Luego estuviste en Europa. Me fui un mes de vacaciones a Francia. Y cuando fui a visitar a Bjorn, hermano de Saga, me comentó que se había comprado un barco de 40 × 5 metros y quería hacer su taller de escultura y su casa. Empecé a darle ideas y me dijo: “¿Por qué no te quedas y lo hacemos?” Yo estaba viajando con 2 grandes amigos con quienes finalmente nos instalamos en Francia por varios años, llevando la intervención de este barco junto a Hermann y Sebastián. Luego conocí a Elisa (Assler), mi pareja en Barcelona donde volví a estudiar. ¿Cómo fue tu experiencia como alumno en la Politécnica de Cataluña? En un comienzo no fue fácil. Una vez en Barcelona conocí a Cristóbal Molina, quien me comentó por primera vez de la línea del doctorado LA FORMA MODERNA, dirigida por Helio Piñón. Podría haber optado por el taller Josep Quetglas, donde quizás habría encajado mejor, pero tenía una gran inquietud por el diseño, detalle constructivo en la arquitectura, y ese
era el taller de Helio y Teresa Rovira. Pero luego llego el día de la primera entrega y Helio me destruyó… “¡Qué es esto!”. La palabra ‘idea’ estaba vetada en su curso, pues entonces dejé todo de lado y me dediqué a estudiar. Estuve un año encerrado en la biblioteca del COAC y de la ETSAB, (completamente recomendables). Luego de cuatro años ya me encontraba re-formateado en ARQUITECTURA MODERNA. ¿Qué diferencias trascendentales había entre la enseñanza de Piñón y lo que habías experimentado en la PUCV? En la PUCV es siempre importante la observación acom- pañada del croquis, como método de estudio y creación. En el taller de Helio Piñón lo relevante era el detalle constructivo. Para resolver la planta de un proyecto no te daba más de 3 horas. Y luego su curso de MIRADAS INTENSIVAS, salir a la ciudad a fotografiar en blanco y negro y comprender así los rasgos, las líneas de cada proyecto, su composición. Em- piezas a afinar el ojo y te das cuenta de que la arquitectura también está ahí.
W Patio central proyecto condominio Magnolio, Cerro Alegre. Obra nueva en fachada continua, donde se apuesta por la verticalidad de los elementos y hay un diálogo con la ventana guillotina con contrapesos, un elemento propio de la ciudad porteña.
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Arquitecto invitado
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