RevistaAOA_54

Las familias que llegan a estos conjuntos habitacionales se encuentran frecuentemente con una paradoja cruel: han salido de un campamento con precariedad material, pero han ingresado a un entorno con precariedad urbana de otro tipo. El establecimiento educacional más cercano puede quedar a cuarenta minutos de caminata cuesta arriba. El consultorio, en el plan. La farmacia, en otra ladera. El transporte público, si existe, llega con frecuencias incompatibles con los horarios laborales. Y el comercio cotidiano –la feria, el almacén de barrio, la peluquería– tarda años en instalarse, cuando lo hace. La vivienda sin ciudad no es solución habitacional: es desplazamiento con techo. Cambiar de precariedad mate- rial por precariedad urbana no resuelve la vulnerabilidad; la transforma. Este fenómeno significa la ruptura de la vecindad. Las co- munidades que habitaban los campamentos o los barrios de origen no solo perdían una vivienda; perdían una red cultural barrial. Cuando estas familias son relocalizadas hacia conjun- tos habitacionales distantes, esa trama social se desarma. La nueva vivienda llega sola, sin el tejido barrial. La geografía de Valparaíso hace este problema especial- mente agudo. Los cerros no son lotes planos donde se pueda replicar la manzana del plan: son territorios con pendientes extremas, quebradas, accesos únicos y microclimas propios. Construir en ellos exige no solo ingeniería estructural adap- tada, sino una planificación integral que considere desde el inicio la dotación de equipamiento básico, la conectividad peatonal y vehicular, y la relación del conjunto con el barrio preexistente. Cuando estos elementos se dejan para una segunda etapa que rara vez llega, el conjunto habitacional

terior no utilizó: eliminar inhabilidades, asignar viviendas por compra pública, usar los subsidios nominados y alinear todos los programas de emergencia. Añadió que, dado que las viviendas ya cuentan con permisos, no sería necesario tramitar nuevas autorizaciones. En abril de este año, el ministro presentó una carta Gantt con el cronograma de reconstrucción para el sector El Olivar en Viña del Mar, comprometiendo la construcción de 800 viviendas entre junio y diciembre de este año, incluyendo a personas declaradas inhábiles y quienes no cuentan con proyecto asignado. La seremi de Vivienda reconoció que “cerrar completa- mente un proceso de reconstrucción en 15 meses es bastante complejo”, recordando que aún se está finalizando la recons- trucción de los daños causados por incendios de 2010 y 2014.

W Vista general de los cerros de Valparaíso al atardecer.

La construcción de la ciudad en los cerros

Uno de los problemas más estructurales de la política habita- cional en Valparaíso es la disociación entre la localización de la vivienda y la provisión de equipamiento e infraestructura que la haga habitable en términos urbanos reales. La lógica predominante es conocida: el Estado construye donde hay suelo disponible y accesible económicamente, que en Val- paraíso casi siempre significa los cerros más alejados, las segundas y terceras líneas de altura, las quebradas de difícil acceso. El resultado es una vivienda que existe como objeto arquitectónico pero que no logra integrarse a la ciudad como hecho urbano.

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AOA / n°54

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