naturales, como un clavel en el ojal o una corbata de carne, en su sitio, bien anudada. Como otros habitantes del mundo desmoronado y aterido de la pobreza, esta familia se defendía con su buen humor, su perspicacia para observar a los poderosos, y, sobre todo, con su habilidad para sacar provecho de las sobras de la vida, nunca del plato de fondo. Por esa época, primer año del segundo régimen belaundista, con Ulloa de ministro, mientras se producía una alegre invasión de gaseosas en lata traídas de Estados Unidos y se hacía la estupenda primavera del consumo sin fronteras, el pobre que iba quedándose calato consiguió disimulada ocupación con un joven humorista en ascenso, en muchos aspectos incomprendido, que entre una y otra caricatura política se interesó por visitar el llamado país de las maravillas, donde la familia de calatos se había establecido, la señora a medias desdentada después de sus embarazos, los pechos muy grandes, las nalgas gordas y a la vez angostas; los niños

siempre pequeñitos, pues no podían crecer así, sin leche ni proteínas; y el padre atribulado, entre la ironía y la exasperación, pobre todas las mañanas de su vida, y, pese a tantísima miseria, risueño y mordaz, repleto de ácida verdad, perpetuamente desconfiado. No estamos autorizados a describir la mutación que también hubo de afectar al humorista, que a todos nos cambia la vida, y es preciso explicar que no son la misma persona sino dos bien definidos y distintos, uno pobrísimo (el personaje), otro industrioso y en creciente prosperidad (el autor), pese a que a veces los papeles amenazan invertirse, no en lo referente a la buena o mala fortuna sino en cuanto a la autoría, pues el Calato jura que ha inventado al humorista y el humorista parece sentirse influido por el personaje. A decir verdad, el Calato es un hombre noble, alegre, generoso, irónico y desconfiado. Dice verdades en pocas palabras. Y camina, camina siempre por la ciudad que no le pertenece, con sus mechas de pelo y sus muelas vacías, lleno de ilusiones, a veces dia logando con sus hijos, dueños de inevitable sabiduría (no sólo de tanto vivir en lo duro del mundo sino también por su verdadera edad, no menos de treinta años que han cumplido sobre el papel), a veces conversando con la esposa, intacta ella y feliz, burlona, práctica y realista, que ve al Calato como un soñador impenitente. Aunque el Perú se nos presente con complejidad en aumento, alcanza cierta simplicidad final en estas vidas lineales, abiertas al ojo público, como una

instantánea, un retrato al paso en el que todos nos podríamos reconocer. Pues el Perú esta hecho de sobrevivientes. En verdad somos una gran suma de calatos y calatitos precoces, gente vivaz que no se da por vencida, que ríe y ama y suspira su tristeza sin maldecir a su propio destino ni dejarse arrollar por la adversidad. Una mirada retrospectiva a estos personajes confirma que los episodios cotidianos son parte de un relato ininterrumpido desde hace treinta y cinco años. Parece y es una novela y los más fieles lectores, de evidente longevidad, recuerdan episodios antiguos y personajes secundarios, excepcionalmente tomados de la realidad (Alfonso Barrantes, el querido Frijolito, fue varias veces huésped de los Calatos, lo mismo que presidentes y otra gente notable) o tan verdaderos y a la vez fantásticos. Si las Pitucas son francamente “fellinescas”, los Calatos existen con la sencillez que exige su situación en el universo. No sobran líneas y el paisaje suele estar resumido en una insinuación, el anuncio de otras formas. Seguramente sería más fácil llenar el espacio de los Calatos con sitios y situaciones realistas, dibujos cuantiosos. Nunca han necesitado más de lo que tienen para existir en su pobreza, conectados al mundo más bien por la intuición y la imaginación. Y es que ahí, en el cerro de las fantasías, se puede ver televisión enchufada a una vela y el mejor techo son esas noches imposibles, tachonadas de estrellas, que a veces el Calato y su esposa se tienden a mirar mientras se hacen preguntas sobre Dios y el universo.

pobrísimos son felices en su país de las maravillas. Felicidad que, gracias a Dios, nos llega a todos sus lectores.

Ambos existen, además, entre el silencio y la palabra a raudales. El autor es un maestro del humor mudo, cuando quiere. Y maneja los diálogos de sus personajes con la soltura del novelista que, año tras año, entrega nuevos títulos a una saga convertida en costumbre, que ilumina las mañanas de un público demasiado numeroso para ser calculado. Va el Calato de sí mismo a más allá, a darse encuentro con otras miradas, sin nombre, a verse en otras gentes, a existir en ese público para el que es una entidad real, alguien que toma carne y hueso de los lectores para volver a sí, cambiado por la experiencia y a ser guardado en la memoria colectiva. Contagio de humanidad, esta visita repetida a los ojos de la gente. También una confirmación de su esencia y vitalidad. Es a la vez un personaje de caricatura y una persona de lo real y cotidiano. A veces provoca creer que este y otros personajes son una suerte de otro yo del autor, componentes de Alfredo Marcos, pues resultan demasiado auténticos para ser inventados. Sobre todo el Calato y su familia, entre sí unidos por una ternura extraordinaria. Autor y su obra son intensamente populares, peruanos, de multitud. Creemos que estos Calatos de la fantasía no podrían existir desarraigados, lejos de su tierra y sus ficticias desventuras pues cualquier distancia sería un arrancamiento del alma. La verdad es que ante el humor de Alfredo Marcos, una veces de sonrisa, otras de reflexión y otras de carcajada, las palabras sobran. Sólo queda decir que hasta los pobres

Guillermo Thorndike

________________________________________ CRÉDITOS DEL LIBRO Título: Los Calatos Los Calatos Autor: Alfredo Marcos Alfredo Marcos Ilustraciones: Alfredo Marcos Alfredo Marcos Prólogo/Introducción: Guillermo Thorndike Edición y corrección: Carlos Andres Umaña González Diseño de portada y maquetación: Carlos Alberto Ugaz Infante Impreso en: [País/Ciudad de impresión] Distribución: [Nombre de la distribuidora] Derechos reservados: © [Año] - [Nombre del autor o editorial]. Prohibida la reproducción total o parcial sin autorización escrita. Contacto: 999175642 extranjero 00199175642 [Correo electrónico / Sitio web del autor o editorial] Publicado por: [Editorial] Año de publicación: 2025 ISBN: [Número de ISBN, si existe]

Título: Los Calatos Autor: Alfredo Marcos Alfredo Marcos Edición especial: Agradecimientos: A Miguel Angel y Javier Gonzales

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DESNUDOS, A SU SUERTE, LOS CALATOS SE BUSCAN LA VIDA DESDE QUE SALE EL SOL.

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NO HAY EN LOS CALATOS VIOLENCIA IDEOLÓGICA

PERO SÍ EL DESEO DE VIVIR EN OTRA REALIDAD.

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A PESAR DE SUS PESARES, LOS CALATOS

SON SERES QUE BUSCAN OTRA

SALIDA Y EN ESA BÚSQUEDA, UN MUNDO MÁS JUSTO...

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